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Grandes libros y escritores que recomiendo (I)

“Antropología metafísica” de Julián Marías. Revista de Occidente. Colección “El alción”.

AntropoIogía metafísica

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Grandes músicas e intérpretes que recomiendo (I)

Intérprete: Marc-André Hamelin(piano) / Compositor: Marc-André Hamelin / Sello: Hyperion

HamelinEs

Intérprete: Pablo Ferrández (violonchelo) / Compositores: Dvořák y Schumann / Sello:Onyx

FerrandezInstaEs

Intérpretes: Los hermanos Pochekin (viola, violín) / Compositores: Mozart, Haydn, Glière, Prokofiev / Sello: Melodiya

PochekinEs

Intérprete: Matthias George(barítono) / Compositor: Schubert / Sello: Harmonia Mundi

GoerneInstaEs

Intérpretes: Ensemble Modern, Nina Hagen, Max Raabe, HK Gruber / Compositor: Weill / Sello: RCA

NinaInstaEn

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El tiempo finito

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El tiempo finito no es sino un mero notario que registra la vida de cada persona sin juzgarla: los logros, las hazañas, las proezas, los fracasos, los errores, las equivocaciones… Y cuando uno llega al final de su tiempo, no puede más que hacer balance y convertirse en una suerte de forzado juez de su aventura vital. Solo la magnanimidad de quien se juzga a sí mismo lo salvará del arrepentimiento de haber llevado una vida indeseada o malograda. Y solo también si uno escucha, llegará a entender mínimamente algo de quienes le rodean. Tiempo y escucha… hete ahí la fórmula maravillosa.

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Oviedo y una noche blanca de oro y estrellas

LO1Decidí viajar de Madrid a Oviedo, esa Vetusta de “La Regenta” de Clarín, solo para la ocasión. Mi intuición me decía que no podía perdérmelo, que algo especial iba a ocurrir en La Noche Blanca del sábado 6 de octubre. Llegué a la capital del Principado de Asturias pasadas las tres y media, después de cinco largas horas de autobús. Me encaminé hacia la plaza de la Catedral de San Salvador, donde seis horas más tarde los carbayanos serían testigos de todo un acontecimiento. Paré antes a restaurar el estómago en “La Gran Vetusta” con fabes, merluza y arroz con leche. A las siete de la tarde me reuniría con Marco Antonio García de Paz, el director del coro “El León de Oro” —¡Ay, quien aún no los haya escuchado! ¡No sabe lo que se pierde!— para tener el privilegio de presenciar y disfrutar los ensayos del coro en una catedral vacía que, al anochecer, se abarrotaría de personas. He de decir que desde el comienzo sentí esa hospitalidad asturiana, sobria y noble, de todas las personas con quienes me encontré: desde el deán de San Salvador, don Benito Gallego Casado, quien me facilitó la tarea de observador y testigo acústico, pasando por los voluntarios de La Noche Blanca, hasta el canónigo don José María Hevia, quien había elaborado con entusiasmo de amante de la música, teólogo y astrofísico, el texto que iba de acompañar a las obras que sonarían esa memorable noche.

Vetusta despertaba a una noche blanca de oro y estrellas. Las nubes cubrían el cielo, y en las calles las gentes peregrinaban a la venerada catedral de la heroica y noble ciudad, donde un León de Oro les esperaba para cubrir de voces de estrellas el viejo templo y acercarles un universo sonoro con que abrigar sus almas: Rivedere le stelle, volver a ver las estrellas. Dos pases de media hora. Uno a las nueve de la noche y otro a las diez. En el programa, cinco compositores y cinco obras exquisitamente seleccionadas por Marco Antonio García de Paz; cuatro de ellas, primicias para los asturianos.

