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Un café con Lorena Valero

A coffee with LorenaEste es el vídeo editado del “café virtual” que me tomé el 7 de agosto de 2020 con la soprano española Lorena Valero. Esta entrevista pertenece a la serie Un café con… que se retransmitió en mi muro de Facebook y simultáneamente en el de Music Without Quarantine (Música sin cuarentena). Aquellos meses fueron los de la denominada “desescalada” del confinamiento por la COVID-19. Durante nuestro “café virtual” abordamos distintos temas: sus primeros años de formación y posterior estudio en el extranjero, sus comienzos en el mundo de la ópera y la zarzuela y también su labor pedagógica como profesora de canto en el Centro Superior de Música de Galicia.

Guardo un muy buen recuerdo de este café, porque Lorena Valero se mostró muy natural, muy familiar y, sobre todo, muy sincera. Lorena nació en Valencia y proviene de una familia en la que la música siempre estuvo presente desde que era pequeña. Sus padres, aunque no eran músicos profesionales, la apoyaron a ella y a sus hermanos en los estudios musicales. Lorena está casada con el director de orquesta Cristóbal Soler, con quien ha colaborado en el mundo de la zarzuela y desarrollado numerosos cursos de enseñanza musical… Pero lo mejor es ver y escuchar lo que ella misma dice:

Un café con Lorena Valero

Aquí la lista de los 14 vídeos previos de la serie “Un café con…”:

1. Un café con Marco Antonio García de Paz
2. Un café con Arturo Reverter
3. Un café con Iñaki Alberdi
4. A coffee with Robert Hugill
5. A coffee with Joel Frederiksen
6. Un café con Cristóbal Soler
7. Un café con Andreea Butucariu
8. A coffee with Bruce Dickey
9. A coffee with Mei-Ann Chen
10. A coffee with Hugo Sanches
11. A coffee with Jennifer Higdon
12. Un café con Katarina Gurska
13. Un café con Miguel Ángel Marín
14. A coffee with Marc Lewon

Mi intención con estos cafés es que las personas conozcan un poco mejor y de un modo más cercano a los invitados.

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Grandes libros y escritores que recomiendo IV

Quienes me siguen en redes sociales como Facebook, Twitter o LinkedIn, han podido ver mis publicaciones fotográficas con una sencilla frase, «Grandes libros y escritores que recomiendo», y seguidamente el título del libro y el nombre del escritor. Con estas fotograias, pretendo que mi palabra baste para que a quien lea la recomendación le pique la curiosidad y salga en busca del libro fotografiado. Son libros que he leído que considero de lectura muy recomendada (léase imprescindible) por su valor literario, artístico o filosófico. Esta es la cuarta vez que publico este tipo  (véase Grandes libros y escritores que recomiendo III y III). Como es habitual, no incluyo en esta lista los libros que ya haya mencionado expresamente en algún anterior artículo de este blog (los últimos son: Textos de Nicolas Gómez Dávila, Totalidad sexual del cosmos y Tanta gente sola de Juan Bonilla, El mundo visto a los ochenta años de Santiago Ramón y Cajal y Madrid de Andrés Trapiello).  Aunque se diga que una imagen vale más que mil palabras, las imágenes que a continuación vienen jamás sustituirán el goce de la lectura de las muchas más de mil palabras de cada uno de esos libros que humildemente recomiendo:

El infortunio del señor Seniergues (novela), de Miguel d’Ors

Miguel d'Ors - El infortunio del señor Seniergues

Tercer acto (memorias), de Félix de Azúa

Azua - Tercer acto

Una manada de ñus (relato) de Juan BonillaBonilla - Manada ñus

Días y noches (novela), de Andrés Trapiello

Trapielllo - Días Noches

Desde la quilla (memorias), de Silverio Lanza

Silverio Lanza - Desde la quilla

Antología esencial (cuentos) de Silvina Ocampo

Silvina Ocampo - Antología

Ganarse la vida (relato biográfico), de David Prueba

David Trueba - Ganarse la vida

Comedia (poesía), de Dante Alighieri (traducción de Ángel Crespo)

Dante - Comedia

Sumisión (novela), de Michel Houellebecq

Michel Houellebebcq - Sumisión

Butes (ensayo), de Pascal Quignard

Quignard - Butes

Antología (cuentos), de Juan Ramón Ribeyro

Ribeyro - Antología

La bolchevique enamorada (relatos), de Manuel Chaves Nogales

Chaves Nogales - Bolchevique

Madrid (ensayo), de José Gutiérrez Solana

Solana - Madrid

¡Buen provecho y buena lectura!

