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El Indecente

ManifestaciónIndecente. Esa fue la palabra que no dijo, aunque sí se sirvió de su definición, «no ser decente», para endilgarle a su adversario político un tanto que, a la postre, no le dio el rédito electoral que esperaba, porque perdió las elecciones y, meses más tarde, tuvo que dimitir del cargo de secretario general de su partido. Pero aquella noche de finales de 2015, en un debate televisado para todo un país, el joven y limpio aspirante a presidente de gobierno le metió con calzador el zapato de la honradez a quien tenía sentado al otro lado de la mesa: «Si usted sigue siendo Presidente del Gobierno el coste para nuestra democracia y para la institución que usted quiere representar es enorme, porque el Presidente del Gobierno tiene que ser una persona decente y usted no lo es». Recuerdo que cuando, desde mi casa, le oí decir aquello, pensé que el zapatero que había ornado esa frase para contentar al electorado afín, había firmado la muerte política de quien la espetó. Eso es lo que ocurre cuando se hace política a golpe de inmediatez de redes sociales. Un pensamiento se me cruzó por la cabeza: esta es su muerte política —ignoraba, claro está, la poderosa fe en la resurrección. El adversario, mayor y más experimentado que el aspirante, aunque mantuvo el temple, le respondió con unas palabras premonitorias: «He sido un político honrado, como mínimo tan honrado como usted. No olvide lo que le voy a decir ahora, Sr. Candidato. Usted es joven. Usted va a perder estas elecciones. Y por esto que ha dicho no va a ganar usted estas elecciones. De eso se puede recuperar uno, de una pérdida electoral. De lo que no se puede recuperar uno es de la afirmación ruin, mezquina y miserable que ha hecho usted hoy aquí. De eso no se va a recuperar usted nunca».

El asunto es que, en un alarde de resistencia —amén de carambolas vitales y políticas—, en menos de cinco años, el aspirante resucitó, regresó a la política e incluso llegó a ser Presidente de la nación. Ya tenía lo que quería: el poder. La ocasión la pintaban calva. Sin embargo, el azar y la Naturaleza, que piensa mucho más rápidamente que el ser humano, lo puso en 2020 ante el espejo de la decencia recetándole la medicina que cinco años antes había prescrito a su adversario. La liza política estaba en saber quién era más feminista, más progresista, más plurinacionalista, más populista… Sin embargo, como por ensalmo, apareció un virus con corona que reinó sobre muchas democracias del mundo y se cebó con la del Resistente Resucitado. Mientras el virus iba proclamando su absolutismo sentenciando a muerte indiscriminadamente a sus súbditos, el Gabinete del Gobierno —especialmente el Presidente, un Vicepresidente y una de las ministras— alentaba contumazmente, por razones meramente políticas, a que, un domingo de marzo de 2020, millones de mujeres se concentraran para manifestar su libertad y feminismo. No pasaba nada. El virus no era tan malo. Justo un día después de esa manifestación, el Presidente Resistente Resucitado, proclama un toque de queda que confina a millones de personas en sus casas: el virus es muy malo, tiene corona. Luego, el virus se extendió y mató a más de 5.000 personas en menos de lo que canta un gallo… y siguió sentenciando a muerte a quien le dio la real gana.

El Presidente Resistente Resucitado tenía el poder y había tenido los datos, las estadísticas y los avisos de las Instituciones Internacionales de Salud que, claramente, decían que había que evitar las aglomeraciones de personas y promover el aislamiento social… La Naturaleza pertinaz puso al Presidente —junto a alguno de sus secuaces de Gabinete— frente al espejo de la decencia. Muchas personas tuvieron que acudir al diccionario para refrescar el significado de la decencia. Fue entonces cuando un pensamiento cobró para mí todo el sentido del Universo: «Sr. Presidente, no olvide lo que le voy a decir ahora. Ignoro si esta afirmación es ruin, mezquina y miserable, pero si usted sigue siendo Presidente del Gobierno el coste para nuestra democracia y para la institución que usted representa será enorme, porque el Presidente del Gobierno tiene que ser una persona decente y usted, a la vista de lo ocurrido, no lo es. Eso tiene un nombre: indecente».

