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Antoine Reicha y el piano (I): Ejemplos prácticos

Père-Lachaise Anton Reicha TUMBAEl 28 de mayo de 1836, en el cementerio Père-Lachaise de París, se dio sepultura al cuerpo ya sin vida ni música del Caballero de la Legión de Honor y miembro de la Academia de las Bellas Artes del Instituto de Francia: Antoine Reicha. Al año siguiente, algunos de sus compañeros del Conservatorio de París sufragaron un monumento conmemorativo en su tumba para que la posteridad guardase memoria de los pasos de Reicha en la Tierra. Una placa sencilla reza: A REICHA (Antoine Joseph), profesor de contrapunto en el Conservatorio de música, miembro del Instituto y de la Legión de Honor. Nacido en Praga el 25 de febrero de 1770 y fallecido en París el 28 de mayo de 1836. Un personaje peculiar, empezando por su nombre que, al nacer, fue Antonín Rejcha, luego, durante su formación en Alemania, Anton Reicha (pronunciado “raija”) y, más tarde, al nacionalizarse francés, Antoine Reicha. Compartió año de nacimiento con uno de los grandes de la música: Ludwig van Beethoven. Y el destino quiso también que no solo se encontraran, sino que se hicieran amigos. Reicha sobrevivió nueve años a Beethoven.

A los diez meses de nacer, Reicha se quedó huérfano de padre. Parece ser que la madre no quiso hacerse cargo de su educación, lo cual le llevó a huir de casa con diez años. Su tío, Josef Rejcha, un compositor y virtuoso chelista, lo adoptó y fue con él con quien el joven Reicha comenzó su educación musical. La mujer de Josef fue quien insistió en que Reicha recibiese también clases de alemán y francés. Cuando Reicha tenía 15 años, su tío fue nombrado chelista y líder de la Hofkapelle, la orquesta de la corte electoral de Bonn. Así que el matrimonio y el hijo adoptado se mudaron a Bonn. No pasó mucho tiempo para poder ver al joven Anton Reicha tocar el violín y la flauta (su principal instrumento) en la Hofkapelle junto a un joven violista: Beethoven. En 1789 los dos jóvenes músicos se matricularon en la Universidad de Bonn. Reicha estudió matemáticas y filosofía. Muchos años más tarde, en sus memorias de 1824 (Notes sur Antoine Reicha), Reicha afirmó que el álgebra y la filosofía de Kant tuvieron una influencia notable en el modo en que concebía la música. En 1794 Reicha dejó Bonn para marcharse a Hamburgo. En la ciudad hanseática se ganó la vida dando clases de piano, armonía y composición. En 1799 se mudó a París, donde sus trabajos orquestales tuvieron una buena acogida. Más tarde, en 1802, Reicha decidió probar suerte en Viena. Curiosamente, ese año fue uno de los peores en la vida de Beethoven quien por aquel entonces ya llevaba algunos años instalado en Viena; 1802 fue el año en que Beethoven contempló la idea de suicidarse y escribió el conocido Testamento de Heilegenstadt. Reicha volvió a reencontrarse con Beethoven en la capital austríaca y allí pasó seis años muy prolíficos y fructíferos. Entabló una relación muy cercana con Joseph Haydn, quien por entonces ya estaba en la cumbre de la fama.

En 1808, Antoine Reicha decide establecerse definitivamente en París. Su reputación como profesor y conocedor de los secretos de la música instrumental alemana le precedía; era una de las figuras más notables del mundo musical europeo, un artista muy cosmopolita. En París, Reicha se rodeó de un grupo pequeño pero influyente de estudiantes a quienes daba clases privadas. Entre ellos se encontraban George Onslow y el virtuoso violinista Pierre Baillot, a quienes debemos que no se perdiera la música de Reicha. En 1818, Reicha fue nombrado profesor de contrapunto y fuga en el Conservatorio de París, donde dio clase a Berlioz, Gounod, Liszt y César Franck entre otros.

Entre 1814 y 1833, Reicha publicó, en francés, cuatro grandes tratados de música que dejaron su impronta. El pianista y compositor Carl Czerny los tradujo al alemán; pronto siguieron las ediciones en inglés, italiano y español, consolidándose así la reputación de Reicha en toda Europa. En 1829 Reicha se nacionalizó francés y, dos años más tarde, le nombraron caballero de la Légion d’honneur. En 1835, un año antes de fallecer, se le admitió en la sección de música de la distinguida Academia de las Bellas Artes del Instituto de Francia.