Comenzaba el recital con As one who has slept del compositor británico John Tavener con dos coros; uno pequeño, a modo de pedal vocal, en el pasillo de la nave central de la catedral y otro delante del altar. La obra de Tavener sirvió para eliminar ese a veces vasto vacío de la existencia humana introduciendo al numerosísimo público allí congregado en un estado de meditación. En ese estado, las voces de “El León de Oro” interpretaron Ich bin aber elend del alemán Johannes Brahms. El recital continuó con We beheld once again the stars (Contemplemos una vez más las estrellas), en cuyo pasaje central el compositor estadounidense Randall Stroope hace cantar y hasta casi gritar las insignias del mal. Más tarde llegó Duo Seraphim del letón Rihards Dubra, obra de gran belleza que refleja el canto celeste y el aleteo de los serafines. El recital concluye con Stars (Estrellas) de otro letón, Ēriks Ešenvalds, como colofón a la noche de los astros. Esta es una obra de bellísimas líneas melódicas acompañadas con los sonidos celestiales que producen las copas llenas de agua al frotar los dedos húmedos sus bordes. El público que abarrota la catedral aplaude y se pone en pie rendido ante las voces del coro originario de Luanco y agradecido por el mimo con que su director, Marco Antonio García de Paz, quiso acercar las estrellas a las gentes que allí acudieron. Esa noche, “El León de Oro” abrió un agujerito telescópico por el que se alcanzaron millones de años luz y se colaron las estrellas. Pasada la media noche, tomé el autobús de regreso a Madrid. Quienes conmigo viajaban, ignoraban que yo me había asomado a ese agujerito y que mis oídos fueron testigos de una maravillosa experiencia sonora.

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Invitación a filosofar con Juan David García Bacca

Juan David García BaccaA veces, cuando pienso en el mundo intelectual que habito —que a nadie le quepa duda de que el intelecto es mundo y, quizás, hasta universo—, concluyo que es un mundo pretérito e incluso preterido, solo presente y conocido en mí. Pretérito porque leo a los muertos; preterido porque muchos de ellos mueren en el olvido de los vivos. Sí, últimamente, no leo a los vivos. Pero los muertos que leo no son de esos inveterados en los siglos. Son muertos que vivieron vivos en mis años de vida y de quienes ahora escribo después de 8, 13, 26 o 31 años de no estar más… vivos.

En 1992 murió Juan David García Bacca. Sí, hace ahora 26 años. Pero no ha sido hasta hace apenas unos días que he sabido de su muerte y —¡vergüenza mía!— siquiera de su larga existencia viva de 91 años. Y lo hice gracias a otro muerto, muerto hace ocho años, que vive afortunadamente en las grabaciones que de su programa televisivo “A fondo” aún hoy uno en Internet encuentra: Joaquín Soler Serrano. Ellos dos, García Bacca y Soler Serrano, mantuvieron una entrevista en blanco y negro allá por el año 1979 en la que si hay algo que a mí me queda claro es que Juan David García Bacca no es un filósofo huraño ni estrambótico encerrado en su particular torre de marfil. Es un filósofo de humor hermoso, de lenguaje llano nacido de la propia entraña del pueblo. Eso es lo que procuraba él: ser filósofo para el pueblo. Y fue escuchando esa entrevista cuando irrumpió en mí la ilusión —esa “ilusión” de la que habla Julián Marías, otro de mis muertos leídos, en su Breve tratado de la ilusión— de indagar y leer alguno de sus libros —la mayoría descatalogados, preteridos. En mi elección de lectura tomé muy en cuenta el sincero consejo que García Bacca daba en aquella entrevista acerca de cuál de sus libros escoger entre su vastísima obra. No lo dudó: “Si yo fuese sincero, escogería Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado. Ese libro corresponde a toda la filosofía, inclusive la matemática y la física moderna, dichos en castellano aprovechándome de los diamantes literarios y filosóficos que son frases o versos de Antonio Machado [...] Todo, todo lo demás —sus otros libros—, son, si usted quiere, los pecados de mi vida pasada española”.

Indagué y descubrí que, en sus últimos años de vida —lejanos ya a la entrevista de marras—, García Bacca compuso un libro que tituló Filosofía de la música, su gran última obra. Este libro y el anterior que él mismo recomendaba me movieron a acudir a una librería de viejo que hay en la Calle del Espejo, en Madrid, para ver si, con suerte, encontraba algún libro del entrañable filósofo. Tuve suerte, y el librero de Menosdiez —que así se llama la librería— me proveyó de ambos libros en cuestión de dos días. En su lectura ando inmerso, y quien quiera saber lo que de ellos pienso, no tiene más que preguntarme cuando, quizás algún día, en el camino nos crucemos.

