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El poder de la concreción

Hace una semana me comprometí con la responsable de recursos humanos del Grupo Avimosa a escribir algo sobre la concreción. Mi compromiso surgió más de la añeja amistad que me une a ella que del puesto de responsabilidad que desempeña en el susodicho grupo. Y es que mi recursohumanóloga amiga pensaba que eso de mostrar generosidad auténtica deshaciéndose en halagos sinceros, siendo un agente del conocimiento, compartiendo aficiones y pasiones, debatiendo los asuntos de actualidad y compartiendo el sentido del humor es algo que está muy bien para mejorar las relaciones, pero que ella, en el trato con los demás, echaba en falta, precisamente, saber concretar.

Antes de meterme en las harinas de la concreción, quisiera recordar que pensando, sintiendo y haciendo creamos la realidad que nos circunda: nuestro particular mundo interpretativo. Esos tres verbos ? pensar, sentir y hacer ?, conforman nuestro ser. Así, si piensas, sientes y haces como la otra persona, lograrás entender su mundo, dicho de otro modo, la comprenderás mucho mejor.

triángulo de la experiencia

Dicho queda. Ahora, ¡concretemos! En su libro Poder sin límites (Unlimited Powers), Anthony Robbins dedica un capítulo a esa hojarasca verbal que nos hace irnos por las ramas… y no concretar. Y para hacer justo lo contrario, es decir, aventar la hojarasca y concretar, menciona un modelo de concreción que se utiliza en programación neurolingüística (PNL). Es muy sencillo y de fácil memorización:

Modelo de concreción

Levanta las dos manos a la vez hacia arriba y adelante, un poco hacia la izquierda de tu campo de visión. Fíjate en cada uno de los dedos y repite, una y otra vez, las palabras que les corresponden hasta que las asocies automáticamente con cada uno de los dedos.

Este modelo sirve para eludir las trampas del lenguaje. Comencemos con los dedos meñiques. El derecho, está asociado a la palabra “universales”; el izquierdo, “todos, siempre, nunca”. Los juicios universales son geniales… siempre y cuando sean verdaderos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los juicios universales hacen que nos perdamos en la hojarasca. Por ejemplo, una mujer observa a un hombre que habla con otra mujer en un pub y, al rato éste cambia de lugar y se pone a hablar con otra mujer. Entonces, la observadora dice: “todos los hombres son iguales, unos mujeriegos”. En otro caso, un hombre ve a una mujer joven con otro hombre adinerado y bastante mayor que ella y dice: “todas las mujeres son iguales, solo piensan en el dinero”. En ambos casos, hemos pasado de una verdad limitada a una falsedad generalizada. Es posible que ese hombre en particular sea un mujeriego, pero no todos los hombres lo son. Igualmente, alguna mujer pudiera estar por dinero con un hombre, pero no todas. Así que cuando oigas alguna generalización de este tipo, utiliza el modelo de concreción. “Todos los hombres son iguales” ¿Todos? “Los empleados nunca trabajan” ¿Nunca?

Pasemos a los dedos anulares. El derecho lleva asociadas las palabras “debo, no debo, puedo, no puedo”. Cuando alguien dice “no puedo”, está enviando una señal limitante al cerebro. Y si indagas por qué esa persona “no puede” hacer algo, dará un montón de explicaciones que lo justifiquen. ¿Cómo romper ese círculo vicioso? Preguntado: ¿qué pasaría si fueras capaz de hacerlo? Esto mismo nos ocurre con nuestro diálogo interno. Cuando “no podemos” hacer algo convendría que nos preguntáramos: ¿qué me impide hacerlo ahora? Así, pondríamos de manifiesto lo que debe cambiarse concretamente.

Continuemos con los dedos medios que representan los verbos y la pregunta “concretamente, ¿cómo?”. La hojarasca verbal y mental embota el cerebro. Para que este actúe con eficacia, necesita señales claras. Si un amigo me dice “estoy deprimido”, lo que realmente está haciendo es describir un estado de ánimo que padece, pero no está siendo nada concreto. Así que le pediría que expresara concretamente cómo y cuáles son las causas. Es probable que cuando le pida ser concreto, mi amigo me diga: “estoy deprimido porque siempre me sale todo mal con las chicas que me gustan”. ¿Qué le pregunto a continuación? ¿Es cierta la sentencia universal? Probablemente, no. Así que insistiría: “¿te sale todo mal siempre?”. Muchas veces, preguntar eso hace que la otra persona identifique el problema real y trate de resolverlo.

Prosigamos con los dedos índices que representan la pregunta “¿quién o qué concretamente?” Cuandoquiera que oigas a alguien dar nombres –personas, cosas o lugares? en una frase generalizada, responde con otra frase que incluya “quién (o qué) en concreto”. La indefinición en los nombres es la hojarasca que más nos hace irnos por las ramas: “no me comprenden”, “nadie me quiere”, “no quieren ayudarme”. ¿Quiénes son “ellos” en concreto?

Supongamos que alguien te dice: “tu plan no va a funcionar”. ¿Qué respondes? Si respondes con una posición cerrada por el estilo de “pues yo digo que sí va a funcionar”, no te va a servir de mucho para resolver la situación. Con frecuencia, no es tu plan lo que no va a funcionar, sino una pequeña parte de él.

Por último, pasamos a los pulgares. El pulgar derecho dice “demasiado, demasiados, demasiado caro”; el izquierdo, “demasiado, ¿comparado con qué?” Si alguien me dice que mi tarifa por sesión de coaching es demasiado cara y respondo “¿comparado con qué?”, es posible que la otra persona replique: “comparado con otras sesiones que he probado”. Entonces, trato de averiguar a qué sesiones se refiere concretamente y le pregunto sobre una de ellas:

?      ¿En qué se parece esa sesión a la mía, concretamente?

?      Pues… realmente no se perece.

?      Eso es muy interesante, ¿qué le parecería si pensara que mi sesión verdaderamente merece el tiempo y el dinero que le dedica?

?      No sé… tal vez me sentiría mejor.

?      ¿Qué puedo hacer ahora mismo para ayudarle a sentirse de esa manera?…

Dije al principio que cada uno tenemos nuestro mundo interpretativo. He aquí mi consejo para mi amiga recursohumanóloga con la que me comprometí: durante los próximos días, fíjate en la manera de expresarse de las personas (empezando por ti misma); juega a detectar juicios universales, verbos y nombres no concretos. ¿Qué dirías para rebatirlos? ¿Qué es lo que quiero? ¿Cuál es el objetivo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué deseo para ti? ¿Qué deseo para mí? 

Michael Thallium

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