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(English) A Coffee With Marc Lewon

Disculpa, pero esta entrada está disponible sólo en English.

Un café con Miguel Ángel Marín

marin2Este es el vídeo editado del “café virtual” que me tomé con Miguel Ángel Marín, profesor de la Universidad de la Rioja, donde imparte un máster en musicología, y director de la programación musical de la Fundación Juan March.

Esta entrevista pertenece a la serie Un café con… y tuvo lugar el miércoles 22 de julio de 2020 en el canal de Facebook de Music Without Quarantine (Música sin cuarentena). Aquellos meses eran de los de la denominada “desescalada” del confinamiento por la COVID-19. Tuvimos algunos problemas de conexión que hicieron que tuviéramos que retomar la entrevista en un par de ocasiones.

Durante nuestro “café virtual” abordamos distintos temas: su formación y años de estudio en distintos lugares (Úbeda, Jaén, Tánger, Madrid, Salamanca, Zaragoza, Londres…), su labor como profesor universitario, su labor como investigador en el campo de la musicología y de su papel como gestor cultural y programador en los ciclos de conciertos que todos los años organiza la Fundación Juan March.

Aquí la lista de los 12 anteriores cafés de la serie “Un café con…”
1. Un café con Marco Antonio García de Paz
2. Un café con Arturo Reverter
3. Un café con Iñaki Alberdi
4. Un café con Robert Hugill (en inglés)
5. Un café con Joel Frederiksen (en inglés)
6. Un café con Cristóbal Soler
7. Un café con Andreea Butucariu
8. Un café con Bruce Dickey (en inglés)
9. Un café con Mei-Ann Chen (en inglés)
10. Un café con Hugo Sanches (en inglés)
11. A coffee with Jennifer Higdon (en inglés)
12. Un café con Katarina Gurska

Mi intención con estos “cafés virtuales” es que la gente conozca un poco más a la persona con quien comparto estas conversaciones de café.

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La prisión de Ethel Smyth

The prison Ethel SmythEl 19 de febrero de 1931 podría haber sido un día como otro cualquiera y, de hecho, lo fue menos para quienes lo vivieron como excepcional. Un día antes, en España, el almirante Juan Bautista Aznar-Cabañas acababa de formar un nuevo Gobierno por encargo del rey Alfonso XIII. El almirante Aznar fue el último presidente del Consejo de Ministros antes de la instauración, apenas dos meses más tarde, de la II República tras unas elecciones municipales que hicieron las veces de plebiscito. El número de obreros parados por aquellas fechas era de unos 150.000 —ya lo quisieran para sí muchos políticos españoles y del mundo del siglo XXI. Sin embargo, aquel 19 de febrero fue un día excepcional para una mujer que se encontraba en Escocia, a miles de kilómetros de la capital española. Ethel Smyth —pronunciado ‘Ezel Smaiz’dirigía ella misma el estreno mundial de su obra La prisión en el Usher Hall de Edimburgo. Ethel la había estado componiendo entre 1929 y 1930. Tenía 72 años cuando la terminó. Aquellos años fueron de crisis mundial. Muchos años antes, casi cincuenta, en la década de los años 80 del siglo XIX, Ethel había hecho amistad con un escritor a quien conoció en Florencia. Henry Bennet (Harry) Brewster era angloamericano, aunque había nacido en París en 1850. Era uno de los descendientes del predicador anglicano William Brewster uno de los colonizadores que viajaron en el barco Mayflower rumbo a América en 1620. Harry introdujo a Ethel en el estudio de Sócrates, Platón y de los dramaturgos clásicos de la Grecia Antigua. Autodidacta, adinerado, pero nada pretencioso, Harry vivía, en muchos sentidos, apartado del mundo moderno. Su verdadera pasión intelectual eran la metafísica, la filosofía, las religiones orientales y la literatura francesa de la época. Harry y Ethel eran de temperamento y personalidades muy opuestos, pero disfrutaban acompañándose el uno al otro. Ethel era lesbiana y Henry fue uno de los pilares de su vida. Aunque no era dramaturgo, ayudó a Ethel en la elaboración de los libretos de sus tres primeras óperas. Fueron amigos hasta la muerte de Harry en 1908.

