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La Quinta de Mahler, Zelenka y Bach

Zelenka y BachA estas alturas del siglo XXI, parece que comprar un CD es un acto raro, y si encima es de música renacentista o barroca, más raro todavía. Parece que la gente prefiere bajarse la música de la Internet; cuando no, piratearla. Así que las tiendas de música han ido cerrando y pocos son quienes se plantean abrir una tienda dedicada a la venta de cedés y, menos aún, si son cedés de los que la mayoría de personas conocen como “música clásica”. Sin embargo, eso es lo que hizo Juan Lucas en pleno centro de Madrid: abrir una tienda dedicada no solo a la venta de cedés de música clásica, sino también a actividades (cursos, recitales, conferencias…) relacionadas con la música y la cultura. La Quinta de Mahler (LQM) es uno de los lugares que frecuento desde que llegué de unas expediciones por el Ártico en 2014 y que he mencionado en algunos de mis artículos (Del Ártico, la Quinta y la escuchaScott Joplin, de la superstición al conocimientoDe Smetana, de mi vida y de las eleccionesMarie Jaëll, la compositora olvidada). Sí, es posible que yo sea uno de esos raros que aún compra cedés… Siempre que he ido, me han tratado y aconsejado muy bien. José Velasco y Blanca Gutiérrez son las personas que os encontrareis allí si visitáis esta tienda, algo que os recomiendo si tenéis la suerte de estar en Madrid. Aquí os dejo el vídeo LQM – La Quinta de Mahler:

Una de las últimas veces que estuve allí, me fui con dos recomendaciones que me hizo José Velasco y que quiero compartir aquí. Las Sonatas ZWV 181 de Jan Dismas Zelenka (1679-1745) interpretadas por Collegium 1704 dirigidos por Václav Luks, en el sello musical ACCENT. Se trata de un cedé publicado en abril de 2017. El conjunto Collegium 1704 está especializado en música de Zelenka (el nombre del conjunto viene del año de la primera representación de música de este compositor bohemio de la que se tiene constancia: Via Laureta). Las sonatas, seis en total, están escritas para dos oboes, fagot, violín (la sonata n.º 3) y bajo continuo. Los intérpretes son Xenia Löffler y Michael Bosch (oboes), Jane Gower (fagot), Helena Zemanova (violín), Ludek Brany (contrabajo), Shizuko Noiri (laud) y Václav Luks (clave). Curiosamente, algunos de los fragmentos de estas sonatas me recuerdan —¿será solo a mí? a la Ofrenda musical de Johann Sebastian Bach, obra que Bach compuso mucho después que la de Zelenka.

La siguiente recomendación que me hizo José fue una grabación para el sello Outhere de las las Suites para violonchelo de Johann Sebastian Bach (1685-1750). Grabaciones de estas suites hay muchas, pero esta tiene algo muy especial: su intérprete, Dmitry Badiarov, utiliza un cello da spalla, un violonchelo de menor tamaño que se toca como si fuera un violín. Y la verdad es que suenan muy bien. Hay musicólogos que incluso creen que Bach compuso estas obras para un violonchelo de estas características…

En fin, espero que disfrutéis tanto de La Quinta como de Zelenka y Bach.

Michael Thallium

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Reminiscencias de bolerogía y crotalogía dieguinas

Hace un tiempo empecé la lectura de Prosa musical. II Pensamiento musical del cántabro Gerardo Diego (1896-1987) que publicó la editorial Pre-Textos a finales de 2015. Su lectura se está convirtiendo en un pequeño deleite para mí, porque pocas cosas hay que admire más que alguien que sepa utilizar el lenguaje de las palabras para describir con atino el de los sonidos, el de la música. El 22 de octubre de 1948, en el periódico ABC se publicó un artículo al que Gerardo Diego tituló Un cuarto a boleros y que reproduzco más abajo con anotaciones (al final del texto) referentes a expresiones lingüísticas, vocabulario y personas por si a alguien les sirvieran de algo para mayor disfrute de este texto.

Me pregunto en qué han quedado los artículos periodísticos 70 años más tarde. Poquísimas son las personas que escriben hoy con tanta riqueza como la de la pluma de Gerardo Diego en la era de la Internet, de los periódicos y bitácoras digitales. Las expresiones bajunas, por querer asimilarse algunos al “pueblo”, a la gente de la calle, menudean y hacen gala de la falta de cultura y corrección lingüísticas. Deduzco yo que Gerardo Diego se basó en la expresión un cuarto a espadas, que quiere decir “intervenir en una discusión o controversia expresando la propia opinión”, y la transformó en “Un cuarto a boleros” para expresar su opinión sobre el bolero. En fin, que como para mejor muestra no hace falta más que un botón, aquí dejo este de Don Gerardo:

Alegre torito el del bolero y papeleta difícil la de muletearle y calarle por las agujas. Menos mal que la ceremoniosa y gentilísima cesión de trastos con que me tienta el admirado Felipe Sassone me pone frente al bicho ya un poco aplomado y pastueño tras la primorosa lidia del maestro. Porque, ¿qué he de decir y con qué gratuita autoridad sobre materia tan importante como esta de la ‘Bolerogía’, que mereció en 1807 todo un tratado con ese nombre, impreso en Filadelfia y debido al numen esclarecido de don Juan Jacinto Rodríguez Calderón? Crotalogía y Bolerogía son sutiles ciencias, cuyos legítimos doctores pueden hallarse al presente acudiendo a los escenarios, tablados y viejas escuelas de baile de tradición venerable. Por muy importante que sea la bibliografía bolerística, y sin duda lo es, vale más atenerse a la sentencia y al rito popular. Afortunadamente, en nuestros días gozamos impulso de renacimiento y depuración de nuestros viejos bailes, despojándolos de oropeles y excrecencias cosmopolitas y escenográficas. Díganlo, sin más, las bordadoras de boleros (y de otros bailes seculares) de Sevilla y Mallorca, de Málaga y Jerez, que, formando deliciosas cuadrillas femeninas, han llevado la alegría, el sabor y la disciplina de España por todas las Españas, Bretañas y tierras del Plata.

