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El terrorismo

Este artículo lo escribí originalmente hace ya algunos años, en mayo de 2005. La situación en España —y en el mundo— era ligeramente distinta, pues E.T.A. anunció que renunciaba a las armas el 20 de octubre de 2011. La relectura de lo que escribí entonces me ha llevado a publicarlo ahora, porque considero que mis reflexiones siguen vigentes si se les sacude el polvo del paso de los años. En la fecha en que publico este artículo, parece que hablar de “terrorismo” es hablar de “terrorismo islámico”. Puede que hayan cambiado los calificativos y los nombres de algunas personas, pero el terrorismo sigue siendo lo mismo doce años más tarde. De aquellos polvos, estos lodos…

El grito, MunchSé que afirmar que la lengua es el mejor medio para conocer la historia, la sociedad y la política resultará, para algunos pocos, una perogrullada y, para otros muchos, un despropósito. No voy a pecar de extremoso y admitiré que puedan existir mejores medios, pero la lengua —y, por tanto, el lenguaje y la comunicación— es el que más me interesa. En estos momentos en los que los argumentos políticos me aburren, los argumentos lingüísticos, como poco, me entretienen.

No descubro nada nuevo si afirmo que las palabras son la droga más eficaz. Sabemos que los medicamentos son drogas y sirven, en muchos casos, para salvar vidas; también lo es la cocaína, aunque su uso pueda conducir a la muerte. La manipulación verbal produce efectos varios: sedantes, excitantes… Ya dije que no iba a ser extremoso, así que no afirmaré que esta manipulación salva vidas ni que acaba con ellas si bien es cierto; tan solo cambia conductas o las arruina. Además, la manipulación verbal no deja huellas. Rectifico, deja unas huellas muy hondas, pero muy difíciles de rastrear. Es como esos venenos que matan y no dejan restos en la sangre.

Sin embargo, yo no quería hablar de manipulación sino de palabras; en concreto, de una: terrorismo. Esta palabra se incorporó oficialmente al español en el año 1869. El diccionario de la RAE de aquel año la definía así: “Dominación por el terror. Es voz de uso reciente.” Quince años más tarde, en 1884, se suprimió de la definición lo de “es voz de uso reciente”, y se sancionó el uso de una nueva palabra, terrorista, definiéndola como aquel que es “partidario del terrorismo”. Transcurridos cuarenta años desde aquella fecha, en 1925 se añadió una segunda acepción de terrorismo: “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. Casi sesenta años más tarde, en 1984, coincidiendo con el incipiente régimen democrático español, aumentó el número de acepciones de la palabra terrorista: 1) persona partidaria del terrorismo; 2) que practica actos de terrorismo; 3) perteneciente o relativo al terrorismo; 4) dícese del gobierno, partido, etc., que practica el terrorismo. Apenas un año más tarde, en 1985, se modificó también el lema terrorismo: 1) dominación por el terror; 2) sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror; 3) forma violenta de lucha política, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de temor e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general. Sin embargo, esta última acepción se eliminó en 1992, año del quinto centenario del descubrimiento de América y de las olimpiadas de Barcelona. El actual diccionario de la RAE define terrorista como 1) que practica actos de terrorismo; 2) perteneciente o relativo al terrorismo. La palabra terrorismo: 1) dominación por el terror; 2) sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. No obstante, este artículo está enmendado, y en la próxima edición del diccionario, la vigésima tercera, se aumentará con la siguiente acepción: actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

Hasta aquí, lo que ha dicho este diccionario a lo largo de 136 años. Pero ¿cuál es el origen de la palabra terrorismo? El concepto de terrorismo tiene sus raíces en el asesinato, el regicidio y el tiranicidio. Sin embargo, el origen de la palabra terrorismo se remonta a la Revolución Francesa, época en que eran frecuentes las ejecuciones por motivos políticos. Según la primera acepción del Oxford English Dictionary es “gobierno mediante intimidación, como el que ejercieron los que poseían el poder en Francia durante la Revolución de 1789-1797”.

Comenzaba este escrito hablando de la manipulación y del efecto sedante o excitante de las drogas. Ya he comentado en alguna ocasión que en la poesía se encuentran las más bellas y seductoras manipulaciones del lenguaje. El terreno sentimental es el más fecundo para los facundos. No en vano, los políticos —toda generalización es imprecisa, pero que cada cual generalice según convenga— apelan al sentimiento popular y a las grandes palabras como libertad y justicia, entre otras muchas, para conseguir su esperado fin: convencer a sus votantes y vencer a sus adversarios.

Estos tres últimos días se ha debatido mucho en el parlamento de España sobre terrorismo y lucha antiterrorista. En la trifulca protagonizada por el partido del gobierno y el principal partido de la oposición durante el debate sobre el “talante” de la Nación —corrijo, sobre el estado de la Nación. El Sr. Rodríguez y el Sr. Rajoy se enfrentaron y mostraron su desacuerdo en la forma para acabar con el grupo terrorista vasco conocido como E. T. A. Los medios de comunicación han hecho titular de una frase del presidente del Gobierno: “con el PP ya solo compartimos el dolor por las víctimas”. Hete ahí una apelación al sentimiento popular para evitar decir frases más contundentes del estilo a “con el PP no estamos de acuerdo en como terminar con E.T.A.” o “con el PP no compartimos nada”. Se habla de “normalización”, “pacificación” y “tregua” del País Vasco. Que yo sepa, no hay una guerra entre el País Vasco y España. ¿Por qué se emplean, cada cuatro por seis, las palabras “tregua” y “pacificación”? Acabar con el crimen organizado y la delincuencia tiene poco que ver con pacificar. Quien mata y organiza un asesinato comete un crimen y un delito. Los delincuentes delinquen, es decir, comenten delitos y por eso, se les juzga y, si procede, se les envía a la cárcel donde cumplen con el castigo que les corresponda según la ley. Un terrorista que mata a alguien, por lo general a sangre fría, comete un crimen y, por tanto, es un criminal, además con el agravante de intimidar a otros para que cambien su forma de vida o sus ideas políticas.