En 1891, H.B. Brewster publicó The Prison: A Dialogue, un diálogo platónico entre cuatro amigos que se reúnen para leer un texto recientemente descubierto y que, supuestamente, ha escrito un prisionero en la víspera de su ejecución. Para comentar los problemas filosóficos que encuentran en el texto, cada lector pone voz a un método filosófico distinto: supranaturalista, neoplatónico, cristiano y positivista respectivamente.

Cuatro años después de la muerte de su amigo, en 1912, Ethel había sido detenida durante la campaña de las sufragistas, como socia del Sindicato Social y Político de Mujeres la Sra. Pankhurst. La juzgaron y la sentenciaron a dos meses en prisión en la cárcel de Holloway por haber cometido el delito de lanzar piedras a la casa del Secretario Colonial habiendo roto una de las ventanas. En la cárcel pasó sólo tres semanas, suficientes para organizar un coro de compañeras sufragistas, también prisioneras, quienes cantaron su Marcha de las mujeres en el patio de la prisión mientras Ethel las dirigía moviendo un cepillo de dientes a modo de batuta entre los barrotes de su celda.

Durante la Primera Guerra Mundial, Ethel empezó a notar los primeros síntomas de una incipiente sordera y de una audición distorsionada que cada vez más le dificultaban dirigir sus propias obras o mantener conversaciones. Durante esos años, también perdió muchos contactos profesionales y oportunidades de interpretar sus obras. Tras la guerra, en 1919, con el coraje típico de quien afronta con valentía los desafíos vitales, Ethel decidió «afinar su segunda cuerda» y comenzó a escribir libros —diez en total— de memorias, viajes y retratos biográficos. Los libros se convirtieron en su nuevo propósito de vida: le traían ingresos, nuevos amigos… Entre esos nuevos amigos se encontraba Virginia Woolf, a quien conoció en 1930. Surgió un nuevo público que sabía valorarla como escritora, incluso en América del Norte. Creía que su carrera como compositora estaba condenada al silencio, un silencio que cada vez se hacía más evidente y lo llenaba todo…

Ethel Smyth Salzburg

En 1925, Ethel se embarcó en una agotadora gira de seis semanas por Grecia. En aquellos días, todavía le embargaba un sentimiento de pérdida; la muerte le daba pavor. En la preparación de ese «viaje a la antigüedad», Ethel estudió las traducciones al inglés de los Himnos homéricos, Hesíodo, Fedro, Hipólito… Fue entonces cuando releyó el libro que su querido y difunto amigo Harry había publicado en 1891, The Prison: A Dialogue. Cinco años más tarde, en 1930, la obra se reimprimió con una memoria de HB Brewster escrita por Ethel.

La relectura del libro la llevó a componer, ya sorda, la que fue su última gran obra, La prisión, una sinfonía para voces e instrumentos. Para su sinfonía, Smyth eliminó los comentarios del libro de Harry, aunque retuvo el concepto del diálogo derivado de las propias palabras del Prisionero. El Prisionero (bajo-barítono), confinado solitariamente y sufriendo un tormento interior, a pesar de ser inocente, conversa con su Alma (soprano) acerca del inminente final de la vida y de cómo prepararse mejor para afrontarlo. Por medio de la contemplación y de la conducta ética, el Prisionero aspira a separar el yo del ego para liberar la mente, el cuerpo y el alma prisioneros de las cadenas del deseo. De ese modo obtendrá la liberación espiritual.

