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Extraño escritor este, extraño lector yo

EXTRAÑO ESCRITOR ESTENos estrechamos la mano. Era su cumpleaños. Una tarde calurosa de junio en una caseta del Retiro madrileño. Yo había ido allí porque a A. le habían publicado dos libritos en una colección de brisas andaluzas —a él, que es castellano viejo, bueno, leonés— y gobierna. No soy de que me firmen nada. Quiero decir, que no colecciono autógrafos ni dedicatorias. Sin embargo, le pedí que le dedicara los dos libritos a mi sobrino, que pronto cumplirá siete años. De camino a la caseta había pensado que no estaría mal que algún día, dentro de a saber cuántos años, a mi sobrino acaso le diera por leer alguno de esos dos libritos. Claro, eso si para cuando yo muera, todos esos libros que atesoro no acaban antes en la basura o en algún baratillo sin que nadie siquiera se digne hojearlos. Un destino muy probable. Los libros de muerto, como su ropa, estorban y, lo peor de todo, ocupan lugar, como el saber: ¿pues quién a estas alturas se cree ese cuento de que el saber no lo ocupa? En esas cábalas andaba yo antes de encontrarme con A. Cuando por fin le entregué los dos librillos para que los firmara, le dije: “Dedícaselos a mi sobrino, se llama Oliver, tiene seis años. Es el único heredero que tengo y, si los libros que poseo no acaban en la basura cuando me muera, quizás los lea algún día.” A., que es complaciente, le dedicó el primero, pero al tomar el segundo dijo: “Este te lo dedico a ti”. Y con los dos libritos que me fui a mi olivo. Luego, al leer el que me había dedicado, una colección de artículos escritos doce años antes, supe que las cosas no ocurren por casualidad: “siempre supe que estos articulitos, de tener lectores algún día, sería muchos años después. Ha llegado ese momento. Y tampoco muchos lectores. Me basta con uno. Me basta contigo”. Extraño escritor este; extraño lector yo.

Ahora que han pasado tres días desde aquel encuentro, llego a tres conclusiones: a fecha de hoy sólo tengo un heredero, no hago aprecio de las firmas y sí, atesoro esa amistad que no requiere de frecuencia para que A. y yo, en alguna parte, alguna vez, compartamos nuestras parrafadas.

Y mientras tanto, la vida pasa como brisa que mueve la gobierna de nuestras ilusiones y anhelos.

Michael Thallium

Los premios del mejor teatro del universo

Captura de pantalla 2022-06-08 a las 14.13.51Cuando el que dicen ser el mejor teatro del universo —título que le fue concedido por un comité de expertos cientificopolíticos— decidió instaurar sus premios, nadie pensó que el Gran Monarca Europeo, presidente de honor del patronato del mejor teatro del universo, no acudiría a la primera gala de entrega de premios, unos premios que, sin duda, nacían con vocación de continuidad. La muy televisiva presentadora Xana Buruigitar hizo de maestra de ceremonias. La gala comenzó con algunos minutos de retraso y con algunas calvas —no  las que coronan las cabezas de algunos ilustres caballeros, que haberlas las hubo, sino las butacas vacías por la ausencia— en la aterciopelada platea. La gala se dividió en dos partes: una entrega de premios y un recital que posteriormente ofrecería la solicitada mezzosoprano Sylvie Rot Heiliglaub acompañada al piano por Jules Reginald.

Gregor Lys, presidente del mejor teatro del universo, tomó la palabra para pronunciar un breve discurso en recuerdo de la patrona de honor del teatro y dedicataria de esa primera gala, la señora Thérèse Garbanse, quien había fallecido, ya muy anciana, pocos días antes. El señor Lys expresó también su agradecimiento al premiadísimo escultor Christoph Kirche por haber donado al teatro el diseño de los premios. El presidente del mejor teatro del universo hizo hincapié en el carácter público de la institución, equilibrado con el patrocinio de algunas empresas privadas y con un presupuesto que contaba con una cuarta parte de participación de la ciudadanía. Por supuesto, tampoco faltó el encomio a los galardonados.

En la categoría institucional, el primero en subir al escenario para recoger el premio fue el presidente ejecutivo de la gigantesca Telecomunica, Joe Marius Alvan-Follett, quien relató la anécdota de la primera vez que acudió al mejor teatro del universo, cuarenta años antes. Tuvo que hacer cola en la calle, durante una fría madrugada de diciembre, para poder comprar las entradas del recital que el mejor tenor del mundo a la sazón, corpulento y grueso como un rikishi, daría en ese teatro. ¿Quién le iba a decir a él entonces que, luego de cuatro décadas, el mejor teatro del universo lo premiaría? El siguiente galardonado fue el consejero delegado de la potentísima Enerkraft, Joseph Borgia, quien dio gracias a los demás premiados y al patronato del mejor teatro del universo, cuya colaboración con Enerkraft cumplía veinticinco años. La tercera persona que subió al escenario fue la gerente del mastodóntico grupo ZXH, Florence Peters, más conocida para la mayoría de personas por ser la presidente del equipo de rugby que en fechas recientes había hecho botar de alegría a aficionados de todos los lugares del planeta.