Los políticos tendrían que llamar a las cosas por su nombre y dejarse de eufemismos. Sería más conveniente que hablasen de apresar a los criminales e imponer las penas en función del crimen cometido. E.T.A. no mata, son los etarras quienes matan. E.T.A. son las siglas detrás de las que se esconden unos criminales para intimidar a sus adversarios y a la población en general. Para que luego digan que las palabras no tienen valor.

En 2017, la R.A.E. define terrorismo como: 1) dominación por el terror; 2) sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror y 3) actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

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Béla Bartók, humano como el resto de los mortales

“Lo triste es que me marcho con tantas cosas que decir.” – Béla Bartók (1881-1945)

Béla & BélaEra la mañana del 26 de septiembre de 1945. La Segunda Guerra Mundial había terminado hacía apenas cuatro meses con un benévolo saldo de cincuenta millones de muertos. El azúcar de uva fue el único alimento que lo mantuvo vivo en el West Side Hospital de Nueva York durante la última semana de vida: su dolorosa última semana. Cinco días antes, un repentino y siniestro descenso en la temperatura corporal, había hecho que su médico lo convenciera para ingresar en el hospital. Habían sido años de penurias para muchos millones de personas, principalmente en Europa. Él tampoco había sido una excepción. Al igual que otras muchísimas personas, había sufrido la sinrazón de una guerra cruenta y, como otras tantas más, se exilió en los Estados Unidos con su segunda esposa no sin antes cumplir su deber como buen hijo cuidando de su madre Paula: no fue hasta que ésta falleció en 1940 que se marchó de Hungría. Pero no fue la guerra la que lo hizo partir definitivamente de este mundo, sino la leucemia. En un periódico neoyorquino apareció la siguiente esquela:

“Béla, miércoles, 26 de septiembre, amado esposo de Edith Bartók, padre de Béla y Peter Bartók. Funeral en la Capilla Universal de la Avenida de Lexington con la Calle 52 el viernes 28 de septiembre a las 14:00.”

Béla Bartók, uno de los compositores más importantes de la música moderna, destacado etnomusicólogo y maestro de gran reputación, murió la mañana del 26 de septiembre de 1945 a los sesenta y cuatro años de edad.

bab1ebb376359c082c060d43171c28b7--music-composers-music-postersSe me hace imposible resumir con precisión la vida de una persona en unos pocos renglones. Ni un libro daría siquiera para una mera aproximación. Ningún libro puede plasmar fielmente la vida de nadie, pues la vida se vive individualmente a cada minuto, a cada segundo. A lo más que pueden aspirar las palabras es a fijar una idea sobre alguien, una idea de cuya verosimilitud jamás podremos estar seguros completamente. Sobre todo cuando se trata de recordar a esos grandes personajes de la historia que nos asombran por alguno de sus logros. Los seres humanos somos a veces tan sintéticos que identificamos la vida de una persona con un titular, creando así, en muchas ocasiones, un mito. Pues bien, todos esos grandes personajes fueron y son humanos, tan humanos como el resto de los mortales, con sus vivencias ocultas, sus vivencias privadas y sus vivencias públicas (las menos abundantes). Dudo mucho que Béla Bartók, aun siendo muy consciente de su valía e incluso genialidad como compositor, jamás considerase que pasaría algún día a la historia o que alguien lo incluyera en el grupo de Las Cinco Bes setenta y dos años después de muerto. De hecho, su nombre es desconocido para la mayoría de personas en el planeta Tierra. Solo aquellas que han estudiado música, si acaso, hayan oído alguna vez hablar de él o incluso hayan interpretado su peculiar Mikrokosmos, ese particular mundo de Bartók para los aprendices de piano.

Bartok FamilyBartók, cuya música ha sido tachada de inhumana por muchos —yo mismo, equivocadamente, también lo he pensado en algún momento—, fue humano como el resto de todos nosotros. Se casó dos veces. De su primer matrimonio con Márta Ziegler en 1909 —ella tenía 16 años entonces— nació Béla Bartók junior. Juntos pasarían la Primera Guerra Mundial, pero con los años el matrimonio se fue a pique. El verano de 1923 fue una época personalmente convulsa para Bartók: su matrimonio con Márta estaba irremediablemente roto. En Hungría el divorcio estaba regulado por la Ley de Matrimonio de 1894 en la que se establecían dos tipos de faltas legales para poder divorciarse: una absoluta, que incluía el adulterio; otra relativa, que incluía una “grave violación de los deberes conyugales”. Obviamente, Bartok debió de reconocer alguna de las dos faltas, pues el divorcio se consumó rápidamente. Aquel verano, Bartók se había sentido muy atraído por una de sus alumnas de piano, Edith Pásztory (1903-1982). Ditta, como generalmente se la conocía, era la hija de un maestro de matemáticas y físicas de instituto y de una profesora de piano. Ditta y Béla se casaron. Márta, a pesar de los traumáticos eventos por los que había pasado, continuó trabajando de copista para Bartók, lo cual prueba que su divorcio había transcurrido sin abierta acritud. Un par de años más tarde, ella también volvería a casarse, en esta ocasión con un ingeniero, Károly Ziegler.

