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Sebastián Arroyo “In Memoriam”

Sebastian ArroyoCuando Sebastián Arroyo iba de camino con su príncipe Leopoldo hacia la ilustrísima villa de Bañosdecarlos para tocar junto a otros músicos, ignoraba que un mes más tarde, a su vuelta a casa en Fortaleza de Cocén, su esposa, Bárbara, yacería muerta y enterrada a los 36 años de edad. La noticia le cayó como repentino plomo de campana que se desploma al vuelo con ruido sordo y desgarrador. Era el verano de 1720 y “Sebas”, como le llamaban cariñosamente familiares y amigos, se quedó viudo y con cuatro hijos de edades comprendidas entre los cinco y once años. Aquella muerte había sido tan repentina como inexplicable. No era, empero, la primera vez que le tocaba sufrir la pérdida de seres queridos. Durante los trece bienaventurados años de matrimonio, Bárbara y Sebas habían perdido a dos mellizos y a otro a hijo más. ¿Quién le iba a decir entonces a Sebas que sobreviviría a su primera mujer treinta años más? Un año y medio después de aquel doloroso verano, Sebastián se casó con Ana, quien le daría trece hijos más y lo acompañaría hasta su muerte, ya ciego, el 28 de julio de 1750.

Sebastián era un músico prodigioso, de oído fino, manos habilidosas y pies veloces que embrujaban a cualquiera que lo viera improvisar al órgano. La música corría en las venas de los Arroyo desde hacía muchísimos años y aún correría casi un siglo más hasta la muerte, en 1845, de su nieto Federico, nacido nueve años después de la muerte de su abuelo. Fue entonces cuando las aguas musicales de los Arroyo se extinguieron para siempre, aunque no en la eternidad, porque quiso la humanidad que la música de aquel genio fuera eterna y que, hoy y siempre, nos acompañase.

Ninguna lápida ni señal alguna indican el lugar de reposo final de Sebastián Arroyo. El día de su funeral, el 31 de julio de 1750, apareció una curiosa noticia anónima en una gacetilla:

El famoso Musicus don Sebastian Arroyo falleció el pasado martes día 28, a la edad de sesenta y seis años, habiendo fracasado rotundamente la intervención practicada por el reconocido oculista Juan Sastre y por las desgraciadas secuelas de la misma. La pérdida de ese hombre excepcionalmente capaz ha causado gran pesar en todos los verdaderos entendidos en música.

El calificativo latino de Musicus lo designa no como un mero ejecutante para cualquier evento ad hoc, sino como poseedor del más profundo conocimiento de la música y, hasta su mismo final, en búsqueda constante de la verdad: un verdadero estudioso de la música, un sabio.

Aviso para navegantes:

  • En alemán “Bach” significa “arroyo”.
  • Johann Sebastian Bach era como conocido como “Sebi”, diminutivo de Sebastián, en su círculo familiar.
  • “Bañosdecarlos” es la traducción que he hecho de la ciudad alemana de Karlsbad. Asimismo, Fortaleza de Cocén es mi traducción de la corte de Anhalt-Köthen, lugar en el que Johann Sebastian Bach sirvió como maestro de capilla del príncipe Leopold. Al parecer, la palabra “Anhalt” en alemán antiguo designa a un castillo-fortaleza (Fluchtburg).
  • María Bárbara Bach fue la primera esposa de Johann Sebastian Bach; Ana Magdalena Bach, la segunda.
  • Wilhelm Friedrich Ernst Bach, “Federico”, fue el nieto de Bach con quien se extinguió en 1845 la estirpe de compositores de la familia Bach.
  • Juan Sastre, el “reconocido oculista” es en realidad la traducción del infame charlatán inglés “John Taylor” que operó a Bach provocándole la muerte; curiosamente, fue este mismo pseudo cirujano quien operó años más tarde al también músico George Friedrich Haendel, provocándole igualmente la muerte. Así, Haendel y Bach comparten año de nacimiento, 1685, y “verdugo” accidental.

Michael Thallium

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