Continuó la gala con los premios artísticos. El primero en subir al escenario fue el director de orquesta Louis Nicholson quien en un tono mucho menos institucional que los anteriores galardonados, dijo que ese premio era para “la gente del mejor teatro del universo”, refiriéndose a todos los trabajadores que hacían posible que los sueños se hicieran realidad como, por ejemplo, esa ópera, “defendida contra viento y marea por los artistas implicados”, con la que se terminó la temporada de la Gran Pandemia que azotó el planeta Tierra llevándose consigo millones de vidas. También por su esfuerzo y determinación en la realización de aquella ópera fueron premiados el tenor Fabian Michelle y la soprano Rebecca Seabed. Al respecto de la representación de aquella ópera, el prestigioso crítico musical Robert McArthur había escrito que la reapertura al público del coliseo con aquella ópera no había sido una función memorable en lo artístico, aunque sí que sirvió para recobrar algo de normalidad después de la Gran Pandemia, lo cual no era poca cosa. El mejor teatro del universo quiso premiar el esfuerzo. Otra de las galardonadas por sus logradísimas escenografías durante la Gran Pandemia fue Liselotte Coy. El gran barítono Álvaro Cardona recogió el premio por su participación en la siguiente temporada a la de la Gran Pandemia. El barítono le dedicó el premio a su mujer y tuvo unas palabras de recuerdo para todos esos artistas que jamás lograron, a pesar de su esfuerzo, dedicación y talento, cantar en el mejor teatro del universo.

El último en subir al escenario fue Mario Montalcini, reputadísimo epidemiólogo, quien recibió el galardón por su labor durante la Gran Pandemia y contribuir a que el mejor teatro del universo siguiera abierto. Y así terminó la primera parte… No sin que algunas personas del patio de butacas abandonaran la sala. ¿Estuvieron allí sólo por el compromiso de la entrega de premios o no les gustaba lo que vendría después?

La segunda parte la protagonizó la mezzosoprano Sylvie Rot Heiliglaub, quien seguramente había tenido noches mejores. Tampoco anduvo muy fino Jules Reginald en algunos de los pasajes. El excesivo vibrato de la cantante no favoreció que se entendieran los textos que cantaba. Tampoco el público aplaudió con demasiado entusiasmo, tanto es así que, una vez terminados los aplausos, se produjo una situación algo embarazosa: la mezzo salió al escenario como diciendo, “señoras y señores, ¡que aún tengo preparada una propina!”, y el público arrancó con otro aplauso un poco artificial.

Uno es muy consciente del esfuerzo y dedicación que requiere cualquier actuación, y los artistas siempre merecen respeto cuando están en el escenario. Sin embargo, para ser el mejor teatro del universo, la gala resultó un tanto chirle. Eso no le quita, empero, ningún mérito a quienes con su anónimo trabajo diario contribuyen a que otras personas sigan soñando. Es también de soñadores aspirar a un mañana mejor. Un mal momento lo tiene cualquiera, hasta uno mismo cuando escribe y se convierte en el peor escritor del universo. Vale.

Michael Thallium

No hagan ruido

Vino al mundo llorando. Los médicos certificaron su vida por el llanto. Muchos años después, decidió que se marcharía riendo. Un caso único y extraño. Los médicos certificaron su muerte por la risa. Emitió una enorme carcajada y dejó de existir. El paciente, también moribundo, que estaba en una cama contigua emitió algo parecido a un quejido: Por favor, ¡no hagan ruido! Y el silencio lo cubrió todo, menos la ausencia.

Michael Thallium

La chica de Manón

La chica de Manón… Sí, así podríamos llamarla, aunque también tiene nombre propio, Elisabet. Manón es su amiga inseparable y, a veces, un tanto ingrata. Sin el aliento de Elisabet, Manón no sería nada, aunque bien vale su peso en oro. Y sin Manón, quizás Elisabet no podría expresarse. Han pasado tanto tiempo juntas, desde hace años, que Elisabet quizás depende de ella. El pacto que las une es claro: tú me das aliento y yo te doy la voz más bella que nadie pueda escuchar…

Ayer Elisabet Franch presentó su último álbum, Franch plays Franck, en el Palacio de Longoria de Madrid. Ya lo había presentado hacía una semana en el Teatre-Auditori de Sant Cugat del Vallès, su ciudad natal. Sin embargo, era la primera vez que tocaba en Madrid y estaba un tanto nerviosa, con esa sensación que a los artistas se les pone en el estómago antes de subir a un escenario por primera vez… Estaba muy bien acompañada por el veterano pianista y compositor Albert Guinovart, quien también hacía un par de semanas había presentado la grabación de la ópera Alba eterna en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ambos artistas graban en el sello SONY CLASSICAL.

Al acto de acudieron el director del INAEM, Joan Francesc Marco, el presidente de la Fundación SGAE, Juan José Solana y el director de la SGAE, Antonio Ruiz Onetti. Entre el público también se encontraba el compositor Jorge Grundman. La presentación del álbum de Elisabet Franch comenzó con una breve introducción de Javier Briongos, de la agencia Miotta y Moliere, quien dio paso a la popular presentadora del programa Café Zimmermann de Radio Clásica, Eva Sandoval. Fue Eva la encargada de moderar un interesante coloquio con la flautista y Albert Guinovart. Hablaron de las obras que ambos habían grabado dos años antes en Viena, en septiembre de 2020. Franch plays Franck es un álbum muy particular. Todas las obras son arreglos para piano y flauta de otras obras originalmente escritas para violín y piano (la Sonata n.º 2 op. 13 en sol mayor, de Edvard Grieg, Introducción y rondó caprichoso, de Camille Saint-Saëns y la Sonata en la mayor de Franck) o voz y piano (Aimer, de Franck) que rinde tributo al compositor César Franck.

