Categorías



Thallium Vitae

Pentágono mente Michael ThalliumDe pequeño quería ser director de orquesta, un buen esposo y un buen padre. Estudié música, pero no terminé la carrera de piano. Tampoco terminé los estudios de telecomunicaciones ni de físicas, carreras en las que me matriculé por amor y desamor, respectivamente, a esa misma mujer. Aprendí alemán para marcharme y olvidarme de ella. Luego estudié traducción e interpretación y aprendí más idiomas. Mi vida ha sido una fantástica exploración del ser… Y lo que aún me queda.

He pasado muchos años de mi vida viajando a temporadas por muchos países y continentes, surcando mares, volando cielos por todo el mundo. He dado la vuelta al mundo. He desarrollado actividades profesionales muy variopintas que requerían buenas dosis de capacidad negociadora y comunicativa: traductor intérprete, asesor lingüístico, animador turístico, au pair, relaciones públicas, asistente de director de crucero, cantante y músico ocasional, guía, organizador de excursiones por Indonesia y Australia, comercial de hoteles por Europa, coordinador de grupos, director de hotel en cruceros… Todas ellas tenían algo en común: adaptación a las distintas formas de ver el mundo, a los distintos observadores que somos. En definitiva, todas requerían una gran habilidad para la negociación, para las relaciones interpersonales, para la comunicación humana.

Buena parte de estos años los he pasado conviviendo y trabajando en equipos de entre 20 a 50 nacionalidades distintas. Ateos, agnósticos, cristianos, musulmanes, budistas, judíos, sintoístas… En julio de 2008, decidí parar mi última actividad en cruceros para dedicarme a lo que me apasiona: el coaching, las lenguas, la comunicación, la música y la mundialización. Creo firmemente en el potencial humano y en nuestro poder de elección, de elegir proactivamente qué respuesta dar ante cualquier situación.

En 2003, di con un libro de Talane Miedaner titulado Coaching para el éxito. Puse así nombre a algo que yo venía haciendo intuitivamente desde hacía años, a esa particular forma de entender las relaciones personales y profesionales. Esa fue la hebra de la que fui tirando (aún sigo “desenhebrando”) en el tejido de lo que quienes se dedicaban a ello llamaban coaching. Entonces, como autodidacto, leí a John Whitmore, después a Stephen R. Covey, Iris & Manfred Schwarz, Ralf Senftleben, Timothy Gallwey, Edward Deming, Rafael Echeverría, Leonardo Wolk, Robert Dilts, Peter F. Drucker, José Antonio Marina, Jim Collins, Joseph Grenny, a Edward de Bono entre otros muchos. Todos ellos hablan de éxito y consecución de metas. Yo añado “dicha”, palabra que me encanta por lo mítico de su origen: aquellas palabras pronunciadas, “dichas”, según la creencia pagana, por los dioses al nacer el niño… o la niña.

En julio de 2008, navegando desde Nueva Caledonia hasta Singapur, hice un experimento. Convoqué a los tripulantes del departamento de hotel, principalmente asiáticos, unos 100, que perderían el empleo al llegar a Singapur. Les propuse hacer un seminario de coaching durante nueve días. La asistencia no era obligatoria para nadie. Pensé que el primer día del cursillo acudirían todos para curiosear pero que, a partir del segundo, la afluencia disminuiría drásticamente… Para mi sorpresa, la asistencia al cursillo fue del 110% (se corrió la voz y acudieron más de los convocados). Entonces, comprendí que lo que me llenaba realmente era comunicar, dejar un pequeño legado y vivir despertando el potencial humano. Hago mías las cuatro “ces” de la vida: creer, crear, comunicar y convivir. Stephen R. Covey utilizaría las cuatro “eles” en inglés: live, love, learn and leave a legacy.

Michael Thallium es licenciado en traducción e interpretación (español/inglés/alemán) por la UAX. Actualmente escribe una tesis doctoral sobre coaching, comunicación y mundialización en la URJC. Es coach certificado por el Instituto Internacional OlaCoach asociado a ICF.