Ditta y Béla tuvieron un hijo, Peter. El matrimonio hizo giras internacionales interpretando la música de Bartók. Fue Ditta quien contribuyó a difundir la música de su marido, y al igual que Bartók hiciera con su primera esposa en sus años de juventud, a Ditta también le dedicó alguna de sus obras, en concreto, el Concierto para piano n.º 3, que Bartók compuso en sus últimas semanas de vida como regalo de cumpleaños. Murió antes de poder entregárselo a Ditta, dejando sin orquestar los últimos 17 compases.

De la integridad y capacidad de trabajo de Bartók nos han quedado, afortunadamente, testimonios. En 1944, estando Bartók ya muy enfermo, abatido, deprimido, un afamado violinista se le acercó y le pidió que escribiera algo para él. Bartók no solo escribió algo, sino que le escribió una obra maestra:

“Supe que Bartók atravesaba problemas financieros, que era demasiado orgulloso para aceptar ayuda, que era el más grande de los compositores vivos. Sin perder un momento, la misma tarde en que nos conocimos le pregunté si podía encargarle que compusiera una obra para mí. Le dije que no tenía que ser algo en gran escala. No esperaba un tercer concierto, sino una obra para violín sólo. No preví que escribiría para mí una de las obras maestras de todos los tiempos. Pero reconozco que cuando la vi, en marzo de 1944, me sentí vulnerado. Me pareció prácticamente imposible de ejecutar. Esta impresión inicial y precipitada resultó errónea: la sonata es sumamente interpretable, está bellamente compuesta y es una de las obras más dramáticas y logradas que conozco, la composición más importante para violín solo desde Bach.”

Aquel violinista era nada más y nada menos que Yehudi Menuhin (1916-1999) y la obra a la que se refiere es la Sonata para violín solo.

¿Quién fue entonces Bartók? Para algunas personas, era frío, carente de inteligencia emocional, distante, retraído, matemático, antipático, pedante, mordaz y sin sentido del humor; para otras, en cambio, Béla Bartók era cálido, apasionado, simpático, cariñoso, comprometido y jovial. ¿Cómo es posible que el mismo hombre suscitase respuestas completamente contradictorias? Bueno, Bartók era tan humano como cualquiera de nosotros. Incluso se ha llegado a sugerir que padecía el síndrome de Asperger. Sin embargo, tanto sus detractores como sus seguidores, todos ellos coinciden en algo: Bartók era sincero, íntegro, exigente, igualitario, industrioso y carente de toda motivación por el éxito material. Su gran amigo de toda la vida, el también compositor Zoltán Kodály (1882-1967), lo expresó muy claramente refiriéndose a Bartók: “A pesar de que fuera cierto que estas características emergieran por momentos, un hombre no es tan sencillo como un fenómeno de modo que su secreto eterno pueda ser resuelto mediante una etiqueta con algunas pocas líneas escritas en ella”.

Y aún hay algo más, tan humano como Bartók era, la paradoja es que la obra de su vida es, sencillamente, sobrehumana.

Obras recomendadas:

Seis cuartetos de cuerda, 1909-1939.
Concierto para orquesta, 1943.
Sonata para violín solo, 1944.
Concierto para piano n.º 3, 1945.

Bibliografía recomendada:

El mundo de Bartók, Malcolm Gillies. Adriana Hidalgo Editora, 2004.
Béla Bartók (en inglés), David Cooper, Yale University Press, 2015.

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Música ficta, réquiem y grandeza

“Desconozco qué extraños y misteriosos códigos hacen que un hombre, muerto hace siglos, pueda comunicar con nitidez sus vivencias más profundas a las generaciones que lo han sucedido. Supongo que en eso radica, en último término, la grandeza del Arte.” – Raúl Mallavibarrena (Oviedo, 1970)

Musica Ficta - RequiemLa emperatriz María de Austria, hija mayor de Carlos I (V de Alemania) e Isabel de Portugal, murió en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid en 1603 después de media vida en el extranjero, 15 hijos y años de rencillas con el hombre más corrupto de Castilla, el primer Duque de Lerma. María había nacido 75 años antes en el Alcázar Real de Madrid que desaparecería, dos siglos más tarde, entre las llamas de un incendio devastador del que sería testigo el compositor Domenico Scarlatti en 1734. (El actual Palacio Real de Madrid se erige sobre lo que fue el Alcázar.)

El retiro de María de Austria en Las Descalzas Reales estuvo acompañado por la música del abulense Tomás Luís de Victoria (1548-1611), quien fue capellán de Las Descalzas desde 1586 hasta la muerte de la emperatriz. Y fue en ese lugar donde Tomás Luís de Victoria compuso su Officium Defunctorum, el conocido réquiem en memoria de la emperatriz que había sido mecenas de las artes y de su música durante muchos años. Este réquiem puede que no sea su última composición, pero sí que es la última obra que Victoria editó en 1605, dos años después del fallecimiento de María de Austria. A las partes correspondientes de la Misa de Difuntos, Victoria añadió una Lectio a cuatro voces sobre un texto de Job, Versa est in luctum, y el responsorio Libera me.

El Officium Defunctorum es una obra que ha sido grabada e interpretada por numerosos conjuntos vocales y, ciertamente, la grandeza de esta música reside en todas esas profundas vivencias que comunica a quien tiene oídos para escucharla. No en vano, más de cuatro siglos ya han transcurrido desde que Tomás Luis de Victoria la compusiera y sigue siendo un testimonio único de una época lejana que para la mayoría de personas del siglo XXI puede resultar aún extraña.