El poeta Gerardo Diego —otro más de mis muertos leídos— decía que lo que más definía su poesía era su vocación por expresar el ritmo y la música del universo en la música y el ritmo de su verso. Yo no aspiro a hacer versos, pero quizás sea mi vocación —al menos una de ellas— expresar los ritmos y las músicas del mundo intelectual que habito y presentarlo —hacerlo presente— a los demás con la ilusión de que a alguien le pique la curiosidad por conocer a esos mis pequeños grandes muertos preteridos.

P.S.: Joaquín Soler Serrano murió en 2010 (8); Julián Marías murió en 2005 (13); Juan David García Bacca murió en 1992 (26); Gerardo Diego murió en 1987 (31).

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A propósito de… “El recomienzo”

Carmen4Cuando aquella tarde llegué a “La Nada”, repiqueteé en la puerta al ritmo de “el cangurito gentil” —al parecer, en México, esta sucesión rítmica se conoce como “chinga a tu madre, cabrón” y en Estados Unidos como “shave and a haircut, two bits“— y me abrió Carmen González Castro vestida de blanco (que no de novia). Cuando entré en “La Nada”, el estudio en que Carmen pasa las horas pintando de sol a sombra, allí estaba su amigo el profesor Antonio Muñoz Carrión, de quien en su día fue alumna. Nos presentamos y charlamos.

Unos días antes, Carmen me había dicho que quería presentarme a Antonio para que se uniera a esta serie de conversaciones que hemos titulado “A propósito de…”. Antonio le había propuesto hablar de un tema: “el recomienzo”. La sugerencia me pareció interesante y eso fue lo que nos unió a los tres una tarde de finales de agosto en el madrileño barrio de Lavapiés. Dos hombres y una mujer. Tres edades y generaciones distintas en momentos vitales distintos: Carmen, la más joven; Antonio, el más experimentado; yo, el ignorante y quizás, por ello, el más atrevido.  Colocamos la cámara en el trípode y comenzamos a conversar sobre “el recomienzo”. Recomenzar. Volver a comenzar después de muchos años —quizás toda una vida— haciendo el mismo oficio o desarrollando la misma profesión, y además hacerlo con ilusión, con esa ilusión de la que Julián Marías habla en su genial “Breve tratado de la ilusión” que recomiendo leer porque, como decía José María Gironella en “Los fantasmas de mi cerebro”, allá por el año 1958, de Julián Marías emana “ese halo de autenticidad que en vano los falsos escritores pretenden poseer”.

No como justificación sino más bien como aclaración, la conversación que se reproduce en el siguiente vídeo no tiene ningún corte más que el del final por una mera razón técnica: la tarjeta de la cámara no tenía más capacidad y no pudo recoger los 45 minutos que realmente duró. Así que si a alguien el final le parece abrupto, que sepa cuál fue la causa. No obstante, todo el vídeo refleja, en mi opinión, la naturalidad y autenticidad con que transcurrió esa conversación. Al terminar, salimos en busca de una lugar en el que tomar algo y seguir conversando. Dimos a parar en la Taberna de Antonio Sánchez y confieso que allí proseguimos conversando hasta la media noche sobre cosas que jamás quedarán registradas más que en nuestros oídos y memoria…

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A propósito de… “La relación con el otro”

Carmen3A Carmen González Castro la conocí una tarde mientras yo caminaba con una amiga por el madrileño barrio de Lavapiés.  Allí, a las puertas de “La Nada”, se encontraba ella liando un pitillo con aires de soledad buscada. Me acerqué y le di conversación −ignoraba yo entonces que de esa conversación callejera y fortuita surgiría la amistad−. Nos explicó que “La Nada” era el estudio en que pintaba. Me percaté de que Carmen tenía una pequeña cicatriz con puntos en la barbilla y yo, que no eludo hacer preguntas, la interrogué por esa marquita que no lograba afear su rostro ni una pizca. “Me pegué un porrazo con la bicicleta”, creo que dijo. El “interrogatorio” prosiguió y supimos que era pintora, que venía de Granada y que llevaba en Madrid un tiempo. Si la memoria no me falla −que podría ser−, le dejé mi tarjeta de visita: “Michael Thallium. No qué sino cómo. Creer, crear, comunicar y convivir. Greatness Coaching Research”. El tiempo hizo todo lo demás, es decir, que se encargó concienzudamente de hacer de aquel casual encuentro una amistad.

