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(English) Trio VibrArt: Vibrant Art, Epiphany & Catharsis

Disculpa, pero esta entrada está disponible sólo en English.

Grandes músicas e intérpretes que recomiendo (II)

“Seis sonatas y partitas” de Johann Sebastian Bach para violín solo interpretadas por Mikhail Pochekin. Sello Solo Musica.

PochekinBachEs

“América”, obras para piano solo de Gershwin y Piazzola interpretadas por Claudio Constantini. Sello Ibs Classical.

ConstantiniEs

Obras para piano y violonchelo de Chopin, Franchomme y Schubert interpretadas por Steven Isserlis (violonchelo) y Dénes Varjon (piano Érard). Sello Hyperion.

IsserlisEs

Variaciones “Rococó” para violonchelo y piano y Trio para piano de Chaikovski. Sergei Istomin (chelo), Claire Chevallier (fortepiano) y Martin Reimann (violín). Sello Passacaille.

ChaikovskiEs

Obras para piano solo de Robert y Clara Schumann, Schubert y Liszt interpretadas por William Youn. Sello Sony.

YounEs

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Dedos, manos y mensajes

El pulgar, un simple dedo al que llaman gordo.
Es ese dedo fuerte que cuando se levanta
muestra toda su grandeza y fortaleza. Es el dedo que dice:
TODO va a salir BIEN.

pulgar

Nunca olvides que cuando señalas a alguien,
hay otros tres dedos que no se ven y que te señalan a ti también.

manos1

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Escribir al margen y convertirte en mundo

«Hay libros en los que las notas a pie de página o los comentarios garabateados al margen por la mano de algún lector son más interesantes que el texto. El mundo es uno de esos libros» ― Jorge Santayana (1863-1952)

2¿Qué es la vida? Esta es una vieja pregunta que muchos de nosotros los seres humanos hemos venido preguntándonos durante siglos. Filósofos, científicos, artistas, escritores, gente corriente… Y a esa pregunta también se le han dado un montón de respuestas; algunas convincentes, otras menos convincentes y algunas otras completamente insatisfactorias. Sin embargo, al final todo se reduce a una cosa: vivir… y vivir bien. A nadie le gustan los problemas ni pasar dificultades en la vida. Desafortunadamente, todos nos topamos con problemas en el camino e intentamos darles solución como mejor podemos. El asunto es que, a veces, las soluciones no resultan nada fáciles e incluso puede parecer imposible encontrarlas por más que uno se empeñe en ello. Así que, ¿qué hacer cuando uno ha estado luchando por cambiar cosas en su vida y aún así termina siempre en el mismo sitio? ¿Qué hacer cuando parece que ninguna transformación es posible? Sí, ya sé, puede que estés pensando que siempre hay “transformación” —algo que Heráclito ya decía hace miles de años—, pero me refiero a esa “transformación” que uno realmente quiere en su vida. Bien, aquí va mi sugerencia: conoce tus limitaciones y acéptalas. Ese es un buen comienzo, aunque no suficiente si uno realmente sigue queriendo transformar su vida. Por eso elegí la cita de Santayana. Supongamos que la vida no es más que un libro, pero un libro que no se puede cambiar. Habrá veces que el texto sea soberanamente insulso, que no nos guste en absoluto y que nos haga querer salir de nuestro particular capítulo. Sin embargo, el texto está escrito con letras indelebles y, o bien seguimos leyendo o abandonamos, y cuando digo “abandonamos” me refiero a “morimos”. Así que la alternativa que nos queda es utilizar nuestros recursos para garabatear comentarios al margen o añadir notas a pie de página para hacer que nuestras vidas sean más interesantes —y recuerda que la primera persona a quien tu vida le debe parecer más interesante eres TÚ. Y esta es mi otra sugerencia: si quieres transformar el libro de tu vida, comienza por escribir al margen y conviértete en el mundo en que quieres vivir. Quizás luego hasta te des cuenta de que la asunción de que no se podía cambiar ese libro vital era errónea.