La partitura de La Prisión está encabezada por las que se suponen que fueron las últimas palabras de Plotino, el antiguo filósofo griego al que Harry tanto admiraba:

Estoy esforzándome por hacer elevar lo que de divino hay en nosotros a lo que hay de divino en el universo.

Sin embargo, en una nota al programa del estreno de La prisión, Ethel escribió que utilizaba el título de ‘sinfonía’ en minúscula, porque denotaba más una antigua idea griega de ‘concordancia’ de sonidos dulces y no tanto  el género orquestal de la sinfonía. No es ni sinfonía coral ni sacra. En muchos sentidos, esta obra es un recuerdo del pasado, del pasado de Ethel Smyth, muy simbólico e íntimo. Aparecen fragmentos de obras anteriores: una coral alemana a cuatro voces Schwing dich auf zu deinem Gott, que compuso en Florencia cuando conoció a Harry y a quien se la dedicó. Ahora se convierte en el Preludio coral en la capilla de la prisión, entre las Partes I y II de la sinfonía.

Ethel ya solo podía escuchar los sonidos de la naturaleza en su imaginación. En la Parte I, titulada Cercano a la libertad, aparecen el ‘piar de las golondrinas’ y el ‘canto del tordo’.

En la Parte II, Liberación espiritual, Ethel utiliza unas melodías modales de la antigua Grecia que había anotado cuando estuvo en el museo de Esmirna durante su viaje por aquellas tierras. Ethel utiliza la melodía del Epitafio de Sícilo para producir un maravilloso efecto arcaizante mientras el coro canta la indestructibilidad de las pasiones humanas.

Hacia el final de la partitura, Ethel inserta la melodía militar de The Last Post, un emblema de las ceremonias funerales. Para Ethel, hija de un general y criada al lado de una base militar, esta melodía tenía mucho sentido. La muerte de Harry aún la perseguía. No en vano, en el postludio, el Prisionero pronuncia las palabras de Harry:

…¡que haya banderas y música! Esto no es una despedida…
 Soy la alegría y el pesar –…la risa y el orgullo–
El amor, el silencio y la canción.

Aquel 19 de febrero de 1931, cuando Ethel Smyth tomó la batuta, venció todas las adversidades y dirigió La Prisión: se liberó. Cinco días más tarde, Adrian Boult dirigió el estreno londinense en el Queen’s Hall. Ethel viviría trece años más; falleció en 1944 a los 86 años. Quienes quieran escuchar una espléndida interpretación de esta obra, que presten oídos a la magnífica grabación que han hecho en 2020 —el año de la pandemia y del confinamiento— James Blachly al frente de la Orquesta y Coro «Experiential» junto con la soprano Sarah Brailey y el bajo-barítono Dashon Burton.

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Paco o la indefensión aprendida

Paco está vivo. Llegué a darle por muerto. Hacía más de un año que no nos habíamos vuelto a cruzar. Desde que lo conocí —y de esto hace ya casi doce años—, Paco siempre había sido el «señor mayor» del gimnasio que no falta ni un solo día. Ayer volví a verlo. Por mi pereza a ir al gimnasio desde antes del confinamiento del 14 de marzo de 2020 en que cerraron el gimnasio y luego por una mezcla de pandemia y pereza en partes iguales —bueno no, iguales no, que en mí vence la pereza— por la pandemia, el caso es que no lo había vuelto a ver. Y es verdad que en más de una ocasión durante todos estos meses me he preguntado: ¿qué habrá sido de Paco? Me alegró volverlo a ver ayer. Estaba yo preparándome para ducharme en el vestuario y, de repente, oigo una voz que me saluda. Miro, y ahí estaba él vestido, con una gorra y una mascarilla: ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?. Más de un año. Paco tendrá ahora 85 u 86 años. Desde que lo conozco, no perdía ni un solo día de ir al gimnasio. Tiene uno de esos raros privilegios de algunas personas mayores: buena salud. La palabra anciano a él no le pega, porque no aparenta la edad que tiene. No hemos sido amigos, sino conocidos de gimnasio. La corta conversación que mantuve con él ayer en el vestuario del gimnasio resume estos doce últimos años y los más de los últimos doce meses en particular. ¿Qué haces por aquí?, le pregunto. He venido a dar una vuelta, que hacía mucho tiempo que no venía, responde. No te creas, yo también llevaba mucho tiempo sin venir; lo he retomado hace dos semanas, digo. Lástima, oye, con lo bien que te quedaste, que te quitaste la barriga y ahora otra vez… Paco es uno de los pocos testigos de que sí, de que en algún momento durante estos años desde que nos conocemos logré deshacerme del barrigón que ahora tengo. La comida y la desmotivación lo han hecho volver a aparecer. ¿Ya no vienes al gimnasio? No, desde que empezó esto de la pandemia, no he vuelto. Me han quitado el gimnasio y me han quitado la vida, dice Paco un poco tristón. Hasta que no se normalice la situación o se generalice la vacuna, no volveré. Tengo miedo…