P.S.: El gran misterio fue que la imagen del Indecente nunca se reflejó ante el espejo de la decencia. Resistió, resucitó y regresó. Jamás se supo si se cumplieron las palabras de quien fuera su adversario político: «De esto no se va a recuperar usted nunca».

Michael Thallium

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No, la lectura no te hace mejor persona

librosNo, la lectura no te hace mejor persona. Mi vida ha estado llena de viajes y libros, pero eso no me ha hecho mejor persona. También ha estado repleta —aunque no completa— de música. Llevo muchos años ya fomentando la lectura, divulgando la música y compartiendo el mucho o poco —seguramente ínfimo— conocimiento que tengo. He vivido y me ha tocado gestionar situaciones de emergencia en mis años de barcos de crucero o expediciones. Una de mis frases era: «Un barco es un reflejo de lo que ocurre en el mundo, un mundo en pequeño; la diferencia está en que, en un barco, todo el mundo cobra su sueldo a fin de mes». Sí, los barcos se hunden, pero es muy difícil que eso ocurra…

Otra de las frases que me han acompañado buena parte de mi vida es: ¿Por qué la gente no leerá más? Hubo un tiempo en que mi respuesta fue: «Es normal que la gente no lea; la vida que lleva, la falta de tiempo, los quehaceres familiares, las ocupaciones de todo tipo, no se lo permiten». Pues bien, resulta que ahora en marzo de 2020 ocurre una situación en el mundo que puede dar respuesta a esa pregunta. Una partícula microscópica —una toxina, un veneno invisible— ha hecho que millones de personas nos quedemos confinadas en casa, que nos quedemos sin trabajo remunerado y que, quizás, así tengamos más tiempo para leer. ¿Leerá la gente más libros? Mi opinión es que no. La lectura, amén de tiempo, requiere un esfuerzo intelectual considerable y, en los últimos años, he llegado a pensar que más que un hábito es una actitud y quién sabe si también una aptitud. Total: leer tampoco nos va a hacer mejores personas. Entonces, ¿para qué fomentar la lectura? Para discernir. El discernimiento lleva al pensamiento crítico —que no criticón ni querulante— y ese es el que en las situaciones de emergencia que viví en barcos me salvó la vida. Así pues, leed para salvar la vida, aunque eso os lleve muchos años de esfuerzo.

P. S.: Cámbiese la palabra ‘lectura’ por ‘música’ y el resultado viene a ser el mismo (pero eso es ya otra historia).

Michael Thallium

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Carta breve a Miguel d’Ors

Miguel d'Ors - Poesías completas

Estimado Miguel:

No nos conocemos en persona y yo solo a ti por algunos de tus poemas que estos días leo. Discúlpame por el tuteo que me tomo la libertad de emplear al escribirte: quizás porque naciste el mismo año que mi padre, me tomo esa licencia. Supe de ti al leer en algún muro de Facebook que se había publicado un libro con todas tus poesías en la editorial Renacimiento. Hasta entonces, es decir, hasta hace un mes, discúlpame —ahora por segunda vez; uno es pertinaz en el yerro— jamás había oído hablar de ti, y si alguna vez antes oí tu nombre, ni me acuerdo. Sin embargo, en cuanto leí los primeros poemas del libro de marras, descubrí a un gran escritor, que resulta ser grandísimo poeta. Tanto es así que al empezar la lectura de tus Poesías completas 2019, dejé de leer otras de otro libro de poesías completas de otro poeta, Manuel Machado, también publicado en Renacimiento. No habitúo a leer poesía, aunque sí que he leído la poesía completa de Gerardo Diego, algunos poemas de Leopoldo Panero, Agustín de Foxá, César Vallejo, Borges y alguno que otro suelto de otros poetas. No soy lector habitual de poesía. Hecha esta aclaración de mi ignorancia poética, al leerte, no he podido dejar de pensar que eres el mejor poeta en español que conozco —no en persona, obvio es—. Soy consciente de que eso de «mejor» no incumbe a la poesía y que, quizás, me esté dejando llevar por el deslumbramiento con que leo hoy tus poemas, pero es este el pensamiento sincero que con igual sinceridad ahora expreso. Imagino que son muchas las personas que ya te lo habrán dicho y, seguramente, con muchos más y bien razonados argumentos. En cualquier caso, lo importante para mí es que leyendo tus versos me conmuevo y disfruto. Ha sido pura casualidad que empezara a leer tus poemas en los tiempos de este virus con corona que azota a tantos países ya. Tus palabras, esa poesía tuya, es mi particular medicina en estos tiempos en que la ignorancia es el peor y más pernicioso de los virus. ¿Pero es que hubo alguna época en que no lo fuera?