Placa conmemorativa Reicha

Hecho este breve recorrido por la vida de Reicha, ¿por qué su música ha estado en el olvido durante tantos años? Probablemente, buena parte de la responsabilidad recaiga en el propio Reicha, quien se negó a publicar muchas de sus obras. Sin embargo, en las últimas décadas parece haber renacido el interés por la obra de este gran músico. Una de las personas a Reicha rediscovered CDquienes debemos la difusión de la obra para piano del compositor “checho-alemán-francés” –recordemos que el principal instrumento de Reicha fue la flauta– es el pianista Ivan Ilic. Hasta la fecha, Ivan Ilic ha publicado dos volúmenes con la obra pianística de Reicha en el sello británico Chandos. En el primer volumen, que tiene obras para piano inéditas compuestas después del periodo formativo de Reicha, hacia 1800, hay tres “Ejemplos prácticos” (Practische Beispiele), los números 4, 7 y 20, de los que me voy a ocupar ahora. Entre 1799 y 1803, Reicha escribió las Philosophisch-practische Anmerkungen zu den practischen Beispielen (Observaciones filosóficas y prácticas sobre ejemplos musicales). Estas Anmerkungen (Observaciones) son comentarios didácticos sobre las 24 composiciones para piano de su anterior Practische Beispiele, ein Beitrag zur Geistes Cultur des Tonsetzers (Ejemplos prácticos, una contribución a la cultura intelectual del compositor). Reicha explicó el carácter innovador de su obra de la siguiente manera:

Quería contribuir especialmente al cultivo del intelecto del artista mediante ejemplos prácticos [Practische Beispiele] y mediante las observaciones que los acompañan [Anmerkungen] para llamar su atención sobre los temas que podrían ser importantes para [...] avanzar en su arte, pues desearía verlo libre [...] de la servil esclavitud a la que ha estado sometido por la ignorancia y el mal gusto de la mayoría de quienes imponen reglas para el uso de la armonía.

En los Practische Beispiele, Reicha aborda el arte de la modulación –la armonía– de manera sorprendente. En estas piezas, Reicha se sale por la tangente y cambia de tonalidades empleando un lenguaje impropio de la música de su tiempo. Estos Ejemplos prácticos son muy originales desde el punto de vista armónico. Se enmarcan en la estética de la fantasía, muy cercana a la improvisación, algo que era muy habitual en la formación de los músicos de aquella época: saber improvisar. La Fantaisie sur un seul accord (Fantasía sobre un solo acorde) y Harmonie (Armonía), los números 4 y 20 de los Practische Beispiele, pertenecen a este género. En el n.º 4, la armonía se limita a un solo acorde con el fin de que el intérprete se dirija hacia distintas figuraciones instrumentales. Así lo expresa Reicha en la Observación correspondiente:

la mente, limitada por la falta de medios, busca (y encuentra) soluciones en las que de otro modo jamás habría pensado, logrando así el objetivo.

El objetivo didáctico es dar rienda suelta a la imaginación del pianista o compositor para que improvise y cree obras similares. El n.º 20, Fantaisie sur un seul accord, es una concepción distinta de la fantasía. La obra comienza con una secuencia de dieciséis acordes que sirven de patrón para las siguientes seis fantasías, cada una de ellas basada en la armonía precedente y con una duración, carácter, métrica y tempo distintos (obsérvese que la segunda tiene un compás quíntuple muy original para la época). Eso confiere a esta pieza un toque caprichoso en línea con la improvisación. La libertad rítmica del Ejemplo práctico n.º 4, Harmonie, donde Reicha emplea tanto compases binarios como ternarios, es un ejemplo de modulaciones sorprendentes que desafían todas las reglas: la exposición de este movimiento está en re menor y termina en la remota tonalidad de fa sostenido mayor. El Ejemplo práctico n.º 7, Capriccio (Allegro assai), sigue estrictamente el patrón de la forma sonata-allegro, pero aún así, prevalece el espíritu de improvisación.

En otra ocasión abordaré las dos obras que también aparecen en el primer CD de Ivan Ilic dedicado a Reicha: la Gran Sonata en do mayor y la Sonata en fa mayor con variaciones sobre un tema de Mozart. Hasta entonces, confío en que estas palabras sirvan para despertar el interés en aquellas personas que aún no conocen la obra de Reicha.

Michael Thallium

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