Pensamiento musicalLa inevitable deformación profesional me lleva a la consabida cuestión previa de la etimología. ¿Viene ‘bolero’ de ‘buelo’, con ortografía popular? O, ¿tiene algo que ver su nombre -causa efecto- con el de uno de sus creadores, Antón Boliche, el calesero de Sevilla? Lo más probable es la primer hipótesis, pero un poco de oscuridad y de polémica conviene en todo el rastreo etimológico de lo llamado a insigne descendencia. Por lo demás, parece demostrado que el bolero no aparece hasta el siglo XVII como un consecuencia a la vez de la chacona, de la cachucha y de las seguidillas, cuyos pasos se conservan más o menos transformados en el nuevo baile prerromántico.

El hidalgo manchego Sebastián Cerezo pasa por ser, en efecto, el inventor del bolero, si hemos de creer a Don Preciso, que por algo buscó un apodo que a tanto le compromete. Lo más cauto en nuestro caso será agarrarnos a los faldones del Solitario, y pedirle prestadas sus salerosas luces. Imagina don Serafín en la escena andaluza correspondiente un fin de fiesta en un teatro cortesano, en el que una bailadora trenza el bolero y hallándose sentado el Solitario al lado de un viejo erudito en bolerogía, éste le ilustra con los tesoros de su sapiencia y de sus recuerdos que hacen asomar lágrimas a sus ojos, sobre todo cuando revive los trenzados, giros y donaires de Antonia Prado y la Caramba, que alcanzó el vejete a gozar en sus verdes años. Salpimenta el bolerólogo su disertación con evocaciones y citas de los más conspicuos reyes y ases del bolero, y por él sabemos del Rondeño, la Almanzora y la Celinda del ayudante de ingenieros, don Lázaro Chinchilla, inventor de las glisas, deslumbrante tejido de pies. O del practicante o mano de medicina de Burgos, que sacó el picante paso de matalaraña, y de Juanillo el Ventero de Chilclana, que trenzó el laberinto o macarena y de Perete el de Ceuta, que se sacó del caletre el pasuré cruzado y sin cruzar. Requiere el perfecto bolero que las campanelas sean giradas con plena redondez y los cuatropeados taconeados con garbosa vibración. Por lo demás, el taconeo, el avance y retirada, el paso marcial, las puntas, la vuelta perdida, los trenzados y la vuelta de pecho son otras tantas diferencias con que los sucesivos príncipes del bolero han ido encumbrando una ciencia a la que consagraron sus estudios, y así, en los tiempos románticos de la reina gobernadora, llega el bolero a la plenitud antológica de un baile, resumen y cifra de la tradición mejor, equilibrio entre lo plebeyo y lo culto, entre lo desgarrado y lo cortesano, legítimo orgullo del pintoresco romanticismo español, que pronto se adueñará de todas las deslumbrantes escenas coreográficas del universo mundo.

En cuanto a la música del bolero y a sus triunfos en la coreografía universal, es materia que no se puede despachar en precipitado descabello y dejaremos al torito que se refresque. Nada mejor para ello que cerrar los ojos y superponer nuestras imágenes de boleros contemporáneos con la estampa de 1840: “Mi vista corría desde el engarce del pie pequeñuelo hasta el enlace de la rodilla, muriéndose de placer, pasando y repasando por aquellos mórbidos, llenos y perfiles ágiles, que a fuer de nube caprichosa de abril, ocultaban y tornaban a feriar la seda de la saya y los flecos y caireles. En fin, aquella visión hermosa se mostró más admirable, más celestial, cuando, tocando ya al fin, la viveza y rapidez de la música apuntaron el último esfuerzo de los trenzados, sacudidos y mudanzas; las luces, descomponiéndose en las riquezas del vestido, y éste, agitado y más y más estremecido por la vida de la aérea bailadora, no parecía sino que escarchaba en copos de fuego el oro y plata de las vestiduras o que llovía gloria de su cara y de su talle”.

No me cabe añadir nada más. Solo saborear el sonido de unas palabras muy bien lidiadas.