Paco se aferra a la vida. Quiere vivir, pero vive con miedo a morirse. Supongo que habrá muchas más personas a quienes les ocurra lo mismo. La mayor parte del año 2020 y el comienzo del 2021 han sido los meses para la creación de dos grandes laboratorios mundiales: uno científico para conseguir una vacuna contra reloj y otro social para hacer que muchos millones de personas aprendan a estar indefensos a toda prisa. El primero de los laboratorios, el científico, es bastante cuantificable; el segundo, mucho menos cuantificable, es más interesante: haz sentir indefenso a alguien y lo controlarás casi todo. Quienes atinen a estudiar este fenómeno, descubrirán dentro de algunos años —no muchos— quién controló, quién fue «el salvador». Suele decirse que hay dos cosas que mueven el mundo: el amor y el miedo. Me alegró volver a ver al «señor mayor» del gimnasio. No sé cuándo ni si volveré a verlo. Paco ha dejado de hacer algo que hacía todos los días. Paco tiene miedo.

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Torelli, vida larga, arte feliz

Felice Torelli-Sacrificio de IfigeniaLlevar por nombre el calificativo de la felicidad y vivir más de 80 años en los siglos XVII y XVIII, ¿son prueba de que Felice vivió una vida feliz? No lo sabremos. Solo sabemos que su nombre era feliz. Vivió casi 40 años más que su hermano mayor, que murió con poco más de medio siglo. Giuseppe, el hermano muerto en 1709, fue músico; él, pintor. Los dos hermanos nacieron en Verona, en la región del Véneto, y ambos partieron a la capital de Emilia-Romaña entre 1684 y 1686 para desarrollar sus carreras artísticas. Ambos murieron en Bolonia, pero con una diferencia de casi 40 años. Giuseppe Torelli, violinista y compositor, desarrolló el concerto grosso consolidando los tres movimientos típicos del concierto moderno: rápido-lento-rápido. Llegó a servir como primer violín en la corte del margrave de Brandeburgo-Ansbach, Jorge Federico II. La mayoría de sus manuscritos se conservan en la basílica boloñesa de San Petronio. Murió con algo más de 50 años. Felice tuvo una larga vida de casi 81 años, de los cuales 47 los vivió con su mujer, la pintora Lucia Casalini, con quien se casó en 1701. Ambos fueron padres de Stefano Torelli, pintor más internacional que sus progenitores. Felice y Lucia abrieron su propio taller de pintura al poco de casarse. Felice fue uno de los fundadores de la Accademia Clementina de Bolonia. El Sacrificio de Ifigenia fue uno de los cuadros que pintó Felice, esa Ifigenia a quien dos siglos más tarde el gran escritor mexicano Alfonso Reyes dedicaría su gran poema: Ifigenia cruel. Lucia Casalini se distinguió como retratista de la nobleza boloñesa, aunque la mayoría de sus obras se han perdido. ¿Fueron felices? No lo sabemos, pero tanto Lucía como Felice vivieron muchos años: casi 85 años ella y casi 81 él. Ars longa, vita brevis, dijo Hipócrates. Vida larga, arte feliz, digo yo.