Fue durante el coloquio cuando Elisabet habló de Manón, que así se llama la flauta de oro con la que más tarde interpretaría algunos fragmentos de Franch plays Franck, acompañada al piano por Albert Guinovart. Elisabet habló con mucho cariño de su maestro, el norirlandés Sir James Galway, quien la ayudó a preparar la sonata de César Franck para la grabación. Fue también el maestro quien ayudó a Elisabet a reconciliarse con Manón cuando voz y aliento andaban peleados: le regaló una boquilla que llevaba inscrito el nombre de Galway. La boquilla obró el prodigio y, desde entonces, Elisabet y Manón son inseparables.

El recital que Elisabet Franch y Albert Guinovart dieron fue exquisito, todo un homenaje al “arreglo”. Uno se olvidó por completo de que las obras habían sido escritas originalmente para otro instrumento. Por cierto, en el recital incluyeron también dos piezas compuestas por Guinovart para trompeta y piano (Llum de midgia y Llum de capvespre). El arreglo estaba tan bien hecho y la interpretación a la flauta de Elisabet fue tan bella, que resultaba difícil imaginarse cómo sonaría con trompeta. La verdad es que uno se quedó maravillado con la habilidad, la musicalidad y el virtuosismo de Elisabet Franch. Y por lo que respecta a la música de Ginovart, ¿por qué no se programará más?

00 Elisabet Franch

Detrás de toda grabación hay muchas, muchas horas de trabajo, no ya sólo de los intérpretes —tantas e incontables horas solitarias de estudio—, sino también de todas las personas que hacen posible que un álbum vea la luz. A los demás nos toca escucharlo y disfrutarlo. Les aseguro que si alguna vez tienen la oportunidad de ver tocar la flauta en directo a Elisabet Franch, se quedarán maravillados. Dame tu aliento que yo te daré mi voz… Simplemente, la chica de Manón.

Michael Thallium

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Murió solo

Murió solo. Eso dicen en algunos libros. Y yo ni siquiera supe de su existencia hasta hace apenas un par de semanas. Lo descubrí en Lecturas españolas de otro casi olvidado: José Martínez Ruiz, Azorín. Me llamó la atención que un hombre que había estado en tantos lugares de Europa y tratado con tantas personas, aristócratas y artistas, y en varios distintos idiomas, decía, me llamó la atención que muriera solo en una buhardilla de un pueblo oscense con castillo. Ni siquiera era suya la buhardilla. Dicen que allí lo acogió, por caridad, el sastre del pueblo. Murió viejo, pobre y olvidado. Tenía 86 años. A su entierro sólo acudieron dos personas: un tal Francisco Abadía, de oficio enterrador, y un tratante de nombre Juan Ric. Entrambos, uno por deber de oficio y el otro por caridad, portaron una humildísima caja de madera para enterrarla en camposanto, sin marca, a pobre. Era un lunes 4 de diciembre. Podemos imaginarnos que haría frío, mucho frío. Seguramente que el suelo estaría cubierto de nieve. Sólo la tierra removida anunciaría que allí yacía un literato. Al marchar los dos últimos acompañantes, el silencio sería el único compañero del ilustre caballero que había muerto un día antes en la buhardilla del sastre. Poco a poco, la nieve lo iría cubriendo todo. Y del silencio, el olvido. Esto ocurrió hace ya 174 años, en el Año de las Revoluciones. Muchos años mas tarde, vendría Azorín a recordárnoslo. Y más de un siglo después, otro aragonés olvidado, Ildefonso Manuel Gil, escribiría Vida de don José Mor de Fuentes.

Azorin - Lecturas españolas

¿Quién leerá hoy el Bosquejillo de Mor de Fuentes? ¿Quién recordará sus poemas, sus sainetes y comedias? ¿Encontrará alguien alguna vez la música de la zarzuela, La presumida, que escribió? A nosotros, moradores del orbe del siglo XXI, sólo nos queda estar avisados de que, a lo sumo, lo que duren nuestras vidas será memorado en una entrada de Wikipedia con un texto entre dos fechas. ¡Letras y números para el recuerdo imperfectísimo de lo que fuiste! Vive, pues, morador, con intensidad tu existencia y disfruta la mucha o poca dicha que compartas con quienes amas. Y aún así, jamás sabrás si alguien en tus últimos días te acogerá en su buhardilla o si sonarán las campanas cuando apenas el silencio dé paso al olvido.