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ceder los trastos: frase de origen taurino que significa dar la alternativa cediendo el torero veterano la muleta y el estoque (los trastos) al novillero (novato) de modo que este último pasa a ser torero profesional.
muletear: torear con la muleta.
calar por las agujas: en tauromaquia, clavar la espada entre las agujas (costillas del cuarto delantero del toro).
Felipe Sassone Suárez (1884-1959): hijo de padre napolitano y madre sevillana, nació en Lima, Perú y falleció en Madrid. Hombre muy polifacético, a los veinte años comenzó a viajar por el mundo. Pasó la mayor parte de su vida en España donde ejerció principalmente como periodista, escritor y dramaturgo. También hizo sus pinitos en el mundo de la música como tenor y barítono.
pastueño: dócil, de embestida suave.
bolerogía: ciencia del bolero.
numen: aquí, inspiración del artista.
La obra a la que se refiere Gerardo Diego es La bolerología o Quadro de las escuelas del bayle bolero, tales quales eran en 1794 y 1795, en la Corte de España. Poco se sabe de este autor. La obra de marras la firma como Juan Rodríguez Calderón y se la dedica a su tío, con lo cual deduzco que la gente le llamaba “Juan”. Nacido en La Coruña, España. Desertó del ejército en la década de 1790 y huyó a Francia, donde colaboró con el gobierno francés como agente infiltrado. Regresó a España y, al reconocerlo las autoridades españolas, fue sentenciado al exilio en Puerto Rico donde llegó a comienzos del siglo XIX. Allí se estableció como funcionario de alto rango, incluso fue traductor para la Santa Inquisición en Cartagena de Indias, y llegó a fundar la ciudad de San Lorenzo en 1811.
crotalogía: ciencia de las castañuelas.
Antón Boliche: conductor de calesas y que Juan Rodríguez Calderón menciona en su obra La Bolerología.
calesero: hombre que tiene por oficio conducir calesas
cachucha: baile popular andaluz, de compás ternario y que se acompaña con castañuelas.
Sebastián Lorenzo Cerezo: a este bailarín gaditano se le atribuye la invención del bolero en 1780.
Don Preciso: uno de los apodos de Juan Antonio de Iza Zamácola (1756-1826), escritor afrancesado de la Ilustración española.
El Solitario: Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), autor de Escenas Andaluzas (1846).
Antonia Prado (1765-1830): actriz española.
María Antonia Vallejo Fernández “La Caramba” (1751-1787): actriz cómica y cantante española.
El Rondeño, la Almanzora y la Celinda: personajes que aparecen en Escenas andaluzas (1846).
Lázaro Chinchilla: también aparece en Escenas andaluzas.
glisa: movimiento de baile.
matalaraña: paso de baile.
Juanillo el Ventero de Chilclana: aparece en Escenas andaluzas.
macarena: paso de baile.
Perete el de Ceuta: personaje citado en Escenas andaluzas.
caletre: tino, discernimiento, talento, capacidad intelectual.
pasuré: paso de baile.
campanela: paso de baile.
cuatropeado: paso de baile.
reina gobernadora: María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878).
resumen y cifra: dechado, ejemplo.
cairel: adorno a modo de fleco formado por hilos que queda colgando en el borde de algunas telas o vestidos.

Las pasiones de Brockes

Barthold Heinrich Brockes

Barthold Heinrich Brockes

“El necio vive pobremente para morir como un rico.” – B.H. Brockes

Cuando llegué a Hamburgo por primera vez, creo recordar que allá por el año 1991, tuve la sensación de que pertenecía a esa ciudad hanseática, era como si ya hubiese estado allí alguna vez. Para mí fue también la primera vez que salía de España si no cuento, claro está, las visitas al sur de Portugal que había hecho de pequeño con mis padres – no sé por qué, me parece que los españoles, al menos yo, consideramos que ir a Portugal no es ir al extranjero. Obviamente, por aquel entonces ignoraba que esa familiaridad que suscitó en mí la ciudad del lago Alster tuviera algún vínculo, si es que lo tiene, con las escuchas musicales que muchos años más tarde me han devuelto al origen de mi primera aventura en el extranjero. Es como si aquellos interminables paseos que di por la ciudad  recorriendo hermosos cementerios, adentrándome por callejuelas que muchos alemanes ni siquiera transitarían, contemplando las aguas del inmenso Elba, entrando a las iglesias para escuchar la música de los órganos hubieran sido el preludio a todos esos paseos musicales que he dado a lo largo de los años escuchando grabaciones de la música de compositores que, por alguna razón, han estado vinculados a la ciudad de la “hamburguesa que no existe”, porque allí llaman Frikadelle a lo que nosotros llamamos ‘hamburguesa’ (fueron los inmigrantes alemanes que llegaron a los EE.UU. a finales del siglo XIX quienes introdujeron un plato que los estadounidenses llamaron “filete al estilo de Hamburgo”, y de ahí a la ‘hamburguesa” hay solo un pequeño paso). Así que si uno quiere probar la auténtica “hamburguesa” en Hamburgo o bien conquista a una mujer allí nacida o bien pide una Frikadelle en algún puesto callejero o restaurante. De las dos opciones, yo solo probé la segunda, aunque ya me hubiera gustado a mí “saborear”, sin duda, la primera. En fin, a falta de ‘hamburguesa’ buenas son ‘fricadeles’

Fue precisamente en Hamburgo donde Barthold Heinrich Brockes (1680-1743) nació, cinco años antes de que Johann Sebastian Bach naciera en Eisenach, y murió tres años antes de que Bach falleciera ciego en Leipzig. Brockes fue un escritor, poeta y político de los inicios de la Ilustración alemana. De joven viajó por Italia, Francia y Países Bajos. Fue miembro del senado y cónsul de Hamburgo y defendió la educación y emancipación de la mujer. En 1712, escribió un poema que tituló Der für die Sünden der Welt gemarterte und sterbende Jesus (Jesús, padeciendo y muriendo por los pecados del mundo), que se conoce popularmente como la “Pasión de Brockes” y que es un oratorio en verso muy musicado en su época por bastantes compositores entre los que quiero destacar a Reinhard Keiser (1674-1739), Georg Philipp Telemann (1681-1767) y Georg Friedich Händel (1685-1759).