En 2017, con motivo de su 25º aniversario, el conjunto vocal Musica Ficta grabó una nueva versión del réquiem de Victoria para el sello Enchiriadis, la segunda grabación después de la que hicieron en 2002 de esta misma obra. ¿Por qué “otra” nueva versión? Raúl Mallavibarrena, director de Musica Ficta lo expresa muy bien cuando dice que su pretensión es hacer música como le gustaría escucharla en cada momento, difundiendo con humildad el patrimonio musical más pretérito. La versión de 2002 parece que fue “exitosa en lo comercial y en lo personal” para Raúl Mallavibarrena. Su planteamiento interpretativo entonces era presentar un Victoria “pétreo, duro, guiado por el negro pesimismo del texto y conducido por el abatimiento de una música casi abisal, que parecía emanada de la boca misma del fin de los días y las cosas”.

Yo he tenido la oportunidad de escuchar ambas versiones y comparto aquí mi opinión. Y lo hago para todas esas personas profanas en la música antigua —las iniciadas quizás ni se detengan a leer “otra” opinión más sobre “otra” enésima versión—, pues me gustaría humildemente contribuir a la difusión de esta música. No voy a hablar en términos de mejor o peor, bueno o malo. Voy a hablar de “preferencias”, y tengo claro que la versión con la que más conecto es la más reciente, el réquiem de 2017. La grabación de 2002 me resulta más “ceremonial”, de hecho las voces están acompañadas por órgano y bajón —instrumento renacentista, antecesor del fagot, que se utilizaba para acompañar el canto llano. Nada en contra de lo “ceremonial”. Sin embargo, la versión de 2017 me parece más cercana, menos extraña, más sencilla —no va acompañada de ningún instrumento—, menos “litúrgica” —aun siendo música religiosa—. Si pudiera elegir solo una de las dos versiones, me quedaría con el réquiem de 2017. Probablemente, Raúl Mallavibarrena haya encontrado en mí un oyente interesado en esta nueva versión, y eso quizás le recompense, y más aún si con mis palabras muevo a alguna otra persona a abrir los oídos a nuevas y remotas músicas.

Sí, otra vez, el réquiem de Victoria. En último término, ¡la grandeza del Arte!

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Las cinco bes

The Young Johann Sebastian Bach, painted in 1715 by J. E. Rentsch, the Elder

Johann Sebastian Bach

En la historia de la música de concierto occidental suele hablarse de las tres bes: Bach, Beethoven y Brahms. Esas célebres tres bes, originalmente las acuñó el compositor y escritor alemán Peter Cornelius (1824-1874) en el año 1854, pero en lugar de Brahms, Cornelius situó al compositor francés Hector Berlioz (1803-1869). Años más tarde llegó el afamado director de orquesta Hans von Bülow (1830-1894), quien tachó de la lista a Berlioz para añadir a Brahms… Y fue así como Johann Sebastian Bach (1685-1750), Ludwig van Beethoven (1770-1827) y Johaness Brahms (1833-1897) quedaron indisolublemente unidos en la historia de la música occidental como la Santísima Trinidad. Sin duda, en la incorporación de Brahms a esta lista tuvieron mucho que ver las palabras que Robert Schumann (1810-1856) dedicó a Brahms señalándole como “el verdadero sucesor de Beethoven”.

Ludwig van Beethoven

Ludwig van Beethoven

Obviamente, esta lista de tres tenía una carga germana muy obvia. Los tres compositores nacieron en el ámbito alemán. Bach nace en Eisenach, desarrolla toda su carrera entre Turingia y Sajonia, es decir, en el centro de la actual Alemania; Beethoven nace en Bonn, pero desarrolla la mayor parte de su carrera en Viena (por aquel entonces capital del Imperio austrohúngaro); Brahms nace en Hamburgo y, al igual que Beethoven, desarrolla su carrera en Viena. Ninguno de ellos fue contemporáneo: Beethoven nació veinte años después de la muerte de Bach; Brahms seis años después de la de Beethoven. Bach influyó enormemente en Beethoven (sobre todo en las obras de su etapa madura); la influencia de Bach y Beethoven en Brahms es más que evidente.

Brahms
Johannes Brahms

Esas tres bes han dominado la historia musical desde la segunda mitad del siglo XIX hasta casi nuestros días. Me atrevo a decir que “las tres bes” no son más que el síntoma de una cultura musical centrada en Alemania y Austria. Sin embargo, a medida que va concluyendo el siglo XIX y durante el siglo XX, las reglas de juego cambian. La música se descentraliza… Y por eso hablo de “Las cinco bes”: Bach, Beethoven, Brahms, Bartók y Britten.

Béla Bartók

Béla Bartók

El compositor húngaro Béla Bartók (1881-1945) nació en vida de Brahms y sus obras tempranas están muy influidas por Brahms, aunque luego desarrolló un lenguaje muy particular y único que hace que su música sea difícil de categorizar. Bartók fue testigo del desmoronamiento del Imperio austrohúngaro —nació en la Austrohungría de la época; en la actualidad, la ciudad en la que nació y otras en las que residió no pertenecen a Hungría, sino a Rumanía y Eslovenia, por ejemplo— y de dos guerras mundiales durante el siglo XX.

Benjamin Britten

Benjamin Britten

El británico Benjamin Britten (1913-1976) nació 32 años más tarde que Bartok, así que compartieron sus pasos sobre la Tierra durante unos treinta años más o menos. Al igual que Bartók, Britten desarrolló un lenguaje musical único. Las personas que no hayan escuchado mucho la música de estos dos compositores, es probable que vean más similitudes entre ellos dos que entre ellos y los tres que les preceden. No en vano, Bartók y Britten compusieron sus obras importantes durante el siglo XX y, sin duda, eso es algo que les une. Ambos compositores beben de las fuentes de Bach, Beethoven y Brahms, si bien luego crean un lenguaje musical muy distinto al de los tres alemanes.