Ahora bien, no te lleves a engaño. Has de tener claro que utilizar tus recursos requiere esfuerzo y perseverancia. No es nada mágico, sino más bien práctico. Y cuando digo “práctico” quiero decir que hay que practicar, practicar y practicar.

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Jorge Santayana, personas y lugares

Jorge Santayana, persons and placesEscribo estas letras mientras escucho a Musica Ficta interpretar el Requiem de Tomas Luís de Victoria. Elegí esta música por razones prácticas. Victoria nació en la provincia de Ávila, fue un sacerdote católico y, posiblemente, el más grande compositor de todos los tiempos. Pasó parte de su vida en Roma y murió en Madrid en 1611. Comenzó como niño cantor en el coro de la catedral de Ávila donde se formó como músico antes de marcharse a Roma, donde magistralmente escribió bellísima música. Bueno, vale, ¿y qué? ¿Cuáles son esas razones prácticas? Permítaseme primero decir que no es sobre Tomás Luís de Victoria de quien quiero escribir, sino de otro hombre nacido más de 250 después de la muerte de Victoria: Jorge Santayana. Bueno, vale… ¿y qué? ¿Qué hay de práctico en esas razones? Bueno, Santayana nació en Madrid y pasó su primera infancia en Ávila antes de mudarse a los Estados Unidos, donde se hizo filósofo, ensayista, poeta y novelista. Bueno, vale, ¿y qué? A Santayana le encantaban las catedrales y murió en Roma. ¿Sigues sin atar cabos? Madrid, Ávila, Roma…

Creo que debería antes explicar como encontré a Jorge Santayana —todo un encuentro fortuito—, de quien jamás antes en mi vida había oído hablar. Por supuesto, dado que murió en 1952, no quiero decir que me encontré con él en persona a no ser que estuviese yo muerto —¡toquemos madera!— y que tuviera ese extraño poder de regresar a la vida desde el más allá. No, mi encuentro con él fue más intelectual que físico. Di con su nombre leyendo Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado de Juan David García Bacca, otro filósofo español. Me llamó la atención, porque no había oído hablar antes de él. Inmediatamente, mi atención se tornó curiosidad al averiguar algunas cosas de su vida y saber que Santayana había escrito toda su obra en inglés. De hecho, cambió su nombre español “Jorge” por “George” —pronunciado ‘yorch’— y se le considera uno de los más grandes escritores estadounidenses del siglo XX. Sin embargo, Santayana jamás renunció a su nacionalidad española. ¡Eso me resultó muy chocante! ¿Cómo era posible que un español nacido en 1863 se convirtiese en hombre de letras estadounidense? Después de investigar un poco, me las arreglé para comprar uno de sus libros, Persons and Places (Personas y lugares), que encargué en una pequeña librería de lance y viejo del centro de Madrid llamada Menosdiez. Quería comprobar si verdaderamente Santayana era tan buen escritor como decían. En su día, fue candidato a los premios Pulitzer por su exitosísima novela The Last Puritan (El último puritano), pero nunca le concedieron el premio, al parecer porque no era ciudadano estadounidense y mantuvo el pasaporte español. Ni qué decir tiene que para verdaderamente leer a Santayana, hay que hacerlo en inglés, aunque “a falta de inglés buenas son traducciones” —las traducciones de sus libros, que las hay, no puedo juzgarlas.

¡Y vaya que si es un buen escritor! En su autobiografía Persons and Places, que escribió cuando ya era casi octogenario, Santayana describe genialmente una vida de logros académicos, viajes y filosofía. El libro se divide en dieciséis capítulos en los que habla de sus orígenes y primera infancia en España, su adolescencia en Boston, sus logros en la universidad de Harvard, ya de adulto, y su regreso a Europa al renunciar a la cátedra de filosofía en Harvard cuando tenía 48 años.