Hace bastantes años, le escribí una atrevida nota a Francisco Ayala, porque quería conocerlo en persona. Ignoro si la nota le llegó o la leyó. Él murió y yo nunca obtuve respuesta. Esta fue la nota:

Madrid, 15 de julio de 2005

Apreciado Sr. Ayala:

Disculpe mi atrevimiento. Tengo 33 años. Yaser Arafat ha muerto, el Papa ha muerto… Desearía conocerle en persona antes de que aparezca en la prensa la noticia de su fallecimiento. A mi atrevimiento añada la impertinencia con que le expreso ese deseo.

Me sentiría muy honrado de poder conversar con usted y mantener una pequeña entrevista para contarle mi breve historia y, más enriquecedor, escucharle.

Con respeto y admiración,

Michael Thallium
Aprendiz de escritor

Pues bien, aquí te escribo esta nota para ti. El «tuteo» que me he permitido no desmerece el respeto y admiración que tu poesía me inspira:

Móstoles, 12 de marzo de 2020

Apreciado Miguel:

Disculpa mi atrevimiento. Tengo 47 años. George Steiner ha muerto, José Jiménez Lozano ha muerto… Desearía conocerte en persona antes de que aparezca en la prensa o en algún muro de Facebook o en algún twit perdido la noticia de tu fallecimiento. A mi atrevimiento añade la impertinencia con que te expreso este deseo.

Me sentiría muy honrado de poder conversar contigo y mantener una pequeña entrevista para contarnos nuestros breves pasos por la Tierra y, más enriquecedor, escucharte.

Con respeto y admiración,

Michael Thallium
Aprendiz de muchos, maestro de nadie

Me despido de ti con uno de tus versos, por si el destino quiere que jamás nos conozcamos (imagina que lo digo en voz alta cuando algún día lea la noticia de tu deceso):

Se fue, pero qué forma de quedarse.

Treinta años de un artista – 30 años de Mikhail Pochekin

MishaTreinta años de un artista. Quizás no sean los treinta de un violinista, porque el violín le llegó cuatro años más tarde en la vida, pero sí que son ya treinta años del artista, de un grandísimo artista. Así lo parió en Moscú su madre Elena Pochekina un 9 de marzo de 1990.

Mikhail Pochekin nació en el seno de una familia de músicos. Su padre, Yuri Pochekin, violinista y lutier de reconocido prestigio internacional; su madre, Elena, violinista y pedagoga; su hermano, Ivan Pochekin, tres años mayor que él, violinista y violista. Mikhail, a quien su familia y amigos más cercanos llaman Misha, creció admirando a su hermano Iván y quizás fuera esa la razón que le llevó a aprender a tocar el violín a los cuatro años. Su primera profesora fue su madre, pero pronto empezó el periplo internacional de formación con los más reputados profesores del mundo en escuelas y conservatorios de distintos países. También empezaron los años de intenso estudio y participación en concursos internacionales de violín. El arte de la música corría a raudales por la sangre de Mikhail Pochekin desde muy joven.

En 1998, sus padres se mudaron a España. Así que Mikhail, además de su formación internacional, tiene también un vínculo muy especial con Madrid. Moscú lo vio nacer; Madrid lo adoptó en su seno.

Rusia, Alemania, Austria y España son países testigos de sus pasos musicales por la Tierra. En ellos, soplando brasas y a fuego lento, ha fraguado Mikhail una impresionante carrera como solista y virtuoso del violín. Aunque la admiración que siente por su hermano Iván siempre ha estado presente. Juntos, los dos hermanos han actuado en distintos escenarios de Europa y su arte se plasmó en 2017 cuando grabaron el primer álbum conjuntamente: The Pochekin Brothers – The Unity of Opposites (Los hermanos Pochekin – La unidad de los opuestos). Y es que ambos hermanos, quién lo diría, son muy distintos tanto en lo musical como en lo personal.