Así pues, las cinco bes (Bach, Beethoven, Brahms, Bartók y Britten) es una lista a la que quizás en el futuro se una algún que otro músico. El pobre Hector Berlioz quedó relegado de la lista hace más de 150 años y yo tampoco lo incluyo en esta. Considero que son esas “bes” y no otras las que merecen estar juntas. La historia musical que esté por llegar ya no será exclusivamente alemana ni siquiera europea. Y quizás tampoco nadie hable de las cinco bes más que yo en esta página.

Recommended Works:

Bach – Conciertos de Brandemburgo

Beethoven – Novena Sinfonía

Brahms – Concierto para piano n.º 2

Bartók – Concierto para orquesta

Britten – Réquiem de guerra

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El chiismo

(Artículo escrito originalmente en abril de 2004 que publico después de 13 años tras alguna que otra consideración)

ReligionesCuando elijo un tema sobre el cual escribir, lo hago más por el placer de ejercitar mi mente y recrearme con lo que escribo —supongo que si no escribiese utilizando el ordenador, también lo haría como ejercicio caligráfico—, que por conocimiento profundo del propio tema.

Así me ocurre con el chiismo y los chiitas, de quienes he oído hablar, sin prestar atención, prácticamente desde que era niño y quienes parecen haberse puesto de moda últimamente con este controvertido asunto de la guerra de Irak. Cuando eres pequeño lo de chiíta te suena un poco más como a Chita, la mona graciosa de Tarzán, el de los monos. Luego, cuando creces y por alguna razón inoportuna —léase el continuo “bombardeo” de noticias sobre la situación en Irak y, por extensión, el Islam, el terrorismo islámico, Israel, Palestina y compañía— no dejas de escuchar en boca de todo el mundo eso de los chiitas, el chiismo, los sunnitas, el islamismo, los islámicos, los islamistas, etc., te entra la curiosidad de averiguar qué es eso del chiismo. Y eso mismo es lo que hice ayer de una vez por todas después de tantos años de confusión entre Chita, los bombardeos, la madre de todas las batallas y la madre que parió a todos. El chiismo es un término que proviene del árabe chiah, secta, o de chií, seguidor. Se trata, pues, de una corriente interna minoritaria del Islam que, por ser considerada heterodoxa o herética por la mayoría de los musulmanes, ha sido marginada en los países islámicos, excepto en Irán, donde son mayoría y donde, en 1979, se instauró, bajo el liderato del ayatollah Jomeini, una república islámica siguiendo las directrices islámicas del chiismo.

Pero el origen del chiismo se remonta al año 656, cuando Alí ben Abú Taleb, primo y yerno del profeta Mahoma, se opuso a la sucesión sostenida por la aristocracia mercantil de La Meca. Alí murió asesinado en el año 661 y, entonces, comenzó a hincharse toda esta balumba de la que somos testigos hoy. Resulta que cuando tiras de una hebra, sacas el hilo de la historia tejida durante los siglos para comprobar que las cosas vienen de antaño. Al parecer, los chiitas creen en el regreso de un salvador, El Madhi, último Imán desaparecido, quien a su vuelta instauraría el reinado de la justicia y de la paz. En espera de ese momento, los chiitas a diferencia de los ortodoxos sunnitas, se rigen bajo la autoridad del imán, un guía infalible, juez en las cuestiones teológicas y jurídicas del Corán.

No puedo hacer alarde de conocimiento del Islam, a pesar de que he visitado con frecuencia países de cultura islámica en mayor o menor grado: Turquía, Egipto, Túnez y Marruecos. Es verdad que también he leído la traducción al castellano del Corán, de igual forma que he leído dos traducciones al castellano de la Biblia así como una de las versiones inglesas. Lo hice hace algunos años como ejercicio lingüístico y no como devoción por unos textos sagrados. Ello me sirvió para analizar las contradicciones en que se incurre al interpretar ambos textos, coránico y bíblico, de forma literal. Podríamos llamarlos Los Libros de las Contradicciones. Dicho de otra forma, el análisis lingüístico comparativo me sirvió para creer más en la persona como hacedora de su destino que como seguidora de un mesías, sea este de origen cristiano o musulmán. Me considero una persona esotérica, entendiendo el término esotérico en su acepción etimológica (esoterikós significa “interior” y proviene de éso, “dentro”). Con todos mis respetos por aquellas personas que vivan su fe o su religión — sea esta cristiana, judía o musulmana— con fervor y respeto hacia los demás, debo decir que, ante la balumba de la que hablaba antes y que mi conocimiento no alcanza a comprender, encuentro igual de primitivas o absurdas algunas manifestaciones religiosas provenientes tanto de Oriente como de Occidente. Estrictamente, es igual de absurdo ver a un judío dándose golpes en la cabeza contra un muro, como ver a millones de musulmanes aplastándose y tirando piedras mientras giran alrededor de una construcción o como ver a un niño colgando de una cuerda representando a un ángel (así sucede en algún pueblo de España, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme, sino que realmente no me acuerdo).

