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Trío VibrArt: arte vibrante, epifanía y catarsis

Madrid. Café Comercial, 05-XII-2018. Trío VibrArt: Miguel Colom (violín), Fernando Arias (violonchelo) y Juan Pérez Floristán (piano). Obras de Franz Schubert, Trío n.º 2 en mi bemol mayor, D929; Dmitri Shostakóvich, Trío n.º 2 en mi menor, op. 67.

(Crítica publicada en la revista Scherzo n.º 347 de enero de 2019)

Asir lo inasible es, por definición, imposible. Y eso es lo que ocurre “un poco” con ese arte efímero que es la música: asirla resulta imposible. Sin embargo, ese “un poco” es precisamente lo que hace que, aunque no se pueda asir en su conjunto, sí la podamos disfrutar “un mucho”, instante a instante, en el transcurso del tiempo, cuando las ondas sonoras, por una suerte de magia orgánica, se transforman en el cerebro convirtiéndose en bellos sonidos y armónicas melodías que nos hacen vibrar en sintonía. Pocas veces se logra que esa sucesión de instantes se convierta en verdadero arte vibrante. Y eso fue precisamente lo que logró el Trío VibrArt en las noches del madrileño Café Comercial. Hay momentos en que uno es consciente de que aquello de lo que es testigo tiene una transcendencia que va mucho más allá del mero entretenimiento. Creo que no me equivoco al decir que quienes fuimos testigos del recital del Trío VibrArt convendríamos en afirmar que Miguel Colom (violín), Fernando Arias (violonchelo) y Juan Pérez Floristán (piano) hicieron arte vibrante no ya de la buena, sino de la excepcional y única. El listón quedó a la inmensa altura —y difícil de igualar— de los dos compositores a quienes interpretaron: Schubert y Shostakóvich.

La calidad de The London Music N1ghts en el Café Comercial crece con cada recital, lo cual plantea un reto a los artistas que vengan en el futuro —hay que estar a la altura— y al público que acuda asiduamente a este ciclo —hay que estar preparado para la eventual decepción. El alma mater del ciclo, Benjamín G. Rosado, acertó de pleno trayendo al Trío Vibrart. En el programa, dos obras de cámara de dos compositores con un marchamo inconfundible: el Trío n.º 2 en mi bemol mayor D929 de Franz Schubert y el Trío n.º 2 en mi menor, op. 67 de Dmitri Shostakóvich. Dos obras separadas por 116 años, pero unidas por la presencia de la muerte: la de Schubert compuesta en 1828, año de su fallecimiento, todo un canto del cisne; la de Shostakovich, compuesta en 1944 entre los horrores de la Segunda Guerra Mundial, todo un angustiado canto que evoca el holocausto judío.

Miguel Colom (violin), Juan Pérez Floristan (piano), Fernando Arias (cello).

Miguel Colom (violín), Juan Pérez Floristan (piano), Fernando Arias (chelo).

La primera parte del recital comenzó con Juan Pérez Floristán haciendo de maestro de ceremonias explicando con esa aguda y delicada voz suya de acento sevillano —algo chocante dada la fuerza y potente carácter que consiguen sus manos cuando se sienta al piano— la primera de las obras. El conocido trío de Schubert tiene cuatro movimientos: Allegro, Andante con moto, Scherzo y Allegro moderato. Es una obra de exquisita belleza melódica y potente expresividad que Schumann y Brahms valoraban en su día por encima de los tríos de Beethoven. Fue también una de las últimas que el compositor austriaco pudo ver interpretadas antes de fallecer. Dura entre 40 y 50 minutos. El Trío VibrArt interpretó esta obra con una visión interior, mental y sentimental, clarísima y definida que superó la alteza de la melopea schubertiana.

La segunda parte, introducida de viva voz una vez más por Juan Pérez Floristán, fue una invitación a la epifanía y a la catarsis. La obra de Shostakóvich, llena de melodías y danzas de origen judío, comienza con un suave y melancólico canto del violonchelo en un registro muy alto de armónicos al que luego se une el violín en un registro muy bajo y, finalmente, entra el piano que los acompaña. El Trío VibrArt logró la catarsis: expresividad, angustia, contraste, dinamismo, belleza, sentimiento, potencia, lucha, arrebato, delicadeza… Y hete aquí la epifanía: los tres músicos españoles se manifestaron como todo un referente mundial.

El aplauso entusiasmado del público, consciente de que esa noche había sido testigo de algo excepcional, tuvo su obsequio cuando el chelista Fernando Arias —curiosamente con una voz también aguda y delicada que no se corresponde con el sonido grave y potente de su violonchelo— anunció que, a modo de propina, interpretarían una breve canción de las Escenas de niños de Federico Mompou arreglada para el trío por el propio Juan Pérez Floristán, quien con ello demuestra una vez más su genialidad y penetrante inteligencia musicales. El Trío VibrArt: ¡vibrante, epifánico y catártico!

Michael Thallium

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