Reinhard KeiserReinhard Keiser desarrolló buena parte de su carrera musical en Hamburgo. Compositor muy prolífico de óperas Johann Mattheson lo describió como “el compositor de ópera más grande del mundo”, fue quizás el primero en poner música a la “Pasión de Brockes” en 1712. Y su composición sirvió de referencia a otros que vinieron detrás de él. Su pasión fue muy interpretada incluso hasta por Johann Sebastian Bach a cientos de kilómetros de distancia, en Leipzig por cierto, Bach jamás puso música al poema de Brockes porque no se lo permitió el consistorio de Leipzig que se ceñía más al literal bíblico. Si tuviera que recomendar una grabación de esta obra de Keiser, sin duda sería la “Pasión de Brockes” interpretada por el conjunto vocal Vox Luminis y la orquesta de música barroca Les Muffatti dirigidos por Peter Van Heyghen en el sello Outhere. La interpretación es, sencillamente, excepcional.

Georg Philipp TelemannCuatro años más tarde, en 1716, el más prolífico de todos los compositores en la historia de la música, Georg Philipp Telemann, fue quien puso música al poema de Brockes. Por aquel entonces, Telemann trabajaba de director musical de la ciudad de Frankfurt a unos 500 km de Hamburgo. Tendrían que pasar cinco años más, hasta que Telemann se estableciera definitivamente en Hamburgo, en 1721, hasta su muerte en 1767 —tan solo se ausentó de la ciudad ocho meses, entre 1737 y 1738, por un viaje a Paris—. Fue amigo de Reinhard Keiser. Por lo que respecta a la “Pasión de Brockes” de Telemann, la grabación de referencia para mí es sin duda la que el director René Jacobs hizo para el sello Harmonía Mundi con el Coro de cámara de la RIAS y la Academia de Música Antigua de Berlin.

Georg Friedrich HändelA la par que Telemann, pero bastante más lejos de Hamburgo, Georg Friedich Händel componía su versión de la “Pasión de Brockes” en Londres. Händel fue el más internacional de los tres compositores: nacido en Alemania y nacionalizado inglés, Händel viajó a Hamburgo en 1703 donde fue admitido como violinista y clavecinista del Oper am Gänsemarkt (la actual Ópera del Estado de Hamburgo). Fue allí donde conoció a Reinhard Keiser entre otros músicos. Luego viajó a Italia llegando incluso a italianizar su nombre: Giorgio Federico Hendel. Allí absorbió el estilo de la ópera italiana. En 1710, regresó a Alemania como maestro de capilla del príncipe elector de Hannover, quien en 1714 se convertiría en Jorge I de Inglaterra. Händel se estableció definitivamente en Inglaterra desde 1712. Curiosamente, si a un inglés le pidiéramos que nombrase un compositor británico de música clásica, no vacilaría en responder: ¡Händel! Y un alemán, igualmente, diría que no, que Händel fue un compositor alemán… El caso es que, volviendo al año 1716, Händel compuso su “Pasión de Brockes” en Londres, y luego envió la partitura a Hamburgo, a la casa de Barthold Heinrich Brockes, donde probablemente se interpretaría por primera vez. La obra de Händel es quizás más conocida que las de Keiser y Telemann. En este caso, la grabación que recomiendo es la grabada en el sello Carus por el Coro de Cámara de Colonia y el Collegium Cartusianum dirigidos por Peter Neumann.

En este caso, el orden cronológico de estas tres pasiones, se corresponde también con mi orden de preferencia: Keiser, Telemann y Händel. Los tres músicos, por distintas razones, están vinculados a la ciudad de la “hamburguesa que no existe”. Y aunque Johann Sebastian Bach no trabajase en Hamburgo ni pusiera música al poema de Barthold Heinrich Brockes, esta ciudad quedaría vinculada a él indirectamente por esos caprichos del destino: Telemann fue el padrino de Carl Philipp Emanuel Bach, hijo de Johann Sebastian Bach, y a la muerte de Telemann, su ahijado le sustituyó en el cargo de director musical de las cinco iglesias más importantes de la ciudad del Elba. Quién sabe, quizás Bach también pensara: ¡A falta de “hamburguesas” buenas son “fricadeles”!

Michael Thallium

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La tempotención

Atendiendo a la frase “cuanto más escucho, más me queda por escuchar”, me queda claro que no tendré tiempo de escuchar – entender, comprender – todo aquello que me gustaría. Tan solo puedo aspirar, si acaso eso es aspirar a algo, a disfrutar de lo que buenamente mi cerebro me permita escuchar. Dicho lo cual, me he dado cuenta de que del mismo modo que uno tiene que dedicar su tiempo y atención a comprender las cosas, a disfrutar de ellas, igualmente ha de dedicárselo a los demás. En este mundo del siglo XXI en que las personas cada vez parecen tener menos tiempo, he decidido inventarme un sustantivo y su correspondiente verbo: tempotención y tempotender.

Tempotención: es el tiempo y atención de calidad dedicados a las personas para que evolucionen felizmente. Es un concepto que surge de un mundo cambiante en el que todo cambia rápidamente y en el que algo es válido en un momento determinado y pasa a ser inválido en otro; lo único invariable es la atención y el tiempo que hay que dedicar a los demás para su desarrollo personal y potenciación como seres humanos. Cuanto menor tempotención, menor desarrollo humano.

Tempotender: dedicar tiempo y atención de calidad a los demás para contribuir a su felicidad y desarrollo personal.

Muy probablemente la utilización de estas palabras no pase de las fronteras de este artículo. Solo una reflexión: las personas necesitaremos tiempo y atención… siempre.