Michael Thallium

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Simplemente Fanny

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El año 1831 fue el año del estreno, en Milán, de dos óperas del siciliano Vincenzo Bellini (1801-1835): La sonámbula, en marzo, y Norma, en diciembre. A Bellini apenas le quedaban cuatro años más de vida. Moriría joven, en Francia, a los 33 años. Fue también el año en que Frédéric Chopin (1810-1849) compuso el archiconocido Estudio n.º 12 op. 10, el Revolucionario. El Imperio ruso, con su lema Dios con nosotros y un ejército muy superior al polaco, ataca Varsovia en septiembre, lo cual anuncia el final de la Revolución de los cadetes. Resultado: Polonia es aplastada y Chopin, recién llegado a París, escribe el Revolucionario. En España, en mayo, Mariana Pineda (1804-1831) es ejecutada en el garrote vil. Tenía 26 años. A finales de ese año se produce el pronunciamiento del general Torrijos (1791-1831), cuyo fusilamiento en la playa de San Andrés, en Málaga, inmortalizaría medio siglo más tarde el pintor Antonio Gisbert en el impresionante lienzo, toda una obra maestra de la pintura histórica, que se puede ver hoy en el Museo del Prado. Ese mismo año, Victor Hugo (1802-1885) publica en francés la novela Nuestra Señora de París que la mayoría de personas del siglo XXI, influidas por Hollywood y Walt Disney, conocemos más por El jorobado de Notre Dame. En noviembre de 1831, muere en Berlín, por entonces capital de Prusia, un idealista alemán, “la conciencia de la modernidad”, el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Causa de la muerte: el cólera. El 16 de noviembre, una joven mujer de 26 años recién cumplidos anota en su diario:

“Anteayer fue mi cumpleaños, mi querido Wilhelm [se refiere a su marido, Wilhelm Hensel] había puesto un árbol de la vida para mí, debajo del cual había colocado a Sebastian [su único hijo, de apenas un año], tan dulce… Por la tarde, algunas personas estuvieron en casa de mamá y nos llegó la noticia de la muerte de Hegel”.

Elke Mascha Blankenburg (1943-2013)

Elke Mascha Blankenburg (1943-2013)

Hegel era amigo íntimo de la familia Mendelssohn. Probablemente, Fanny estaba devastada. La epidemia del cólera azotó Berlín y eso la impulsó a escribir una cantata en memoria de las víctimas: la Cantata del cólera. Nunca la vio representada oficialmente, porque tanto su padre como su hermano Félix le habían prohibido publicar música. Tuvieron que pasar 151 años hasta que, en diciembre de 1982, una musicóloga y directora de orquesta alemana, Elke Mascha Blankenburg (1943-2013), diera con el autógrafo de esta obra en la Biblioteca Estatal de Berlín. Mascha elaboró una edición de la partitura añadiendo dos números, el Arioso para soprano Blick hin und siehe (Mirad y ved) y el coro Herr errette mich (Señor, redímeme) y tituló la obra Oratorium nach Bildern der Bibel (Oratorio según imágenes de la Biblia). El estreno y la grabación en directo aconteció dos años más tarde, en 1984, con la propia Mascha dirigiendo el Coro y Orquesta de la Escolanía de Colonia. Y esta es la segunda obra que se podrá escuchar en el Auditorio Nacional de Música de Madrid el sábado 28 de mayo de 2022, 28 años más tarde y 191 años después de que Fanny Mendelssohn la escribiera. Volveremos a Fanny y al año 1831 un poco más tarde, pero antes uno quiere comenzar por el final y, luego, proseguir por parte del principio.

La Confesión de Augsburgo es la obra que el polímata alemán Philipp Melanchthon (1497-1560) presentó ante el emperador Carlos V en la Dieta de Augsburgo, en 1530. Esta obra fue fundamental para la Reforma protestante que inició Lutero en 1517 con sus 95 tesis. Para el aniversario de los 300 años de la presentación de la Confesión de Augsburgo, Félix Mendelssohn se puso manos a la obra para componer su segunda sinfonía para gran orquesta. Félix tenía por entonces apenas 20 años y ya había compuesto la Sinfonía n.º 1 en do menor, op. 11, en 1824, con tan sólo 15 años (y eso sin olvidarnos de las 13 sinfonías para orquesta de cuerda que compuso entre los 12 y 14 años). No pudo terminarla hasta mayo de 1830 y no llegó a tiempo de presentarla en las celebraciones del aniversario de la Confesión en junio. Finalmente, tras diversas vicisitudes, pudo estrenarla a finales de 1832, en Berlín. Fue precisamente su hermana Fanny quien la bautizó como Sinfonía de la Reforma. Sin embargo, Félix no volvió a interpretarla y e incluso la desdeñó calificándola de “obra de juventud”. De hecho, esta sinfonía no se publicó ni se volvió a interpretar hasta 1868, veinte años después de la muerte de Félix, razón por la cual la sinfonía lleva el opus 107 y es la Sinfonía n.º 5 en re mayor, aunque realmente fuera la segunda en orden de composición.