Puede que Jorge Santayana sea el escritor que mejor escribió sobre España en inglés. Y por supuesto que leer Persons and Places es un gran ejercicio para aquellos de nosotros que quieren dominar la lengua inglesa —o en su defecto, cualquier otra y el conocimiento de la vida a finales del siglo XIX y principios del XX en Estados Unidos, España y Europa. Por todo lo que respecta a él mismo, a su pensamiento o su felicidad, Santayana cruzó el desierto más de una vez en la vida; así que cuando rememora todos sus años pasados, Santayana ve objetos, ve acontecimientos públicos, ve personas y lugares, pero no se ve a sí mismo. Su vida interior, según la recuerda, parece concentrarse en unos cuantos oasis, en unos cuantos lugares de descanso, verdes posadas o santuarios, donde el ocupado viajero para a descansar, pensar y ser él mismo. Es probable que ahora tú que me lees entiendas las razones prácticas por las que elegí la música de Victoria mientras escribía estas palabras. Si aún no lo entiendes, no te preocupes. Quizás algún día ates también cabos.

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A propósito de… “El mito”

CármenesMITOParece que cuando alguien le pilla el gusto a algo, resulta difícil resistirse a la tentación de repetir la experiencia. Hace unos meses, Carmen González Castro y yo decidimos crear un espacio para conversar sobre temas que a “nosotros” nos parecieran interesantes. El entrecomillado del pronombre de primera persona del plural “nosotros” desempeña aquí una función esencial: la de resaltar que lo que quizás sea importante para nosotros, pueda no serlo para otros. Y como eso del interés de las cosas es algo discrecional, dejo a la voluntad de cada cual decidir si lo que lee en este artículo o ve en el vídeo más abajo es de su interés o no.

Esta serie, que lleva el título genérico de “A propósito de…”, está compuesta por tres entregas hasta el momento. En la primera, Carmen y yo abordamos el tema de “la relación con el otro”; en la segunda, Carmen invitó al profesor Antonio Muñoz Carrión quien propuso como tema de conversación “el recomienzo”. La tercera entrega, que es esta presente, versa sobre un tema que propuso Carmen hace un tiempo: “el mito”. Atendiendo al conocido dicho de “la ocasión la pintan calva”, decidimos invitar a otra Carmen, Carmen Cayuela, coach y economista, autora de “Necesidades emocionales. Las razones económicas del corazón” de ediciones Carena. La razón era obvia: en su libro, Carmen Cayuela trata la gestión de emociones y creencias. Dada la obvia relación entre mito y creencia, la presencia de Carmen Cayuela nos venía que ni pintada. Dicho sea de paso, la ocasión sirvió para que ambas Cármenes se conocieran en persona. Siendo amigas mías por separado y habiendo querido yo presentarlas ya desde hacía tiempo, no fue hasta esa tarde del mes de octubre en que grabamos el vídeo que pudieron conocerse en persona.

En cuanto al contenido del vídeo, solo a ti que lees estas líneas te concierne juzgar si lo que decimos en él merece tu interés o no. Libre eres de verlo o de quitarlo cuando más te convenga. ¡Esa es será tu voluntad!

A propósito de… “El mito”

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Grandes libros y escritores que recomiendo (I)

“Antropología metafísica” de Julián Marías. Revista de Occidente. Colección “El alción”.

AntropoIogía metafísica

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Grandes músicas e intérpretes que recomiendo (I)

Intérprete: Marc-André Hamelin(piano) / Compositor: Marc-André Hamelin / Sello: Hyperion

HamelinEs

Intérprete: Pablo Ferrández (violonchelo) / Compositores: Dvořák y Schumann / Sello:Onyx

FerrandezInstaEs

Intérpretes: Los hermanos Pochekin (viola, violín) / Compositores: Mozart, Haydn, Glière, Prokofiev / Sello: Melodiya

PochekinEs

Intérprete: Matthias George(barítono) / Compositor: Schubert / Sello: Harmonia Mundi

GoerneInstaEs

Intérpretes: Ensemble Modern, Nina Hagen, Max Raabe, HK Gruber / Compositor: Weill / Sello: RCA

NinaInstaEn

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El tiempo finito

3

El tiempo finito no es sino un mero notario que registra la vida de cada persona sin juzgarla: los logros, las hazañas, las proezas, los fracasos, los errores, las equivocaciones… Y cuando uno llega al final de su tiempo, no puede más que hacer balance y convertirse en una suerte de forzado juez de su aventura vital. Solo la magnanimidad de quien se juzga a sí mismo lo salvará del arrepentimiento de haber llevado una vida indeseada o malograda. Y solo también si uno escucha, llegará a entender mínimamente algo de quienes le rodean. Tiempo y escucha… hete ahí la fórmula maravillosa.