Michael Thallium

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Escuchar y redescubrir lo que te rodea – Kalevi Aho

Hace como cuatro años que empecé un experimento sobre escucha empática que me ha llevado por caminos insospechados. Mi intención era ver el efecto que la música podría tener en el cerebro y comprobar si escuchando música se puede mejorar también la escucha empática a las personas. Tengo que confesar que a falta de cobayas, el único sujeto de mi experimento ha sido mi menda lerenda, es decir, que yo mismo he hecho de cobaya, lo cual hace que el resultado sea aún más subjetivo y que, por ende, quizás carezca del rigor científico que caracteriza a un experimento de laboratorio en el que participan muchos sujetos. No obstante, como a falta de pan buenas son tortas, preferí arriesgarme y pegarme un tortazo antes que quedarme viéndolas venir.

En un principio el experimento se limitaba a escuchar durante un periodo de nueve meses los dos libros de El clave bien temperado de Johann Sebastian Bach y las 32 sonatas para piano y las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven. Era algo relativamente sencillo a priori: un mes dedicado a cada una de las sinfonías, una media de una sonata por semana y unos dos preludios y fugas por semana. El asunto es que cuando uno quiere comprender las cosas, empieza a atar cabos y una cosa termina llevándote a otra. Tanto es así que el experimento de marras me llevó a aumentar mi discoteca considerablemente y a escuchar música que jamás pensé que escucharía. Música desde el siglo IX hasta el siglo XXI. Durante estos cuatros años habré pasado unas 3.000 horas escuchando música de forma deliberada. Y cuanto más escucho, más me queda por escuchar. Así que me conformo con disfrutar de lo que escucho y obviar todo aquello que jamás podré escuchar, porque la vida es limitada.

En las dos últimas semanas me dio por escuchar la música de un compositor del que había oído hablar en varias ocasiones pero cuyas obras jamás antes había escuchado. Me refiero al danés Carl Nielsen. Así que decidí comprarme — sí, yo soy de los que aún compran música — una edición del sello DACAPO con las seis sinfonías de Nielsen y los conciertos para clarinete, flauta y violín interpretados por la Filarmónica de Nueva York dirigida por Alan Gilbert con los solistas Nikolaj Znaider (violín), Robert Langevin (flauta) y Anthony McGill (clarinete). Escuché dos veces cada una de las seis sinfonías y una vez cada concierto. Para mí se abrió un mundo relativamente nuevo de sonoridades sinfónicas. Sin embargo, aunque reconozco la calidad de estas obras y la excelente interpretación de los músicos, por alguna razón que ignoro, no he llegado a conectar con la música de Carl Nielsen, aun reconociendo que es uno de los grandes sinfonistas en la historia de la música. Fue eso lo que me llevó a indagar en busca de nuevos terrenos sonoros. Y hete aquí que apareció un nombre para mí hasta hace un par de días totalmente desconocido: Kalevi Aho.

alevi Aho, (2008). Painting by Tuomas Vesala.

Kalevi Aho. Pintura de Tuomas Vesala.

Kalevi Aho es un prolífico compositor finlandés nacido en 1949 y que hasta el momento ha escrito 16 sinfonías, de las cuales he escuchado todas una vez en orden cronológico, y tengo que decir que he descubierto un lenguaje nuevo con el que sí que he conectado desde el primer momento. ¿Qué es lo que nos hará conectar con las cosas incluso aunque no lleguemos a entenderlas del todo? Ninguna de las sinfonías que he escuchado me ha dejado de sorprender. Por ello, me atrevo a afirmar que su música perdurará en el tiempo. Para quien esté interesado, el sello BIS publica la música de Aho. Las tres únicas sinfonías que hasta la fecha en que escribo este artículo no están grabadas en este sello son la 5 (recomiendo esta grabación del sello Finlandia Records: Meet the Composer), la 6 (esta sinfonía solo se puede escuchar en Youtube y con muy mala calidad) y la 16 (se puede ver y escuchar con muy buena calidad en Youtube).

El descubrimiento de Kalevi Aho me ha servido para ratificar que siempre hay algo nuevo por descubrir y con lo que conectar, y que ese algo nuevo te hace ver lo que ya conoces desde otra perspectiva, en definitiva te hace redescubrir lo conocido con el entusiasmo de un niño que ve, oye o siente algo por primera vez. En mi caso, la música es mi vehículo de desarrollo personal. Otras personas conectarán con la pintura, el deporte, el baile…

Ignoro si mi capacidad para escuchar empáticamente a los demás habrá aumentado en estos cuatro últimos años, pero desde luego sí que ha aumentado mi capacidad para adentrarme en nuevos mundos sonoros y abrirme a lo desconocido. ¡Quién sabe! A lo mejor algún día a alguien le da por analizar mi cerebro y descubre que verdaderamente todas esas horas de escucha tuvieron su efecto en la estructura de mi cerebro y en el modo en que mis neuronas se conectan entre sí. Vivir quizás es redescubrir la realidad una y otra vez, establecer una sinapsis continua y cambiante con todo aquello que nos rodea.