Felix Mendelssohn

Félix Mendelssohn (1809-1847)

Esta sinfonía se toca poco; viene a durar algo más de media hora y está dividida en cuatro movimientos: I. Andante – Allegro con fuoco, II. Allegro vivace, III. Andante y IV. Andante con moto – Allegro vivace – Allegro maestoso. El primer movimiento comienza con una lenta introducción en re mayor —curiosamente, el tema principal de este movimiento y la cadencia están en re menor— que emerge de las cuerdas graves y que culmina con la melodía del Amén de Dresde interrumpida por toques de combate en los metales. El Amén de Dresde es una melodía protestante que también utilizaron posteriormente Richard Wagner como leitmotiv del Grial en la opera Parsifal y Anton Bruckner en el Finale de su Quinta Sinfonía. El segundo movimiento es una suerte de scherzo en si bemol mayor mucho más amable y danzable, con un tema bastante pegadizo. El tercer movimiento está en Sol menor y hay referencias al Amén de Dresde y, hacia el final, también al segundo tema del primer movimiento. El último movimiento está escrito en forma de sonata y basado en la coral luterana Ein feste Burg ist unser Gott (Castillo fuerte es nuestro Dios). En la coda final, el himno luterano vuelve a sonar con una potente orquesta a todo pulmón… Normal que Fanny bautizase la obra de su hermano como Sinfonía de la Reforma. Esta es precisamente la obra que la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) dirigida por el director salzburgués Thomas Zehetmair interpretará en la segunda parte del concierto Genios sin género del 49.º Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música de la Universidad Autónoma de Madrid.

Hasta aquí el final. Volvamos al principio, a Fanny, aunque no aún a la Cantata del cólera, sino a la obra con la que se abre este concierto, la Obertura en do mayor. Sólo podemos hacer conjeturas sobre la fecha exacta de composición. Fue también Mascha Blankenburg quien editó y publicó por primera vez, en 1996, la partitura. Del manuscrito con el que trabajó no se puede deducir la fecha exacta en que Fanny escribió la obra, aunque sí se sabe que tuvo que hacerlo entre 1830 y 1832, a la par que su hermano componía La Reforma. La Obertura en do es la única composición para orquesta sola que conocemos de Fanny Mendelssohn. Comienza con un suave sonido de trompas sobre el que casi inmediatamente sobrevuelan los violines dando paso a una estructura de obertura al más puro estilo del siglo XIX. Por cierto, sabemos que, aunque Fanny tenía prohibido publicar música, dirigió esta obertura en alguno de los salones musicales de Berlín. Uno, al escucharla, sólo puede concluir que era una extraordinaria compositora y que conocía muy bien la orquesta.

Ahora sí, prosigamos con la obra que se estrena en España el 28 de mayo de 2022 (el concierto se repetirá al día siguiente en Valladolid) dentro de un proyecto de recuperación impulsado por el CSIPM en colaboración con la OSCyL y en el que participan el coro El León de Oro (LDO) y los solitas Eugenia Boix (soprano), Olga Syniakova (contralto), Pablo García-López (tenor) e Isaac Galán (bajo). El Oratorio según imágenes de la Biblia, es decir, la Cantata del cólera, consta de 16 números, siendo el primero de ellos una breve introducción orquestal en sol menor cuyo tema principal se retomará en el último recitativo —pero esta vez en sol mayor— antes del coro final. El papel principal de las partes vocales lo tiene el coro, que interviene en siete ocasiones (núms. 4, 7, 10, 11, 13, 14 y 16); la soprano interviene siete veces (núms. 3, 6, 9, 11, 12, 13 y 15); cuatro veces la contralto (núms. 2, 5, 13 y 15) y el bajo (núms. 3, 11, 13 y 15); y sólo un par de veces el tenor en la dramática aria Ich bin elend und ohnmächtig (Soy desgraciado y enfermizo) y en el n.º 13. Dejemos que sea el director del coro LDO, el asturiano Marco Antonio García de Paz, quien nos hable de esta bella cantata:

“Es una obra llena de inspiración y frescura. El discurso, influenciado por la triste epidemia que asolaba Europa, nos hace transitar por muy distintas atmósferas. Estos escenarios comienzan con las desdichas y miserias humanas, pasando por la desesperación que provoca el juicio de los vivos desembocando finalmente en una reconciliación con Dios y una gloriosa alabanza al Señor. Fanny Mendelssohn elige exquisitamente los textos bíblicos con una clara intención de narrar una historia con final positivo y luminoso. Utiliza un lenguaje original, de una audacia armónica muy personal y colorista (disonancias, cromatismo, plan tonal…). El tratamiento de la escritura coral es variado en combinaciones de voces y orquestaciones. En ocasiones, para enfatizar la música, busca efectos más instrumentales que vocales, los cuales están muy bien justificados. Por otra parte, es evidente que mira hacia el pasado utilizando numerosos recursos de la música antigua (fuga, cori spezzati, corales figurados…). No podían faltar algunas referencias explícitas a su querido J. S. Bach y otras influencias, aunque lo que emerge, claramente, es la mano de una gran artista de una personalidad muy especial que logra una cantata muy hermosa.”

Efectivamente, la huella de Bach está presente. Recordemos que tanto Fanny como su hermano se formaron con Carl Friedrich Zelter (1758-1832), gran amante y difusor de la música de Bach, por entonces preterida. No en vano, fue Zelter quien auspició la Pasión según San Mateo que Félix Mendelssohn recuperó y estrenó en 1829 en la Academia de Canto de Berlín (Sing-Akademie). En aquel célebre concierto, casi 80 años después de la muerte del maestro de Leipzig, participó también Fanny cantando en la cuerda de contralto en el coro.