Son muchas las conversaciones que Carmen y yo hemos mantenido. Un día decidimos grabarnos mientras conversábamos y este ha sido el resultado de una serie de conversaciones que tenemos la intención de titular “A propósito de…”. En esta ocasión el objeto de nuestro diálogo es “la relación con el otro”. Habrá personas, seguramente, a quienes les resulte una conversación soporífera e irrelevante. A ellas les digo: “¡Túmbense y duerman!”. Y para aquellas personas a quienes, en cambio, les pudiera interesar, mi mensaje es sencillo: “¡Siéntense y sueñen!”.

Aquí dejo el vídeo de la primera de estas conversaciones a la que, probablemente −si la intención sigue firme y el impulso no decae−, seguirán otras cuyo probable final sea el que alguno de los dos, Carmen o yo, se sonría dentro de unos años al ver y escuchar lo que a la sazón creímos relevante y el tiempo convirtió en vete tú a saber qué.

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El ingenioso ingeniero y belenista Don Julio Mora

Julio MoraA Julio Mora lo conocí unos años antes de que se jubilara. Trabajaba entonces para la división de elevadores de ThyssenKrupp y yo era su profesor de inglés. Su ingenio “ingenieril” le había llevado por muchos países del mundo y don Julio compartía conmigo sus andanzas de ingeniero montador de ascensores en lugares inverosímiles. Hombre perseverante —o cabezota, según se mire— y paciente, estaba empeñado en aprender inglés. Y a esa tarea me dediqué con él durante algunos años: yo a enseñarle y él a aprender. ¡Empeño jamás le faltó! Sin embargo, cuando miro atrás, no sé yo quién aprendió más de quién, pues creo que entre ambos se dio esa extraña amalgama que a veces ocurre entre maestro y alumno en la que los papeles se intercambian en una provechosa relación intelectual que, al final, deriva en una amistad sincera. Confieso que creo haber aprendido yo más de él que él de mí.

Más tarde, al jubilarse, descubrí su talento para una rara arte de la que yo no había oído hablar antes: los belenes en movimiento. Y es en este terreno de la miniatura en movimiento donde don Julio Mora aplica con más amor sus conocimientos de ingeniería para encontrar soluciones a esos movimientos que él pretende semejen naturalidad y realismo.  Y si años atrás podría calificar a este miguelturreño —Julio nació en el pueblo de Miguelturra, en Ciudad Real de perseverante y paciente, debo decir que verlo trabajar en su pequeño taller confirma lo que yo pensaba: es ingenioso, paciente, perseverante, meticuloso… ¿Cabezota? Eso habría que preguntárselo a su mujer e hijos.

Los años han hecho que Julio y yo nos hayamos convertido en una extraña pareja que de vez en cuando se une, muy temprano por la mañana, para caminar a paso veloz  —tan veloz que a veces me lleva con la lengua fueray conversar de asuntos de los que solo entienden los buenos caminantes. Hete aquí que quizás sea yo ahora el alumno y don Julio el maestro.

Julio Mora tiene un blog que se llama “Belenes en movimiento” (http://belenesenmovimiento.blogspot.com) y un canal de Youtube en el que explica sus ingenios belenistas (https://www.youtube.com/user/JMAmiguelturra). Hace algunos años, Julio también escribió un artículo en este blog que se titulaba “Una lternativa a la fusión lumbar“.

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La asignatura de religión

religion-1046876_960_720Allá por 2004 escribí un artículo sobre la asignatura de religión que he releído en los últimos días para comprobar que, a pesar del paso de los años, anduve acertado en mi análisis y resulta tan válido entonces como ahora. Vaya por delante que mi conocimiento de la religión es “pagano”. En España, este asunto no ha dejado de estar de moda y suele reavivarse con cada enésima reforma educativa promovida por el Gobierno de turno. Hablo de la religión como hecho mundial —el conjunto de religiones—, aunque no tendré más remedio que singularizar ese vasto concepto y referirme al catolicismo. De antemano, expreso mi respeto por todas las personas que, independientemente de su confesión religiosa, son creyentes o practicantes, es decir, por todas aquellas personas a quienes las distintas religiones les hacen vivir mejor o ser más felices.