Teniendo en cuenta que hoy cumple 30 años, yo aparecí en la vida de Mikhail Pochekin —o él en la mía— más bien tarde; lo conocí cuando aún tenía 27, una fría y nevada mañana de febrero en Madrid. No voy a decir que soy su mejor amigo, porque eso sería faltar a la verdad: la amistad, como el hierro dulce, nace en la fragua, lentamente, con el soplo que aviva las ascuas en el camino año tras año. Me conformo con que algún día Misha encuentre en mí la amistad auténtica y sincera, esa que aviva las brasas cuando la llama se apaga y que enciende la vida.

Mikhail, el artista, el músico, el violinista, no necesita presentación, porque su calibre aquilatado solo pasa inadvertido a quien no sabe o no quiere saber; Misha, la persona, el ser humano, el amigo, es un hombre con defectos en busca del perfeccionamiento continuo, un hombre que piensa, habla y siente, un hombre que verdaderamente escucha. Y a ese hombre, cuando ustedes lo vean, cuando lo escuchen, mírenlo a los ojos, porque seguramente encontrarán a un amigo.

9 de marzo de 2020

Treinta años del artista y veintiséis del violinista.
Y no llega a tres siquiera que solo te conozco
por broma o por Scherzo del destino y de las musas.

Hay una voz dulcísima en tus dedos y una mano
que perfila movimientos de arco limpios
con fértil nitidez de gran artista y violinista.

Más allá del horizonte de las fugas, sonatas
y partitas que de Johann Sebastian Bach grabaste,
Mikhail, sonoros raudales de oro ascienden como
volutas mansas de armonías al pulsar tus dedos
las cuerdas del Pochekin que tu padre te construyó.

Junto al violín bien afinado forjas melodías
con esa paz con que tu arco a veces se desliza
por las tensas cuerdas que en tus manos son elásticas
como gomas vibrantes al rozar con lo divino.

No llega a tres siquiera, como ya he dicho, el número
de años que por Scherzo del destino y de las musas
nos conocemos, aunque ya sean treinta del artista.

Brindo entonces hoy 9 de marzo de 2020
por que compartamos el escenario de la vida
con salud al menos por otros veintiséis años más,

que en las brasas se nos fragüe la amistad de por vida
tú cargando fiel con tu violín y con la música;
y yo con mis palabras y razones siempre a cuestas.

Treinta años del artista y veintiséis del violinista.
9 de marzo de 2020, Misha Pochekin.

Michael Thallium

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Perspectiva 650.000 retomada

Hace cinco años escribí Perspectiva 650.000. El tiempo poco a poco, pero implacablementepone las cosas en el lugar que les corresponde. Al releer el texto hace unas semanas, decidí grabar una versión de viva voz que preservara lo que para mí es una acertada reflexión sobre la vida y el ser humano:

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29 de febrero: Día Mundial de las Enfermedades Raras – ACTAYS – Tay Sachs

ACTAYS Acción y cura

El día 21 de diciembre de 2019, los hermanos Pochekin dieron un concierto solidario en el Auditorio Sony de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Mikhail e Ivan Pochekin donaron la recaudación en beneficio de ACTAYS y de los niños con enfermedades neurológicas del Hospital del Niño Jesús en Madrid.

Este proyecto benéfico contó con el patrocinio de Allianz Partners España y con la colaboración de la Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRM).

ACTAYS es una asociación española que ayuda a familias con niños que padecen la enfermedad de Tay Sachs, una enfermedad rara y mortal. El 29 de febrero es el “Día Mundial de las enfermedades raras”. #RaroSeríaRendirse

En el recital se interpretaron las siguientes obras:

- Passacaglia en sol menor de Georg Friedrich Händel en una transcripción para violín y viola de Johan Halvorsen .
- Dúo para violín y viola en sol mayor KV423 de Wolfgang Amadeus Mozart.
- Asturias de Isaac Albéniz en una transcripción para violín de Mikhail Pochekin.
- Caprichos para violín solo nums. 10 y 24 de Niccolò Paganini.
- Sonata para dos violines op. 56 de Sergey Prokofiev.
- Propinas: Dúo para dos violines n.º 1 op. 49 de Reinhold Glière y Noche de Paz.

Soy Michael Thallium, en busca de la grandeza de las personas.