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Bach-Busoni: Bravo por Chiyan Wong

Chiyan Wong / Bach-Busoni

Chiyan Wong / Bach-Busoni

56 minutos de música maravillosa para piano. Esta grabación que aparece en el sello británico LINN Records bien merece una reseña. El plato principal del CD son las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach (1685-1750) en la versión que de ellas hizo en 1914 el compositor y pianista italiano Ferruccio Busoni (1866-1924). Busoni concentró las variaciones originales de Bach, escritas para clave de dos manuales, en tres secciones. La primera sección consta del conocidísimo tema del Aria y las variaciones 1, 2, 4, 5, 6, 7, 8, 10, 11 y 13 (se omiten la 3, 9 y 12) ; la segunda, de las variaciones 14, 15, 19, 20, 22, 23 y 25 (se omiten la 16, 18, 21 y 24); la tercera y última sección la conforman las variaciones 26 y 28 seguidas de un Allegro finale, Quodlibet e Ripresa que consta de las dos últimas variaciones (29 y 30) y de la recapitulación del Aria. El pianista honkongnés Chiyan Wong opta por el aria original del Bach sin ornamentación, aunque añade algunos «comentarios» contrapuntísticos al final. Con esta reducción, Busoni pretendió hacer una versión de concierto más corta que la original. Busoni, sin embargo, no se limitó solo a transcribir; las cuatro últimas variaciones son de su propia cosecha. Un total de 32 minutos de música bellísima que se hacen cortísimos. Las variaciones originales con repeticiones duran entre 70 y 80 minutos. En el siglo XXI, en el que todo parece ir a un ritmo vertiginoso, deprisa y sin pausa, las variaciones de Busoni son un bálsamo para los oídos y no desmerecen en nada a las originales. En realidad, es como si se tratase de otra obra. La interpretación del hongkonés Chiyan Wong es espléndida. Las melodías están muy bien articuladas con un stacato que simula el ataque del clave en un piano moderno.

A esta obra la acompañan otras tres de menor dimensión: la Inversión de la variación 15 compuesta por el propio Wong, y otras dos compuestas por Busoni: la Sonatina n.º 4, «In diem nativitatis Christi MCMXVII», BV 274 y la Chacona de la Partita n.º 2 originalmente escrita por Bach para violín. Busoni escribió la Sonatina n.º 4 en diciembre de 1917 durante su exilio en Zurich. Es una obra íntima en un solo movimiento que consta de cuatro secciones y que refleja el deseo de Busoni por reconquistar la serenidad. La versión de Busoni es ya un clásico en su género y la interpretación de Chiyan Wong es magnífica. Para quienes quieran escuchar una estupenda versión de la Chacona original para violín, les recomiendo la grabación del violinista Mikhail Pochekin en el sello Solo Musica.

Lo dijimos al principio, 56 minutos de música maravillosa que no defraudarán a nadie. ¡Bravo por Chiyan Wong!

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Xana o la gran mentira

Estoy del patriarcado, de la cultura LGTBIQ+ y de las feministas hasta el mismísimo coño. Que diga yo esto, que nunca he sido mal hablada, puede ser muestra, en partes iguales, de mi hartazgo y perplejidad frente a lo que ocurre delante mis narices ahora y desde hace algún tiempo. Tengo 48 años. Soy mujer. Soltera. Blanca. Heterosexual. Sin hijos. Vivo con mi madre, ya mayor y un tanto desmemoriada. Mi padre falleció hace 10 años. Su muerte fue un trago amargo y su agonía una pena insufrible. Tengo un hermano 10 años menor que yo. Así que si mi padre hubiese muerto cuando yo tenía 10 años, sería hija única. Pero eso yo no lo hubiese querido: ni que mi padre hubiera muerto cuando yo tenía 10 años ni ser hija única. A mi hermano lo adoro, aunque no nos vemos mucho. Vive a casi 20.000 km de distancia, en el hemisferio sur. Yo soy española. Mi hermano también, pero vive en Nueva Zelanda desde hace 10 años. Allí se fue con su novia letona, que ahora es su mujer y mi cuñada. Tengo una sobrina de 5 años, a quien solo he visto tres veces: el día de su nacimiento, cuando cumplió tres años y hace un mes cuando cumplió cinco. Para su nacimiento fui yo quien viajó a Nueva Zelanda. Para su tercer cumpleaños fue mi hermano quien vino a España. Hace un mes fui a Bali, allí celebramos los cinco años de Valda, mi sobrina. El nombre es letón, aunque proviene del alemán. Significa ‘energía’, al parecer. Mi hermano y mi cuñada son así. Originales.