La interpretación de estas tres obras (obertura, oratorio y sinfonía) en un mismo concierto es un acontecimiento único. En palabras del director Thomas Zehetmair:

“Para mí es un gran placer estar en España y traer a los músicos y público de aquí estas tres obras tan originales de los hermanos Mendelssohn, increíblemente talentosos. Fanny y su hermano Félix estuvieron muy unidos toda la vida, y este programa de concierto refleja su creativa e inspiradora relación, de modo que uno pueda disfrutar tanto de las similitudes como de los contrastes entre sus estilos de composición. El carácter espiritual de las obras las unifica aún más, es una música profundamente reconfortante, llena de humanidad y verdaderamente eterna.”

A pesar de la prohibición de publicar música que Félix siguió imponiendo a su hermana tras la muerte del padre en 1835, ciertamente, los hermanos estuvieron muy unidos. Tanto es así, que a la repentina muerte de Fanny por un derrame cerebral acaecida el 14 de mayo de 1847 le siguió la de Félix, también por la misma causa, apenas siete meses después. Fanny tenía 41 años; Felix, 38.

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Letra de Fanny Mendelssohn en 1831 (Biblioteca Estatal de Berlín).

Atrás queda aquel año 1831. Atrás quedan el estreno de las dos óperas de Bellini, el Revolucionario de Chopin, la guerra entre Rusia y Polonia, la ejecución de Mariana Pineda, el fusilamiento de Torrijos, Victor Hugo y el Jorobado de Notre Dame, la muerte de Hegel… A nosotros, habitantes del orbe del siglo XXI, nos ocupan otros asuntos, y algunos de ellos no muy distintos a los del siglo XIX: cambian los nombres, pero la historia pareciera repetirse pertinazmente...

Un último comentario: no hemos más que mencionado una vez a Willhelm Hensel (1794-1861), marido de Fanny. Probablemente sea injusto, pues fue él quien fomentó el espíritu creativo de su esposa desde que la conoció en 1821 —cuando ella tenía 16 años—, tras casarse en 1829 —según la propia Fanny, un matrimonio muy feliz— y hasta su repentina muerte en 1847. Quizás en otro lugar y ocasión alguien hable de ello. ¿Fanny Mendelssohn o Fanny Hensel? Para quien subscribe: ¡simplemente Fanny!

P. S.: Los días 28 y 29 de mayo de 2022 se interpretarán estas obras en Madrid y Valladolid, respectivamente.

Michael Thallium

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Schubertiadas del siglo XXI: mucho talento y disfrute.

Músicos

De izquierda a derecha: Jacobo Christensen, Sara Valencia, Adr¡aan Rijnhout, Álvaro García, Alejandro Viana y David Tinoco

Fuimos juntos en un coche. Nos llevaban a un programa de radio: Andante con moto. Me dijo que iba al programa para hablar de un proyecto que llevaba a cabo con tres compañeros más. Era sábado, 26 de marzo. Ella es música; sus compañeros también. Juntos habían hecho un proyecto dentro de una maestría de emprendimiento en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Mientras esperábamos para entrar al estudio de RNE, me invitó a ir al concierto. Más tarde, durante el programa, pude confirmarle mi asistencia. ¿Dónde dices que es? En el Espacio Muelle 36, responde, el jueves 7 de abril a las 19:30. Por cierto, su nombre es Sara Valencia, joven y violinista.

Ayer fue jueves y acudí al concierto. Sara, junto con David Tinoco (contrabajo), Jacobo Christensen (violín) y Adriaan Rijnhout (violín) crearon el proyecto Schubertiadas del siglo XXI, un experimento con el que pretenden dar un aire más actual a los habituales conciertos de música clásica. Su propósito era que el Espacio Muelle 36 se convirtiera en un salón de música a modo de las schubertiadas del siglo XIX, en el que uno puede tomarse una cerveza o picar algo mientras escucha música. Esta particular schubertiada la presentaban Adriaan y Jacobo. Desde el principio, su propósito fue que el público participase y para ello se sirvieron de la tecnología, de la aplicación Kahoot por medio de la cual los que estábamos en el público podíamos elegir in situ algunas de las canciones que iban a interpretar. Ya que existe la tecnología, ¿por qué no servirse de ella?

Las Schubertiadas del siglo XXI fue todo un recorrido musical desde el barroco temprano hasta la actualidad. Comenzaron con una obra de la compositora italiana Barbara Strozzi y luego siguieron otros muchos más: Corelli, Händel, Mozart, Haydn, Schubert, Brahms, Schoenberg, Billie Eilish, Europe, Michael Jackson, Louis Armstrong… Entre todos lograron que el público terminara cantando y dando palmas al son de la música. ¡Talento no faltó!WhatsApp Image 2022-04-08 at 03.00.43

Sara, David, Jacobo y Adriaan no estuvieron solos. Se les unieron otros jóvenes y talentosos músicos que nos hicieron disfrutar de lo lindo: la soprano Miriam Silva, quien se marcó tres preciosas obras (un aria de la ópera Rinaldo de Händel, otra de Las bodas de Fígaro de Mozart y uno de los movimientos del cuarteto que Arnold Schoenberg escribió antes de dar el giro hacia el dodecafonismo), la pianista Cristina Sanz, el violonchelista Alejandro Viana, el contrabajista Jorge Toledo y el violista Álvaro García.

Hubo humor musical (con un fragmento del cuarteto de Haydn conocido como El pájaro), pasión (Brahms o Schoenberg), buen rollito y mucha marcha con muy buenos arreglos para cuarteto y quinteto (con Bad Guy de Billie Eilish, The final countdown de Europe y Billie Jean de Michael Jackson. La schubertiada terminó con What a wonderful world de Louis Armstrong.