Michael Thallium

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Entrevista con Arturo Reverter – Beethoven: un retrato vienés

Arturo6Arturo Reverter comencé a tratarlo más de cerca hará poco menos de un año cuando pasamos un par de días juntos en la Semana de Música Religiosa de Cuenca en 2019. Antes había coincidido con él en conferencias, conciertos y acontecimientos musicales, pero no habíamos intercambiado más que corteses saludos, algún breve comentario y poco más. Ya dije en su día que Arturo es el crítico musical con más solera de España. Con su profusa barba blanca de Brahms gallego y bonachón del siglo XXI, de caballero de andanzas musicales, y con su voz grave, potente, de timbre a veces un tanto guasón, atrae la atención de toda persona que se cruza con él. Su vasta cultura general, su conocimiento de la voz humana y su larga experiencia vital lo han convertido en una rara avis de la crítica y literatura musicales. La voz de esa ‘ave poco común’ resuena aún por las ondas radiofónicas todos los domingos por la noche, y con sus vuelos líricos y piruetas graciosas ilustra a los radioyentes que fielmente, año tras año, escuchan Ars Canendi para aprender siempre algo más del arte del canto, de ese canto del que Arturo procura desvelar los misterios.

El 26 de febrero de 2020, Arturo Reverter presentó en la Residencia de Estudiantes de Madrid el libro Beethoven: un retrato vienés que ha escrito junto con la antropóloga e investigadora canadiense Victoria Stapells a quien conocí en persona aquella tarde. También esa misma tarde tuve oportunidad de conocer y charlar brevemente con Marta Lozano, editora de Tirant Lo Blanch, y con el crítico musical Santiago Salaverri, quien hizo de maestro de ceremonias durante la presentación. Un par de días antes, Arturo y yo nos reunimos en ese mismo lugar para conversar y grabar la siguiente entrevista:

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El arte de Iván Pochekin

A él primero lo conocí a través de los ojos de gato de su hermano Mikhail. No hay mejor carta de presentación que la de un hermano que te admira y te respeta. Desde aquella mañana nevada de domingo en que conocí a Mikhail, supe que el arte de Iván Pochekin habría de ser algo extraordinario. Primero fueron los comentarios de afecto, luego las grabaciones que Mikhail me prestó para que escuchara a su hermano tocar la viola y el violín. Pasó más de un año hasta que lo conocí en persona. Antes pude conocer a la madre y al padre de los dos hermanos: Elena y Yuri. Una familia en la que el arte y la música lo inundan todo. A Iván lo vi por primera vez en Madrid cuando Mikhail presentó la grabación de las seis Partitas y Sonatas de Bach para violín solo en el Ateneo. No cruzamos muchas palabras, pero Mikhail ya me había contagiado desde hacía meses esa admiración sincera que uno siente ante el artesano, ante el artista, ante el verdadero músico que no solo toca un instrumento, sino que comprende la música y la transmite con toda hondura a quien la escucha. Luego pasaron unos cuantos meses más, quizás medio año, hasta que lo vi de nuevo en Madrid. Eran las Navidades de 2019. Iván y Mikhail y yo nos habíamos embarcado en una aventura solidaria para recaudar fondos en beneficio de ACTAYS y de los niños con enfermedades neurológicas del Hospital del Niño Jesús. Los dos hermanos ofrecieron un concierto que quedará grabado en la memoria de todas las personas que asistieron aquel 21 de diciembre al Auditorio Sony de Madrid.

Luego tuve oportunidad de conocer a Iván un poco más de cerca, de darme cuenta de que en el artista también se halla una persona campechana quien, al igual que yo —y eso es algo que nos une “peligrosamente”—, disfruta del buen comer y de la conversación con una buena copa de vino. Iván es humano. Muchas veces nos deslumbra ver como un artista de la talla de Iván Pochekin desliza la mano izquierda indistintamente por el mástil del violín o de la viola con una precisión digital asombrosa mientras la mano derecha parece conjurar el arco que frota las cuerdas con movimientos de embrujo de los que brotan sonidos, desde el más horrible y desgarrador hasta el más bello y extraordinario, sin esfuerzo aparente. Ivan Pochekin combina con maestría excepcional los colores y matices de su paleta sonora para crear esos lienzos musicales al óleo de melodías que emocionan, que llegan a lo más hondo de quien las escucha. Iván convierte el escenario en taller de artesano donde se fragua la entraña del sonido y emerge la obra de arte.