Contacto con la cultura islámica y con personas de origen musulmán he tenido en mayor o menor grado y en todas las variedades que se pueda imaginar, lo cual ha contribuido a formarme una opinión: he vivido muy de cerca la ira de un moro argelino fanático y maltratador, la suciedad de los mercados de Alejandría, los rezos incomprensibles en las mezquitas de Antalia, he preferido sentarme con egipcios ­—antes que con europeos— compartiendo mesa y comida en el palacio de El Cairo que Nasser construyó para que la emperatriz Beatriz de Francia pasara una única noche y viera el amanecer ante las mismísimas pirámides, he visto la pobreza y la picaresca en Casablanca…

Uno de los acontecimientos que me han ayudado a formarme una opinión sobre ese asunto tan recurrente de la contraposición entre Occidente y Oriente fue la Conferencia del Mediterráneo y la Infancia celebrada en Génova a principios de este año 2004. Por aquel entonces trabajaba yo en el barco en que dicha conferencia tenía lugar. Daría para escribir un libro hablar ahora de lo que allí viví. Sin embargo, haciendo un ejercicio de simplificación y con todas las imprecisiones que de ella se puedan derivar, diré que para mí fue un fiel reflejo del absurdo. Allí estaban congregadas personalidades y expertos de países árabes, Europa y América. Siendo una conferencia sobre la infancia, me llamó la atención que la media de edad de las personas que allí estaban sobrepasara, con seguridad, los 50 años. Curiosamente, los representantes de los países árabes eran los más jóvenes. Jamás olvidaré las breves pero enriquecedoras conversaciones que mantuve con algunas representantes árabes ­—es curioso, pero casi siempre me entiendo mejor con las mujeres. Tampoco olvidaré el boato innecesario y las medidas de seguridad con que recibíamos a las grandes personalidades como Romano Prodi, entre otros. Me viene ahora a la memoria la estupidez de una de las ponentes italianas que, no sé si porque realmente era importante o porque se lo creía, se quejaba indignada en la Recepción del barco porque las maletas no le habían llegado aún al camarote y quería llamar a la policía porque eso lo consideraba un secuestro. Para intentar sacar del apuro a la recepcionista que estaba aguantando el chaparrón, me acerqué a la reputada señora italiana para explicarle que su maleta llegaría al camarote en breve una vez que hubiese pasado el control de seguridad ­—por cierto, la seguridad del barco estaba en manos de israelíes­—, no recuerdo muy bien cuál fue su respuesta pero sí recuerdo lo que yo pensaba cuando estaba hablando con ella: “Señora, es usted gilipollas y no sé por qué estará aquí ni si será muy importante, pero desde luego como el desarrollo de la infancia dependa de usted, los niños del tercer mundo lo llevan tan claro como las aguas del Nilo a su paso por El Cairo”. ­Naturalmente, por estricta diplomacia, no le dije a la cincuentona lo que de ella realmente pensaba. Me di la vuelta y muy cortésmente, vamos, muy diplomático, me marché. Recuerdo que al día siguiente me la encontré por uno de los salones y le pregunté ­—no sé si por diplomacia o por el mero placer de “chinchar”­— si todo había sido de su agrado y que si había recibido las maletas a tiempo (yo sabía que ya las tenía en el camarote antes de subir de la recepción al camarote), la señora me miró ensoberbecida consciente de que había metido la pata, pero sin pedir disculpas. Entonces, comprendí que cabía la posibilidad de que el día anterior me hubiera leído el pensamiento y, al saber que la consideraba una gilipollas, se negó como una ídem a pedir disculpas.

Esto no dejan de ser meras anécdotas. Desconozco si el resultado de aquella conferencia fue provechoso o no, pero desde luego para mí fue muy revelador el hecho de que una semana después, el lujoso barco en que tan digna conferencia había tenido lugar, fuera detenido por las autoridades francesas en Marsella. La compañía naviera de la que su orgulloso presidente tanto presumía a bombo y platillo durante la conferencia se fue, nunca me mejor dicho, al garete, a pique. Quizás ese también haya sido el resultado de la susodicha conferencia, como el de las sempiternas negociaciones entre palestinos e israelíes, el de las luchas entre Occidente y Oriente y las encendidas rencillas entre chiitas y sunnitas, fundamentalistas, integristas y reformistas.

¡Y de chiismo quería hablar yo!

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En memoria de Schumann

Fue un 29 de julio de 1856. Clara y Juan salían de la habitación de aquel hospital mental en Endenich para ir a recoger de la estación de tren a José. Clara ignoraba que al salir por la puerta de aquella habitación junto con el amigo que estaría a su lado hasta el fin de sus días, esa sería la última vez que vería a su esposo Roberto con vida. Roberto, quien llevaba ya dos años internado en ese lugar después de haberse arrojado a las frías aguas del Rin para acabar con su vida, esa misma tarde, mientras su esposa y su fiel amigo Juan esperaban en la estación a José, rindió su vida a la terrible locura que lo había poseído. Tenía 46 años. Estaba solo cuando murió. Clara, al regresar con sus dos amigos, abrió los ojos con estupor al ver el cuerpo de Roberto yerto e inerte. Juan y José no pudieron consolar siquiera el llanto de esa mujer de 37 años que quedaría viuda y con siete hijos. Ella vestiría de riguroso luto durante el resto de su vida y se dedicaría a difundir la obra de su esposo junto con los dos fieles amigos que la acompañaron aquella tarde. Aquel día, Clara ignoraba igualmente que sobreviviría a Roberto cuarenta años y que el día de su muerte, en 1896, Juan, catorce años más joven que Clara, lloraría amargamente su pérdida y exclamaría: ¡Ya no me queda nadie en este mundo! Él murió apenas un año más tarde. José los vio morir a ambos. En 1907, la actinomicosis se llevaría también al último de los amigos.

Robert Schumann (1810-1856), compositor

Robert Schumann (1810-1856)

PERSONAJES:

Roberto: Robert Schumann (1810-1856), pianista y compositor.

Clara: Clara Schumann (1819-1896), pianista y compositora.