Pocas veces se consigue que en un concierto de música de cámara la gente acabe bailando y cantando. Ellos lo consiguieron. Eso era precisamente lo que ocurría en aquellas famosas schubertiadas vienesas del siglo XIX en la que los amigos se tenían para tocar, hablar y disfrutar de la música en buena compañía.

Ahora solo queda saber si estas Schubertiadas del siglo XXI tendrán continuidad y no se quedan en un mero experimento. Estaría bien saber si dentro de 25 años —algunos de los que estuvieron en Espacio Muelle 36 lo verán, otros quizás ya no lo veremos— cuando todos estos jóvenes músicos miren atrás, pueden decir que aquello que comenzó como un proyecto de emprendimiento marcó el comienzo del tan ansiado cambio hacia un modo distinto de escuchar la música clásica, más cercano, menos ininteligible para quienes no acostumbran a escucharla.

Si dentro de 25 años todos ellos pueden mirar atrás y decir que consiguieron que la gente más joven se acercara a la música de cámara, ¡bienvenido los experimentos!

Ah, por cierto, lo que recaudaron lo donaron a una ONG que acoge a refugiados ucranianos…

Michael Thallium

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La iniciativa Música por Ucrania recauda más de 7.500€

El concierto solidario organizado por la Universidad Autónoma de Madrid y el Círculo de Bellas Artes recauda 7.512€

Artistas

De izquierda a derecha: Tatiana Melnychenko, Elina Sitnikava, Sofia Zholobova, Dana Zemtsov, Mikhail Pochekin, Boris Fedorov, Michael Thallium, Vadim Gladkov, Ihor Voievodin y Claudio Constantini.

El pasado jueves 31 de marzo se celebró el concierto solidario Música por Ucrania en el que intervinieron diez grandes artistas de distintas nacionalidades con el fin de demostrar que la música no entiende de fronteras. El lema fue “Dejemos que hable la música” y la música habló: Anna Fedorova (piano), Mikhail Pochekin (violín), Dana Zemtsov (viola), Claudio Constantini (bandoneón), Sofia Zholobova (piano), Boris Fedorov (piano), Elina Sitnikava (violín), Ihor Voievodin (bajo-barítono), Tatiana Melnychenko (soprano) y Vadim Gladkov (piano). A título personal y también en nombre del director del CSIPM Germán Labrador y mi compañero de producción Santiago Torre, quiero expresar mi gratitud a todos y cada uno de estos artistas y, muy especialmente, al violinista hispano-ruso Mikhail Pochekin, sin quien esta iniciativa solidaria no hubiera salido adelante. También agradezco a todas las personas que contribuyeron a esta causa comprando entradas o aportando a la Fila 0. Deseo también hacer mención especial por su apoyo a mis compañeros de la FUAM (ellos saben quienes son) y a su director José Ramón Seoane. Agradecido también a Luz Orihuela, quien apoyó esta iniciativa en su programa de radio Andante con moto.

ConciertoEl 100% de lo recaudado se ha destinado a Cruz Roja Ucrania. En la siguiente lista de reproducción pueden verse algunos de los momentos que se vivieron en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes de Madrid: Música por Ucrania.

Fue un concierto muy variado que, en boca de muchos de los asistentes, resultó ser emotivo. Hubo momentos muy especiales como la interpretación que el violinista hispano-ruso Mikhail Pochekin y la pianista ucraniana Anna Fedorova hicieron de Meditación de Chaikovsky o la Preghiera del compositor Michael Kugel que interpretaron la violista mexicana Dana Zemtsov y el pianista ucraniano Boris Fedorov. Por cierto, la interpretación que Boris Fedorov hizo de The Messenger, del compositor ucraniano Valentín Silvestrov, fue conmovedora. Muy emotiva también fue la actuación de la joven pianista Sofia Zholobova, quien el pasado 8 de marzo, huyendo de la guerra en Ucrania, fue acogida por una familia en Madrid. Igualmente memorables fueron las interpretaciones del bandoneísta peruano Claudio Constantini o las del pianista ucraniano Vadim Gladkov quien también acompañó al bajo-barítono Ihor Voievodin por cierto, gracias Ihor por los vídeos que captaste durante el conciertoy la soprano Tatiana Melnichenko en sendas actuaciones. Fue precisamente la soprano ucraniana quien cerró el concierto con el aria Pace, pace… mio Dio de la opera La forza del destino de Verdi.

Recordando a quienes han perdido a algún ser querido, comenzábamos el concierto con el poema Permanencia de Miguel d’Ors: “Se fue, pero qué forma de quedarse”.

¡Nos queda la música que no entiende de fronteras! Nuestro propósito fue ayudar, sin más, a quienes están padeciendo la guerra en Ucrania y a quienes han perdido a sus seres queridos.