Michael Thallium

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Mujeres compositoras cuya música merece la pena conocer

Cécile Chaminade (1857-1944)

Cécile Chaminade (1857-1944)

“No creo que las pocas mujeres que han alcanzado grandeza en el trabajo creativo sean la excepción, sino más bien que la vida ha sido dura para ellas; no se les ha dado oportunidades, no se les ha dado seguridad… A las mujeres no se las ha considerado una fuerza de trabajo en el mundo, y el trabajo que su sexo y condición les impone no se ha ajustado a darles una completa idea para el desarrollo de lo mejor de sí mismas. A las mujeres se las ha incapacitado, y sólo unas pocas, a pesar de la fuerza de las circunstancias de la dificultad inherente, han sido capaces de conseguir lo mejor de esa incapacitación.”  Cécile Chaminade, compositora

Amy Beach, 1867-1944

Amy Beach, 1867-1944

Un sábado de hace pocas semanas, acudí al Teatro Monumental de Madrid junto con un buen amigo pianista, Julio César Setién, para escuchar un recital de música de cámara patrocinado por Radio Clásica con sendos quintetos para piano de Enrique Granados (1867-1916) y Amy Beach (1867-1944). En honor a la verdad, yo fui por el quinteto para piano opus 67 de Amy Beach. Hacía tiempo que había leído muy por encima alguna reseña sobre esta compositora estadounidense, pero no escuché su música hasta hace bien poco, siendo el primer día en que lo hice aquella jornada de marras en el Teatro Monumental. La obra de Amy Beach me sorprendió muy gratamente, lo cual me llevó a indagar unos días más tarde y descubrir junto a Amy Beach a otras tres compositoras dignas de mención: la francesa Cécile Chaminade (1857-1944) y las británicas Rebecca Clarke (1986-1979) y Dorothy Howell (1898-1982).

Rebecca Clarke (1886-1979)

Rebecca Clarke (1886-1979)

El motivo por el cual relacioné a estas cuatro compositoras son dos grabaciones que recomiendo: una del año 1995 para el sello ASV con obras de Amy Beach (el quinteto opus 67) y Rebecca Clarke (Trio para piano y Sonata para viola) y otra del sello Hyperion de 2017 con conciertos para piano de Cécile Chaminade, Amy Beach y Dorothy Howell. De esta última grabación me llamó muchísimo la atención la obra “Konzertstück” de Chaminade: ¡potente! Pero tampoco podría decir menos de los conciertos para piano de Beach y Howell.

Dorothy Howell (1898-1982)

Dorothy Howell (1898-1982)

Me resulta inevitable pensar que quizás la historia de la música o, mejor dicho, quienes interpretamos música o la escuchamos, estamos en deuda con muchas mujeres que han pasado de puntillas por un mundo musical dominado históricamente por varones. Sus obras han quedado injustamente relegadas a un segundo plano y en la mayoría de los casos como meras anécdotas. Me resulta imposible resumir en unas pocas líneas las vidas de estas mujeres, al igual que me resultaría imposible resumir la de otros tantos compositores varones. Tampoco quiero caer en el patrón de la discriminación positiva hacia la mujer tan de moda a comienzos del siglo XXI. Si hablo de ellas aquí es porque verdaderamente considero que merece la pena escuchar su música, pues no tiene nada que envidiar a la música de otros de sus contemporáneos masculinos. Es de muy buena calidad y nos corresponde a nosotros, quienes escuchamos o interpretamos música, honrar a esas mujeres que un día decidieron invertir tiempo y mucho esfuerzo en componer música. La mejor forma de honrarlas es interpretando y escuchando su música, cosa que, hoy por hoy, no es tan fácil, pues existen pocas grabaciones y los concertistas no se prodigan con sus obras. ¡Demandemos pues su música! ¡Honrémoslas!

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De los milagros, del desarrollo personal y de Germán “El Contrahecho”

Hermann der LahmeUna de las palabras que para mí —y hago hincapié en eso de “para mí”— ha perdido su significado tradicional es “milagro”, a saber: hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Si uno no cree en el origen divino de las cosas, difícilmente podrá creer en los milagros y menos aún en obrarlos. No obstante, hablaré de “milagro” como aquel hecho de muy difícil explicación que se escapa a la lógica y razón humanas tal y como las entendemos hoy.

Hace unos mil años, la media de edad estaba entre 30 y 40 años. Convengamos que 40 años era la edad en la que la mayoría de personas moría ya anciana. Por eso me llama mucho la atención que Germán “El Contrahecho” (1013-1054) llegara a vivir 41 años. En ese sentido sí que podríamos considerarlo el milagro del siglo XI. ¿Cómo es posible que una persona de aquel entonces, con espina bífida, labio leporino, paladar hendido y parálisis cerebral pudiera vivir tantos años? Sin duda: por el cuidado y el amor de las personas que lo rodearon. Por eso es tan importante crearse una “estructura de apoyo” cuando uno se embarca en un proceso de desarrollo personal o profesional, porque las cosas resultan más fáciles con esos apoyos.

Hermannus der Lahme, su nombre en alemán, también conocido en latín como Hermannus Contractus y en castellano como Germán “El Contrahecho”, nació en una familia noble de una pequeña ciudad del suroeste de Alemania llamada Altshausen. Sus padres, al ver los problemas de salud con los que su hijo había llegado al mundo, decidieron a los pocos años llevarlo a una abadía benedictina en Reichenau, una diminuta isla en el lago Constanza. Y allí vivió y murió, pero no como una persona cualquiera, pues llegó incluso a ser abad y escribió sobre filosofía, ciencia y también compuso mucha música. Llama la atención que alguien que, debido a sus carencias físicas, apenas podía moverse, escribir ni hablar, sin embargo, escribió e investigó, aprendió cuatro idiomas (alemán, latín, griego y árabe), compuso música e incluso cantó durante muchos años. ¿Un milagro?