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Oviedo y una noche blanca de oro y estrellas

LO1Decidí viajar de Madrid a Oviedo, esa Vetusta de “La Regenta” de Clarín, solo para la ocasión. Mi intuición me decía que no podía perdérmelo, que algo especial iba a ocurrir en La Noche Blanca del sábado 6 de octubre. Llegué a la capital del Principado de Asturias pasadas las tres y media, después de cinco largas horas de autobús. Me encaminé hacia la plaza de la Catedral de San Salvador, donde seis horas más tarde los carbayanos serían testigos de todo un acontecimiento. Paré antes a restaurar el estómago en “La Gran Vetusta” con fabes, merluza y arroz con leche. A las siete de la tarde me reuniría con Marco Antonio García de Paz, el director del coro “El León de Oro” —¡Ay, quien aún no los haya escuchado! ¡No sabe lo que se pierde!— para tener el privilegio de presenciar y disfrutar los ensayos del coro en una catedral vacía que, al anochecer, se abarrotaría de personas. He de decir que desde el comienzo sentí esa hospitalidad asturiana, sobria y noble, de todas las personas con quienes me encontré: desde el deán de San Salvador, don Benito Gallego Casado, quien me facilitó la tarea de observador y testigo acústico, pasando por los voluntarios de La Noche Blanca, hasta el canónigo don José María Hevia, quien había elaborado con entusiasmo de amante de la música, teólogo y astrofísico, el texto que iba de acompañar a las obras que sonarían esa memorable noche.

Vetusta despertaba a una noche blanca de oro y estrellas. Las nubes cubrían el cielo, y en las calles las gentes peregrinaban a la venerada catedral de la heroica y noble ciudad, donde un León de Oro les esperaba para cubrir de voces de estrellas el viejo templo y acercarles un universo sonoro con que abrigar sus almas: Rivedere le stelle, volver a ver las estrellas. Dos pases de media hora. Uno a las nueve de la noche y otro a las diez. En el programa, cinco compositores y cinco obras exquisitamente seleccionadas por Marco Antonio García de Paz; cuatro de ellas, primicias para los asturianos.

Comenzaba el recital con As one who has slept del compositor británico John Tavener con dos coros; uno pequeño, a modo de pedal vocal, en el pasillo de la nave central de la catedral y otro delante del altar. La obra de Tavener sirvió para eliminar ese a veces vasto vacío de la existencia humana introduciendo al numerosísimo público allí congregado en un estado de meditación. En ese estado, las voces de “El León de Oro” interpretaron Ich bin aber elend del alemán Johannes Brahms. El recital continuó con We beheld once again the stars (Contemplemos una vez más las estrellas), en cuyo pasaje central el compositor estadounidense Randall Stroope hace cantar y hasta casi gritar las insignias del mal. Más tarde llegó Duo Seraphim del letón Rihards Dubra, obra de gran belleza que refleja el canto celeste y el aleteo de los serafines. El recital concluye con Stars (Estrellas) de otro letón, Ēriks Ešenvalds, como colofón a la noche de los astros. Esta es una obra de bellísimas líneas melódicas acompañadas con los sonidos celestiales que producen las copas llenas de agua al frotar los dedos húmedos sus bordes. El público que abarrota la catedral aplaude y se pone en pie rendido ante las voces del coro originario de Luanco y agradecido por el mimo con que su director, Marco Antonio García de Paz, quiso acercar las estrellas a las gentes que allí acudieron. Esa noche, “El León de Oro” abrió un agujerito telescópico por el que se alcanzaron millones de años luz y se colaron las estrellas. Pasada la media noche, tomé el autobús de regreso a Madrid. Quienes conmigo viajaban, ignoraban que yo me había asomado a ese agujerito y que mis oídos fueron testigos de una maravillosa experiencia sonora.

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