Juan: Johannes Brahms (1833-1897), pianista y compositor.

José: Joseph Joachim (1831-1907), violinista y compositor.

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Bohuslav Martinu, el compositor checo por descubrir

“No puedo expresar la alegría que siento cuando comienzo a escribir música de cámara -la alegría con la que dirijo las cuatro voces… Uno se siente como en casa en un cuarteto, íntimo, feliz. Fuera está lloviendo y cae la noche, pero las cuatro voces no prestan atención; son independientes, libres -hacen lo que les place y aún así hacen un armonioso conjunto, crean algo, como una nueva entidad, una nueva y bases y un todo armónico; hago hincapié en esto, pues es tan raro en esta época en este mundo.”

MartinuCon estás palabras, Bohuslav Martinu (1890-1959) nos introduce en el ecléctico mundo de sus seis cuartetos de cuerda. No puedo decir que sea un gran conocedor de la música de Martinu. Mi breve relación con su música comenzó hará unos dos años cuando compré un cedé con sus sinfonías números 5 (H310) y 6 (H343) y las Invenciones (H234) interpretadas por la Orquesta Filarmónica Checa dirigida por Václac Neumann para el sello Supraphon. Sin embargo, he de confesar que no era esa mi primera opción. En realidad quería comprar un cedé con los cuartetos para cuerda, pero, no había quien los encontrara -cosa extraña- en la tienda que suelo frecuentar en Madrid: La Quinta de Mahler. Así que me decanté por ese cedé y, entonces, dos años más tarde, en la misma tienda, mientras echaba un vistazo a otros cedés, di con una grabación de la integral de los cuartetos para cuerda interpretados por el Cuarteto Panocha. No me lo pensé ni un segundo; lo compré, porque esa grabación del Cuarteto Panocha está muy bien considerada entre muchos de los conocedores de la música de Martinu.

En los dos últimos días, he escuchado los seis cuartetos solo una vez. Y puedo decir que empecé a engancharme con la música de Martinu a partir del segundo cuarteto. Por alguna razón, los números 3, 4, 5 y 6 me resultaron más atrayentes para mis oídos. Eso no implica que no me gusten los dos primeros cuartetos. Cierto es que el primero de ellos, el conocido como Cuarteto francés debido a la influencia de Debussy y Ravel sobre Martinu, es el que menos me gusta, aunque eso solo tiene que ver, supongo, con mi gusto personal. No soy muy forofo de la música de Debussy. El cuarteto n.º 2 fue el que cambió las reglas de juego para Martinu y creo que uno lo nota cuando escucha la integral de los cuartetos.

Bohuslav Martinu escribió casi 400 obras. Fue un compositor prolífico, pero sigue siendo desconocido para la mayoría de personas. Y estoy convencido de que entre todas sus obras habrá obras maestras de las que podamos disfrutar. Por eso decidí escribir este breve artículo: para animarte a que descubras la música de Martinu, sobre todo si aún no la conoces.

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La grandeza de las personas

Oliver blogLa grandeza de las personas… Esa es una de las razones por las que decidí dedicarme al coaching, a la formación. Creo firmemente en el potencial humano. Ciertamente, hay momentos en los que a uno le asaltan las dudas sobre la validez de sus principios y valores. Las personas somos capaces de muchas cosas; unas buenas, otras malas. Y resulta difícil mantenerte firme en tus convicciones y ver la grandeza de las personas cuando lo que te rodea no se corresponde con la idea que tienes de esa grandeza. Cuando decidí hacerme autónomo para dedicarme a lo que me dedico, había cuatro áreas por las que quería que se me conociera, cuatro áreas en las que yo encontraba esa grandeza de las personas: la lengua, la música, la mundialización y el coaching.

Ahora, unos años más tarde, y tomando como cierta la hipótesis de trabajo de que la grandeza humana existe, dedicaré los próximos tres meses a plasmar esa grandeza y, en su momento, la compartiré aquí, en esta página. Para ello me serviré de mi cámara y de mi pluma. Quien quiera contribuir aportando ideas o imágenes que representen la grandeza del ser humano, puede hacerlo dejando comentarios en este blog o poniéndose en contacto conmigo por correo electrónico, Skype, Facebook o Twitter.

¡Manos a la obra!

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Love Tomorrow, Amor mañana

Las interpretaciones son libres y, quizás, demasiadas. Tantas como como personas en este planeta, tantas como estados de ánimo de esas personas. Cuando miro un dibujo o un cuadro, cuando escucho una obra musical, constantemente he de recordarme a mí mismo esa subjetividad: ¿Es esto de veras lo que el artista quiere decir? Tendemos a olvidar lo que hay detrás del escenario. Entre bambolinas siempre hay un ser humano, el creador de una obra de arte. Un ser humano, una persona con toda su particular experiencia vital, sentimientos, emociones y expectativas. Una persona cuya vida apenas alcanzaremos a comprender…

Amor mañana, dibujo a pluma de Elisaveta Sivas

"Amor mañana", dibujo a pluma de Elisaveta Sivas

Amor mañana… ese es el título de un dibujo y collage de Elisaveta Sivas. ¿Qué veo cuando miro este dibujo en blanco y negro? Veo un hombre, ahí sentado, mirando a una mujer. Ese hombre podría ser yo. Soy yo pensando en el amor, contemplando a esa mujer. Esa mujer me mira fijamente. Quiere que la vea. Está desnuda, mostrándome su hermoso cuerpo. Es como si yo quisiera levantarme y dejar de contemplarla para convertir esa escena en algo real, para hacer el amor hoy, ahora, no mañana. Y también hay muchas otras mujeres dentro de esa única mujer. En el fondo, ella está luchando. Quiere estar con ese hombre, pero a la vez le da la espalda. Ella se sienta y vuelve la cabeza para no verlo o, quizás, para que él la vea. Quiere liberarse y abrirse a la espiritualidad. Sin embargo, también quiere vivir su Eros, su primitiva sexualidad. A ese hombre ahí sentado (yo) lo corona un ángel. Tengo todas las bendiciones divinas para amar a esa mujer. Pero se requiere acción. Son dos quienes han de encontrarse. Ahí sentado, no hay amor hoy, sino quizás mañana. Un mañana constante que nunca llega…