The Miracle of the Century

El conjunto Ordo Virtutum grabó en 2013 parte de la obra de Hermannus Contractus para el sello Raumklang y el CD se titulaba precisamente “El milagro del siglo” (The Miracle of the Century). Y es precisamente esta grabación la que recomiendo aquí. Al trío de compositores de la Edad Media Otfrid von Weissenburg, Kassia y Notker Balbulus, añado ahora un cuarto, Hermannus, que nació un siglo más tarde que sus antecesores. Sin duda, un ejemplo de que querer es poder, y de que con amor se llega muy lejos.

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Otfrid, Kassia y Notker

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Uno de los obstáculos para conocer la vida del pasado es que los seres humanos tendemos a dar por sentado que las cosas siempre han sido así y que, por suerte o por desgracia, tenemos una memoria bastante cortoplacista. A muchos de nosotros nos resulta incluso difícil acordarnos de aquellos años de nuestras vidas en los que no existía el teléfono móvil. Y a quienes hayan nacido ya con móviles, les resultará muy difícil imaginarse una vida sin ellos, sin poder buscar inmediatamente por Internet algo que no sabemos o queremos saber. ¡Cuán difícil aún no será imaginarse la vida de las personas de hace unos 1.200 años! Y si ya nos metemos en la vida musical de aquel entonces, ¡ni te cuento!

Hace poco me dio por indagar sobre los documentos musicales no anónimos más antiguos que se conocen. Di con tres compositores que durante algún tiempo de sus vidas coincidieron temporalmente en este planeta Tierra: Otfrid von Weissenburg (ca. 800- ca. 870), Kassia (ca. 810-ca. 865) y Notker Balbulus (ca. 840-912). Dos hombres y una mujer. Una mujer, Kassia, de la Europa del Este, del Imperio Bizantino; y dos hombres, Otfrid y Notker, de la Europa central. Esa convivencia temporal en este planeta no conlleva en modo alguno que se conocieran en persona. La comunicación en aquella época era muchísimo más lenta que en la actualidad, y las distancias, aún siendo las mismas que hoy, en muchos casos eran insalvables. Sin embargo, sí que cabe la posibilidad de que Notker Balbulus, cuando menos, oyera hablar de Otfrid von Weissenburg, pues este había escrito una dedicatoria al final de una de sus obras, Liber Evangeliorum, a dos monjes amigos suyos, Hartmuat y Werinbert, de la abadía de San Galo, abadía de la que Notker era monje.

Otfrid Kassia Notker

Aventurarse a conocer cómo fueron las vidas de estas tres personas es hacer meras conjeturas, pues hay muy poca información al respecto. Las fechas de nacimiento y fallecimiento excepto la de fallecimiento de Notker Balbulus son aproximadas. Si tomamos como válidas —extremo que no puedo confirmar — las fechas de fallecimiento de Otfrid (870) y Kassia (865), entonces hay un periodo de al menos 15 años en el que los tres fueron contemporáneos.

Otfrid Liber EvangeliorumOtfrid von Weissenburg es el primer poeta conocido que escribió en alemán, mejor dicho, en la lengua de los francos — “frank” en alemán significa “libre”; los francos eran libres del Imperio Romano , un dialecto del sur del Rin. Y por ello muchos lo consideran el “padre de la literatura alemana”. Desempeñó buena parte de su carrera como teólogo, monje y científico en la Abadía de Weissenburg, en Alsacia  actualmente Wissembourg, en Francia y de ahí viene su nombre. Fue discípulo de Rabano Mauro (ca. 780-856) con quien estudió en la abadía de Fulda, en Hesse. El Ensemble Officium dirigido por Wilfried Rombach hizo una grabación del Liber Evangeliorum de Otfrid para el sello Christophorus que recomiendo a toda persona que quiera conocer parte de la historia y música del periodo carolingio.

Kassia HymnsKassia nace en Bizancio actualmente, Estambul, en Turquía , es decir, a unos 2.000 km del área geográfica en que se movió Otfrid von Weissenburg, lo cual hace muy improbable que supieran la una del otro o viceversa. Kassia pertenecía a la Iglesia Ortodoxa Bizantina y fundó un convento del que fue primera abadesa. Durante su vida compuso himnos con melodías y armonías bien distintas a las de su contemporáneo católico Otfrid. El conjunto VocaMe grabó parte de esos himnos de Kassia para el sello Christophorus en 2009. Esta es otra de mis recomendaciones, no ya solo por su calidad, sino porque Kassia, amén de defensora de la mujer quizás de las primeras feministas es la primera compositora de la que se tiene constancia hasta la fecha, casi tres siglos antes que la más conocida Hildegard von Bingen (1098-1179).

Notker BalbulusNotker “El Tartamudo” pues eso es lo que significa “Balbulus” en latín vivió a poco más de 200 km de distancia de Otfrid, en la Abadía de San Galo en la actual Suiza , lo cual hace probable que sí que llegaran a saber el uno del otro, porque, además, ambos pertenecieron a la Orden Benedictina. Notker fue quien introdujo en Alemania las “secuencias”, una innovadora forma de separar las sílabas latinas haciendo melodías melismáticas. El Conjunto Ordo Virtutum dirigido por Stefan Johannes Morent grabó parte de la música de Notker para el sello Christophorus en 2010. Sobra decir que esta es otra de mis recomendaciones.

El “padre de la literatura alemana”, la “feminista” y el “tartamudo”… Las etiquetas son limitantes y en muchas ocasiones se quedan cortas. Otfrid, Kassia y Notker, tres personas de cuyas vidas sabemos muy poco, pero cuyas obras han pervivido durante más de un milenio entre nosotros. Pensar en ellas me hace preguntarme: ¿cuántas personas contemporáneas nuestras habrá que, a pesar de la inmediatez de la comunicación actual, pasen inadvertidas y ni las conozcamos? Ignoro si alguien escribirá sobre ellas dentro de un milenio, lo que sí sé es que yo no estaré aquí para contarlo. Me basta con conocer y amar todo aquello que mi cerebro buenamente me permita. Y lo más importante: ¡sentirme agradecido por ello!