Ivan Pochekin Shostakovic Es

Ahora lo último de Iván que ha llegado a mis manos y oídos es la grabación de los dos conciertos para violín de Dmitry Shostakovich. La música de Shostakovich es desgarradora, desesperanzada y en algunos momentos bella. Seguramente, llegarán musicólogos y especialistas que escriban sobre este álbum y sobre el arte de Iván Pochekin, que den su opinión y lo encumbren o desechen según el gusto de cada cual. Por lo que a mí respecta, el homenaje más sincero que puedo hacerle al artista es decir que hoy cobran todo el sentido las palabras de admiración, respeto y afecto que en su día supo transmitirme su hermano Mikhail, porque Iván Pochekin ha logrado que esta grabación de los dos conciertos para violín de Shostakovich sea, por muchos años, la grabación de referencia.

Michael Thallium

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Lola

Lola. Ese es su nombre. Me lo dijo una tarde después de comer, al salir yo del café en el que trabaja. A Lola la conocí en ese café, aunque decir que la conozco es tan atrevido como inexacto. La habré visto tres veces en mi vida. Una primera, una segunda y una tercera. La primera estaba yo solo y me atendió como a las demás personas: con mucha simpatía y amabilidad. La segunda fui con un amigo pianista. Nos atendió con mucha simpatía, amabilidad y nos invitó a un zumo de naranja. A la tercera fue la vencida, porque nos atendió con mucha simpatía y amabilidad y me dijo su nombre. Había ido con otro amigo director de orquesta. Es verdad que yo tampoco se lo había preguntado. Pero me dijo su nombre aquella tarde cuando le di mi tarjeta de visita al salir del café. Lola tampoco sabe que cuando la vi por primera vez, en realidad yo había acudido al café de la calle de Tribulete por ver a otra camarera muy agradable con el pelo rizado, muy bella y con acento quizás argentino. Pero allí estaba Lola también, aunque entonces no sabía su nombre. Y la simpatía de Lola desplazó a la belleza de la otra camarera cuyo nombre ignoro. Por eso volví una segunda vez. Y una tercera. Lola tiene una sonrisa muy bonita. Sus dientes no son perfectos, pero su sonrisa lo es. Es alta. Bueno, más alta que yo, lo que es fácil, porque solo mido un metro sesenta y cuatro. Tiene un arito plateado en una aleta de la nariz. El pelo lo tiene negro, largo y ensortijado. No tiene mucho pecho, más bien poco, creo. En realidad no lo sé ni me importa. Nunca se lo he visto. Pero sí que he visto su sonrisa y su mirada. Tiene gafas y su sonrisa es perfecta.

Esa tercera vez que la vi, me dijo que era de Patatín de Badajoz. Lo de ‘Patatín’ me lo he inventado, porque no recuerdo el nombre del pueblo, aunque sí que estaba cerca de Zafra. Al preguntarle qué la había traído a la capital de España, me respondió que una hermana suya vivía ya en Madrid y le dijo que se viniera. Y se vino. Total, estaba en el pueblo sin hacer nada. Eso lo dijo con una sonrisa perfecta. También me dijo que dibujaba, que hacía dibujos pero que luego los tiraba a la papelera. Yo pensé que seguro que dibujaba muy bien y la invité a ir a un concierto de música clásica.

Eso es todo lo que sé de ella. Tiene una hermana, es más alta que yo, tiene el pelo negro largo y ensortijado, es muy agradable, simpática y amable, tiene un arito plateado en la nariz, seguro que dibuja muy bien, es de Patatín —un pueblo de Badajoz que me he inventado porque no recuerdo el verdadero nombre—, trabaja de camarera en un café de la calle de Tribulete, lleva gafas… Ah, y su sonrisa es perfecta.