Michael Thallium

Música por la paz, música por Ucrania

Música por Ucrania

Música por la paz, Música por Ucrania… Esa era y es la idea: utilizar la música para ayudar a quienes están sufriendo en Ucrania sin tener en cuenta fronteras ni nacionalidades. Como sabéis, Music Without Quarantine (Música sin cuarentena) nació en 2020 durante los difíciles meses del confinamiento. Credimos como un movimiento internacional solidario basado en la música. El violinista Mikhail Pochekin y un servidor comenzamos con el proyecto, pero muy pronto se unieron otros artistas: Anna Fedorova, Dana ZemtsovClaudio ConstantiniBenedict KlöcknerJoel FrederiksenDiego Ares y otros muchos… Hará unas tres semanas, a consecuencia de la invasión de Ucrania por parte de la Federación Rusa, compartimos la idea de un concierto solidario con Germán Labrador, musicólogo y director del CSIPM (Centro Superior de Investigación y Promoción de la Música) de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Entonces, rápidamente, todo empezó a armarse con el apoyo del Círculo de Bellas Artes y de la UAM.

Si pudisteis seguir nuestros conciertos en directo hace dos años, ahora tendréis la oportunidad de ver y escuchar a algunos de los artistas en directo, en Madrid, en el Teatro Fernando de Rojas. Diez grandes artistas de distintas nacionalidades —Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Países Bajos, España, México y Perú— tocarán el jueves 31 de marzo a las 19:00. Anna Fedorova (piano), Dana Zemtsov (viola), Claudio Constantini (bandoneón) & Mikhail Pochekin (violín) ofrecerán su talento y música junto con otros seis artistas de renombre internacional: Vadim Gladkov, (piano), Boris Fedorov (piano), Tatiana Melnychenko (soprano), Ihor Voievodin (bass-barítono), Elina Sitnikava (violín) y la joven Sofia Zholobova (piano), quien es una refugiada ucrania. A todos ellos, por su participación desinteresa en este concierto, quiero expresar toda mi gratitud.

Juntos han elaborado un programa con el propósito de demostrar al mundo que la música no tiene fronteras. No se trata de la confrontación entre nacionalidades, se trata de ayudar a las personas que están sufriendo, se trata de contribuir a la paz:

PROGRAMA DEL CONCIERTO MÚSICA POR UCRANIA

Mikhail Pochekin, violín

Dana Zemtsov, viola

G. F. Händel – J. Halvorsen: Passacaglia para violín y viola

Sofía Zhólobova, piano

Sergii Bortkevych: Estudio en fa sostenido menor n.⁰ 9, op. 15

Frédéric Chopin: Balada n.⁰ 1 en sol menor, op. 23

Ihor Voievodin, bajo-barítono

Vadim Gladkov, piano

Mykola Lysenko: Misjatsju – knjazju!, versos de Ivan Frankó

Valentín Sylvestrov: Proshchay svite, proshchay zemle, versos de Taras Shevchenko

Boris Fedorov, piano

Valentin Silvestrov: The Messenger

Claudio Constantini, bandoneón

Carlos Gardel: Volver para bandoneón solo

Claudio Constantini: Alone y Eternal para bandoneón solo

Pausa

Mikhail Pochekin, violín

Anna Fedorova, piano

P. Tchaikovsky: Meditación n.º 1, op. 42 para violín y piano

Vadim Gladkov, piano

Mikhail Glinka: Nocturno “Separación”

Levko Revutsky: Preludio en re bemol mayor n.º1, op. 4

Vitaly Filipenko: Toccata

Mikhail Pochekin, violín

Elina Sitnikava, violín

Reinhold Gliere: Duos para 2 violines:

n.º 1 – Andante

n.º 5 – Vivace

Dana Zemtsov, viola

Boris Fedorov, piano

Michael Kugel: Preghiera para viola y piano

Anna Fedorova, piano

Frederic Chopin: Nocturno n.º 1, op.27

Sergei Rachmaninov: Preludio n. 12, op. 32

Tatiana Melnychenko, soprano

Vadim Gladkov, piano

Giulio Caccini: Ave Maria

Giuseppe Verdi:

Aria de Leonora Pace, Pace mio Dio… de la ópera La forza del destino


El 100% de lo que se recaude se destinará a Cruz Roja Ucrania. Podéis comprar las entradas en el siguiente enlace: https://www.circulobellasartes.com/espectaculos/musica-ucrania

Si no podéis asistir al concierto, también podéis hacer donaciones en: CRUZ ROJA

Dejemos que la música hable más que nunca: música por La Paz, música por Ucrania.

Michael Thallium

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Arturo Reverter – Ópera, entusiasmo vital y emoción musical

Arturo Reverter nació en Santiago de Compostela en 1941. Lleva más de 23 años al frente del programa Ars Canendi de Radio Clásica y es uno de los más reputados estudiosos de las artes vocales. No es la primera vez que hablamos con él. Ya lo hicimos en abril de 2019 con Siempre aprendes algo aunque no te des cuenta, en febrero de 2020 con Beethoven: un retrato vienés y en junio de 2020 con Un café con Arturo Reverter. Ahora en marzo de 2022, volvemos a conversar con el crítico musical con más solera de España. En esta ocasión, nuestro tema de conversación es la ópera, aunque también hacemos un repaso de sus comienzos como crítico y escritor musical. “Soy un tío tranquilo. No me suelo alterar, aunque le procesión puede ir por dentro…”, dice hacia el final de la entrevista. “Te puedes emocionar tomando un buen cocido, o libando un buen licor… En esta vida nos podemos emocionar incluso con una conversación como ahora. Nos falta emocionarnos más.”

Ópera, entusiasmo vital y emoción musical

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