Yo he sido educado en un ambiente católico bastante flexible. Mis padres me inculcaron valores católicos, pero jamás me impusieron ninguno. De hecho, cuando llegó el momento de confirmar mi fe, de cumplir con el sacramento de la confirmación, no lo hice por una razón obvia: no tenía fe cristiana y, por consiguiente, menos aún católica. Creo que para mí fue bueno crecer cristianado, bautizado. Mis progenitores consideraron que eso era lo mejor para mí, es más, yo creí que esa era la única y verdadera religión del mundo. Al ir tomando uso de razón, fui formándome una opinión acerca del catolicismo y cuando llegó el momento, no solo no me confirmé, sino que me aparté del catolicismo como hecho religioso y pasé a comprenderlo como hecho histórico o cultural.

Curiosamente, desde pequeño me he sentido más atraído por la idea de dios que por la existencia de Jesucristo. Dicho de otro modo, no necesitaba la figura del Nazareno para explicar y entender mis creencias o mis valores. El cristianismo es una religión muy extendida en el mundo e igualmente lo es el islam. A pesar de las diferencias que existen entre ambas, lo cierto es que ambas coinciden en que el origen, lo que se conoce como el antiguo testamento o las historias que en él se cuentan, es el mismo. Los cristianos, en esencia, diosifican a su profeta y los musulmanes hacen lo propio con el suyo. Dos profetas: Jesús y Mahoma. Dos religiones igualmente hermanadas o enfrentadas históricamente.

Opino que toda religión que se impone sin dar opción a que uno piense por sí mismo y pueda disentir si así lo siente es mala. No soy católico ni musulmán ni judío ni hinduista ni budista… En otras palabras, no profeso ninguna religión. Soy intrínsecamente pagano y laicamente respetuoso con quienes profesan algún tipo de religión. Eso no quita que sea profundamente creyente en el conjunto de mis creencias y que las modifique o me deshaga de ellas cuando impiden mi crecimiento personal. Soy esotérico, muy interior, espiritual, si se prefiere. No me refiero al esoterismo como la mayoría de las personas lo entienden: la actividad de adivinadores, magos, brujos, echadores de cartas y demás caterva lucrativa y turba televisivoestúpida. Me refiero al hecho individual de darse cuenta de sí mismo, de ser consciente de ese conocimiento e intuición interiores propios del Ser humano. Me pregunto cuál sería el resultado de la impartición de una asignatura que fuese algo así como “Amor por el conocimiento” o “Amor por la sabiduría”.

Opino que en los países de tradición cristiana —en España, concretamente, católica— se debe impartir en las escuelas una asignatura que verse sobre la religión católica y la historia de las religiones. Para poder juzgar y formarse una opinión sobre cualquier cosa en la vida, hay que conocer lo que se tiene entre manos. Y no cabe duda de que el catolicismo en España ha tenido un papel histórico trascendental.

Parece que si eres progre debes estar en contra de la enseñanza de la religión en las escuelas y si eres conservador debes defenderla con cuchilla y diente. Izquierdistas y derechistas (o izquierdistas neutralmente centristas y derechistas centralmente neutros) se enciscarán en una discusión tan añeja como retrógrada alimentando el brasero de los tópicos de la España del siglo pasado. Aprender una religión (porque en la escuela no se puede hacer más que aprender) puede ser muy saludable siempre que en este aprendizaje no se evalúe cuán religioso se es, sino el conocimiento histórico, tradicional, de la religión. Toda religión es buena si hay gentes a quienes les sirve para vivir más felices y a otras para disentir y apartarse de ella sin ser estigmatizadas socialmente o sentenciadas a muerte. Si las religiones se estudiaran desde un punto de vista histórico o antropológico, si dejaran de verse como algo sagrado, abstracto, misterioso o mágico, probablemente, el número de sus seguidores disminuiría y todos comprenderíamos mejor la diferencia cultural o religiosa. En el fondo, lo que propongo es ejercitar el pensamiento crítico, aprender a amar el conocimiento, a vivir la sabiduría. Laico sí, pero no estúpido progre ni férreo conservador.