Pum Pum CaféPor eso, cuando me fui del Pum Pum Café aquella tarde, pensé qué estupidez era enamorarse de una mujer, a quien no conoces, por su sonrisa. Uno no se enamora de una mujer así, de esa manera. Uno no puede enamorarse de lo que no conoce. Sería un enamoramiento muy atrevido e inexacto. Aunque en la inexactitud y en el atrevimiento está la imaginación. Y esa es muy libre. Tampoco he dicho algo que también sé inexactamente pero con certeza: Lola es mucho más joven que yo o yo soy mucho mayor que ella. Mis amigas dicen que la edad no importa, pero yo sé que sí. No a mí, desde luego. A mí no me importa. Quizás por eso, desde que me dijo su nombre, cuando camino solo por la calle o paseo por un parque, me pregunto qué dibujo estará dibujando, si quizás también me haya dibujado a mí y luego tirado a la papelera. Me imagino que voy con ella a un concierto de música clásica y que se asombra, emociona y disfruta por primera vez con el sonido de una gran orquesta. Sé que sería por primera vez porque, cuando la invité aquella tarde en el café, me dijo que nunca había estado en un concierto de música clásica. Esa es otra de las pocas cosas de ella que también sé. Y después del concierto probablemente iríamos a tomar algo o a cenar. Ella sonreiría y yo, mirándola a los ojos, le diría que su sonrisa perfecta me había salvado la vida.

Pero cuando uno camina por los senderos de la imaginación, también tropieza con las piedras de la realidad, agita levemente la cabeza, con un repente de escalofrío, y vuelve a la verdad cotidiana del pago de las facturas, del pan nuestro de cada día. Entonces la imaginación toma el sendero de lo práctico, de lo más probable, del común sentido. Es imposible que una mujer así no tenga ya un amor, alguien que le recuerde todos los días que su sonrisa es bonita y perfecta, alguien a quien ella dibuje sin tirarlo a la papelera y que es improbable que yo vuelva a verla…

Pum pum, pum pum. Y su nombre es Lola.

Michael Thallium

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Grandes libros y escritores que recomiendo II – Ramón Gómez de la Serna

Cuando uno lee y es curioso, la lectura de un libro te lleva a otro libro y la de ese libro te lleva a otro libro o autor. Ese “hipertexto analógico” se convierte en un inmenso océano literario que explorar. Tener tiempo el tiempo, el bien más preciado en un mundo en el que cada vez todo sucede más rápidamente para surcar las aguas de la buena literatura es uno de los obstáculos. Hoy quisiera recomendar la lectura de un escritor español al que muchas personas conocen por sus greguerías, aunque su mejor literatura está en otros libros: Ramón Gómez de la Serna.  Dejando aparte el “laísmo” que delata el origen madrileño de este prolífero escritor, la mayoría de sus novelas, sencillamente, son una genialidad. Hoy quiero recomendar los siguientes libros: Senos (1917), Prólogo a la obra de Silverio Lanza (1917), El incongruente (1922), El hombre perdido (1947), Cuentos de fin de año (1947), Doña Juana La Loca y otras seis novelas superhistóricas (1949) y Nuevas páginas de mi vida (1957), que es la continuación de Automoribundia. Baste un ejemplo de innovación y modernismo: El incongruente, novela escrita en 1922 se publicó un año antes que el Tractatus de Wittgenstein, dos del primer manifiesto surrealista y cuatro de la divulgación de las obras de Kafka. Una obra moderna se mire por donde se mire. Confieso que a mí lo que me atrajo fue el título, quizás por “lo incongruente” que también es mi comportamiento en muchas ocasiones. Si Gómez de la Serna hubiera nacido en Francia, el Reino Unido o Alemania, sus novelas poblarían las librerías, las editoriales se pelearían por publicar sus libros y el “Ramonismo” sería símbolo nacional; pero, claro, nació en Madrid y murió en Buenos Aires y es lo que tiene…

Ramón Gómez de la Serna - Senos(SENOS, 1917)

Ramón Gómez de la Serna - Prólogo a la obra de Silverio LanzaPRÓLOGO A LA OBRA DE SILVERIO LANZA (1917)

Ramón Gómez de la Serna - El incongruenteEL INCONGRUENTE, 1922

Ramón Gómez de la Serna - El hombre perdidoEL HOMBRE PERDIDO, 1947

Ramón Gómez de la Serna - Cuentos de fin de añoCUENTOS DE FIN DE AÑO, 1947

Gómez de la Serna - Doña Juana La LocaDOÑA JUANA LA LOCA Y OTRAS SEIS NOVELAS SUPERHISTÓRICAS, 1949

Gómez de la Serna - Nuevas páginas de mi vidaNUEVAS PÁGINAS DE MI VIDA, 1957

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