"Amor mañana (en color)", collage de Elisaveta Sivas

"Amor mañana (en color)", collage de Elisaveta Sivas

Y entonces surge el color que difumina esa sexualidad primitiva. Los colores traen alegría y montones de nuevos matices que quizás escondan ese instinto sexual tan presente en blanco y negro. La vida no está solo en blanco y negro. Es de colores. Pero el blanco y negro tambien son colores a los que hay que hacer caso. ¿Has notado ese pequeño caballo delante de los libros en la estantería? ¿Qué querrá decir? ¿Un caballo? ¿Serán quizás las emociones (caballo) que cubren la intelectualidad y el conocimiento (libros)? Solo se trata de mundos diferentes que quieren unirse. Las emociones impregnan la intelectualidad y el conocimiento. La intelectualidad y el conocimiento probablemente impidan al hombre (yo) levantarse y unirse a esa mujer. El hombre quiere amar a esa mujer, en blanco y negro y en color. Todas esas mujeres que conforman esa única mujer hermosa, todas ellas, se unen también para convertirse en la novia de un hombre coronado por el ángel divino. Emociones, intelectualidad, conocimiento, hombre y mujer, todos tendrán que superar su miedo al hoy para hacer de ese amor mañana un amor hoy, ahora.

Dije que las interpretaciones son libres y demasiadas. Y sé que es imposible que yo desentrañe completamente los mundos interiores de una artista, de una persona. Pero siempre podré obrar mi interpretación para hacer que el ahora sea eterno, para hacer que el hoy sea el amor eterno que llega mañana… Recuerda: este hombre podría también ser tú contemplando ese dibujo, leyendo estas palabras e interpretando los muchos mundos en que vivimos. ¿Y esa mujer? Esa mujer es amor hoy y siempre.

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MÁS OBRAS DE ELISAVETA SIVAS:

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La Quinta de Mahler, Zelenka y Bach

Zelenka y BachA estas alturas del siglo XXI, parece que comprar un CD es un acto raro, y si encima es de música renacentista o barroca, más raro todavía. Parece que la gente prefiere bajarse la música de la Internet; cuando no, piratearla. Así que las tiendas de música han ido cerrando y pocos son quienes se plantean abrir una tienda dedicada a la venta de cedés y, menos aún, si son cedés de los que la mayoría de personas conocen como “música clásica”. Sin embargo, eso es lo que hizo Juan Lucas en pleno centro de Madrid: abrir una tienda dedicada no solo a la venta de cedés de música clásica, sino también a actividades (cursos, recitales, conferencias…) relacionadas con la música y la cultura. La Quinta de Mahler (LQM) es uno de los lugares que frecuento desde que llegué de unas expediciones por el Ártico en 2014 y que he mencionado en algunos de mis artículos (Del Ártico, la Quinta y la escuchaScott Joplin, de la superstición al conocimientoDe Smetana, de mi vida y de las eleccionesMarie Jaëll, la compositora olvidada). Sí, es posible que yo sea uno de esos raros que aún compra cedés… Siempre que he ido, me han tratado y aconsejado muy bien. José Velasco y Blanca Gutiérrez son las personas que os encontrareis allí si visitáis esta tienda, algo que os recomiendo si tenéis la suerte de estar en Madrid. Aquí os dejo el vídeo LQM – La Quinta de Mahler:

Una de las últimas veces que estuve allí, me fui con dos recomendaciones que me hizo José Velasco y que quiero compartir aquí. Las Sonatas ZWV 181 de Jan Dismas Zelenka (1679-1745) interpretadas por Collegium 1704 dirigidos por Václav Luks, en el sello musical ACCENT. Se trata de un cedé publicado en abril de 2017. El conjunto Collegium 1704 está especializado en música de Zelenka (el nombre del conjunto viene del año de la primera representación de música de este compositor bohemio de la que se tiene constancia: Via Laureta). Las sonatas, seis en total, están escritas para dos oboes, fagot, violín (la sonata n.º 3) y bajo continuo. Los intérpretes son Xenia Löffler y Michael Bosch (oboes), Jane Gower (fagot), Helena Zemanova (violín), Ludek Brany (contrabajo), Shizuko Noiri (laud) y Václav Luks (clave). Curiosamente, algunos de los fragmentos de estas sonatas me recuerdan —¿será solo a mí? a la Ofrenda musical de Johann Sebastian Bach, obra que Bach compuso mucho después que la de Zelenka.

La siguiente recomendación que me hizo José fue una grabación para el sello Outhere de las las Suites para violonchelo de Johann Sebastian Bach (1685-1750). Grabaciones de estas suites hay muchas, pero esta tiene algo muy especial: su intérprete, Dmitry Badiarov, utiliza un cello da spalla, un violonchelo de menor tamaño que se toca como si fuera un violín. Y la verdad es que suenan muy bien. Hay musicólogos que incluso creen que Bach compuso estas obras para un violonchelo de estas características…

En fin, espero que disfrutéis tanto de La Quinta como de Zelenka y Bach.

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