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Sebastián Arroyo “In Memoriam”

Sebastian ArroyoCuando Sebastián Arroyo iba de camino con su príncipe Leopoldo hacia la ilustrísima villa de Bañosdecarlos para tocar junto a otros músicos, ignoraba que un mes más tarde, a su vuelta a casa en Fortaleza de Cocén, su esposa, Bárbara, yacería muerta y enterrada a los 36 años de edad. La noticia le cayó como repentino plomo de campana que se desploma al vuelo con ruido sordo y desgarrador. Era el verano de 1720 y “Sebas”, como le llamaban cariñosamente familiares y amigos, se quedó viudo y con cuatro hijos de edades comprendidas entre los cinco y once años. Aquella muerte había sido tan repentina como inexplicable. No era, empero, la primera vez que le tocaba sufrir la pérdida de seres queridos. Durante los trece bienaventurados años de matrimonio, Bárbara y Sebas habían perdido a dos mellizos y a otro a hijo más. ¿Quién le iba a decir entonces a Sebas que sobreviviría a su primera mujer treinta años más? Un año y medio después de aquel doloroso verano, Sebastián se casó con Ana, quien le daría trece hijos más y lo acompañaría hasta su muerte, ya ciego, el 28 de julio de 1750.

Sebastián era un músico prodigioso, de oído fino, manos habilidosas y pies veloces que embrujaban a cualquiera que lo viera improvisar al órgano. La música corría en las venas de los Arroyo desde hacía muchísimos años y aún correría casi un siglo más hasta la muerte, en 1845, de su nieto Federico, nacido nueve años después de la muerte de su abuelo. Fue entonces cuando las aguas musicales de los Arroyo se extinguieron para siempre, aunque no en la eternidad, porque quiso la humanidad que la música de aquel genio fuera eterna y que, hoy y siempre, nos acompañase.

Ninguna lápida ni señal alguna indican el lugar de reposo final de Sebastián Arroyo. El día de su funeral, el 31 de julio de 1750, apareció una curiosa noticia anónima en una gacetilla:

El famoso Musicus don Sebastian Arroyo falleció el pasado martes día 28, a la edad de sesenta y seis años, habiendo fracasado rotundamente la intervención practicada por el reconocido oculista Juan Sastre y por las desgraciadas secuelas de la misma. La pérdida de ese hombre excepcionalmente capaz ha causado gran pesar en todos los verdaderos entendidos en música.

El calificativo latino de Musicus lo designa no como un mero ejecutante para cualquier evento ad hoc, sino como poseedor del más profundo conocimiento de la música y, hasta su mismo final, en búsqueda constante de la verdad: un verdadero estudioso de la música, un sabio.

Aviso para navegantes:

  • En alemán “Bach” significa “arroyo”.
  • Johann Sebastian Bach era como conocido como “Sebi”, diminutivo de Sebastián, en su círculo familiar.
  • “Bañosdecarlos” es la traducción que he hecho de la ciudad alemana de Karlsbad. Asimismo, Fortaleza de Cocén es mi traducción de la corte de Anhalt-Köthen, lugar en el que Johann Sebastian Bach sirvió como maestro de capilla del príncipe Leopold. Al parecer, la palabra “Anhalt” en alemán antiguo designa a un castillo-fortaleza (Fluchtburg).
  • María Bárbara Bach fue la primera esposa de Johann Sebastian Bach; Ana Magdalena Bach, la segunda.
  • Wilhelm Friedrich Ernst Bach, “Federico”, fue el nieto de Bach con quien se extinguió en 1845 la estirpe de compositores de la familia Bach.
  • Juan Sastre, el “reconocido oculista” es en realidad la traducción del infame charlatán inglés “John Taylor” que operó a Bach provocándole la muerte; curiosamente, fue este mismo pseudo cirujano quien operó años más tarde al también músico George Friedrich Haendel, provocándole igualmente la muerte. Así, Haendel y Bach comparten año de nacimiento, 1685, y “verdugo” accidental.

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