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Los cuartetos de Morton Feldman, el desarrollo personal y la potenciación de la escucha (Parte II)

String Quartet 2 FeldmanEscribo estas palabras apenas pasados unos minutos de una sesión sónico-meditativa de un poco más de seis horas. Ese es el tiempo que he invertido en escuchar de una tacada el Cuarteto para cuerda n.º 2 de Morton Feldman (1926-1987). No es fácil resumir esa experiencia de seis horas en unas pocas palabras. En honor a la verdad, he de decir que me lo planteé como un pequeño reto. ¿Sería capaz de aguantar 6 horas y 8 minutos escuchando con atención plena esas lentas sonoridades tan peculiares? Decir que he pasado esas seis horas con atención plena es mucho decir, porque durante ese tiempo la mente tiene tiempo de sobra para divagar y perderse en marañas de sensaciones y pensamientos. Y tampoco puedo afirmar que esta sesión me sirva para ser mejor persona, aunque esa fuera mi intención al comenzarla. La meditación no te hace mejor persona: solo te permite pasar tiempo contigo mismo y convertirte en observador de tus pensamientos, emociones y sensaciones. No obstante, sí que tengo la certeza que esas horas de escucha en estado de atención plena dejarán su poso en el cerebro. ¿Cuál será su efecto? Lo ignoro. Quizás algún día a alguien le dé por estudiar mi cerebro, nunca se sabe. En cualquier caso, sí que estoy convencido de que afrontar retos -y para mí esto lo era- nos hace ejercitar nuestra capacidad de resiliencia. Y para resiliencia la de los intérpretes de esta obra: el Cuarteto Flux. Yo he pasado seis horas escuchándolos, pero ellos pasaron otras tantas tocando instrumentos con todas las dificultades que una interpretación tan larga conlleva.

Quizás ocurra -aunque eso no me gustaría- que realmente mi empeño por mejorar mi capacidad de escucha haciendo estas cosas inusuales sea en vano. Como vana pudo también ser la lectura, hace años, de El hombre sin atributos de Robert Musil (1880-1942). En cualquier caso, considero que tanto escuchar el Cuarteto para cuerda n.º 2 de Feldman como la lectura de la novela de Musil -por cierto, novela que se cita con cierta frecuencia en círculos “culturetas” e “intelectualoides”, pero que poquísimas personas han leído realmente- son dos hazañas de las que me siento satisfecho. En la vida, se trata de eso precisamente: estar satisfecho de lo que uno hace y ser consciente de ello.

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Los cuartetos de Morton Feldman, el desarrollo personal y la potenciación de la escucha

Morton Feldman

Morton Feldman, 1926-1987

A las personas que no estén acostumbradas a escuchar música de concierto occidental, los cuartetos para cuerda del compositor estadounidense Morton Feldman (1926-1987) les resultarán raros y, seguramente, muy difíciles de entender. Feldman compuso dos cuartetos para cuerda. El primero de ellos dura una hora y media aproximadamente; el segundo, un pelín más de seis horas, lo cual es toda una prueba de resistencia física y mental tanto para los intérpretes como para el oyente.

Para mis escuchas elegí la versión del Cuarteto para cuerda n.º 1 que el cuarteto Flux grabó para el sello musical Mode. Pregunta lógica que alguien puede estar haciéndose: “¿De verdad que te has chupado una hora y media escuchando este cuarteto?” Sí, y lo habré escuchado unas diez veces, dos de las cuales, las dos últimas en concreto, han sido meditando, es decir, que utilicé la música de Morton Feldman para mi desarrollo personal. “¿Y de veras que te has chupado las seis horas del segundo cuarteto?” No… ¡todavía! Mi intención es hacerlo próximamente a modo de experimento. Y cuando digo “experimento” me refiero a que la primera escucha que haga de ese cuarteto va a ser una escucha profunda y meditada. A quienes no estén familiarizados con la escucha profunda, les animo a leer acerca de Pauline Oliveros (1932-2016). La razón de escucharlo de esta manera es porque considero que la escucha profunda de música sirve para potenciar la escucha empática a las personas, y la escucha empática es la herramienta de trabajo más importante para quienes nos dedicamos a la mediación emocional (coaching), al desarrollo personal y de equipos. En realidad, es importante para cualquier persona que quiera manejarse en el ámbito de las relaciones personales, lo cual en mi caso también incluye la comunicación y los idiomas.

A fecha de hoy en que escribo este artículo, llevo 97 días consecutivos de meditación (para el seguimiento de mi actividad meditativa utilizo la aplicación gratuita Insight Timer), una aventura en la que me embarqué a raíz de un curso titulado Una vida de felicidad y plenitud impartido por Raj Raghunathan, autor del libro If you are so smart, why aren’t you happy (“Si eres tan inteligente, ¿por qué no eres feliz?”). Mi intención es practicar la meditación y la escucha para estar más presente en mi día a día.

Si alguien quiere participar de esta experiencia auditivo-meditativa con el Cuarteto para cuerda n.º 2 de Morton Feldman, siempre daré la bienvenida a quien quiera compartir esas seis horas conmigo. Por su calidad sonora y de ejecución, recomiendo la interpretación del cuarteto Flux.

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