Nunca me he casado. Me hubiera gustado, sí. No puedo decir que no haya tenido suerte en el amor, pero tampoco puedo decir que la fortuna me haya acompañado. Estuve enamorada. Ha habido muchos hombres en mi vida, pero solo uno al que verdaderamente amé. Murió hace 15 años en un accidente. Su muerte y la de mi padre cinco años más tarde me dejaron muy tocada. La primera por su imprevisible y repentino advenimiento y la segunda por su largo y previsible final. Fueron dos hombres a los que amé y me amaron. Aún me cuesta pronunciar su nombre. Me refiero al nombre de Teo. Fuimos pareja durante cinco años, los más felices de mi vida. Incluso ahora que acabo de escribir su nombre, no puedo dejar de emocionarme después de tantos años. Con Teo hubiera sido madre. Lo estuvimos hablando y estábamos decididos, pero ocurrió aquello y el mundo se me vino encima. Ni siquiera pude despedirme de él. Cuando desperté por la mañana, una llamada al móvil hizo de aquel día el día más triste de mi vida. Más que cuando murió mi padre. Teo me lo dio todo. Yo tenía 33 años, él 31 y toda una vida por delante. Cuando lo recuerdo, se me encoge el corazón. Teo era un hombre bondadoso, muy inteligente, alegre, siempre de buen humor. No he vuelto ha encontrar un hombre tan atractivo como él, tan sincero, tan entusiasta. La última vez que lo vi, no lo vi, porque estaba medio dormida en la cama. Sentí que se levantaba como todos los días para ir a trabajar. Y como todos los días, antes de abandonar el dormitorio, me dio un beso y me pasó la mano por la cabeza. Esa madrugada me susurró «Te quiero, Xani». Yo me hice la remolona, aunque el susurro de su voz penetró en mi cerebro. Creo que respondí con un medio gemido de aprobación y quejido. Siempre he sido muy dormilona. Si hubiera sabido lo que iba a ocurrir en las tres siguientes horas, no le hubiera dejado marchar, lo hubiera abrazado cuando me dijo que me quería y nos hubiéramos hecho el amor como tantas noches en las que nuestros cuerpos, nuestros cerebros, nuestra piel se volvían uno. Estábamos muy enamorados. Si un cura me hubiera preguntado “Xana, ¿tomas por esposo a Teodoro?», yo hubiera respondido con un rotundo «Sí, quiero». Ese hombre se había entregado a mí, y yo me entregué a él con amor, pasión, afecto y una grandísima admiración. Tres horas más tarde, cuando sonó el móvil y me dieron la noticia, me quedé muda y con las palabras también se fue la alegría. Me sumí en una profunda tristeza, en una depresión de la que me costó dos años salir. Todos mis sueños, nuestros sueños, se esfumaron como una voluta al viento. Luego vino la enfermedad de mi padre. Tres años de angustia. Mi padre era fuerte, muy entusiasta. Un asturiano de raza, como en más de una ocasión le habían definido muchas personas. Fue él quien eligió mi nombre, Xana. Supongo que la originalidad de mi hermano proviene de mi padre. ¡Cuánto hubiera disfrutado con Valda! Me quedé huérfana de padre con 38 años, pero a los 33 ya me había quedado huérfana de amor. Teo fue el amor de mi vida. Sus ojos verdes y esa voz tan bonita que tenía… Durante aquellos dos años de depresión, pensé en quitarme la vida, pero fue una frase que siempre repetía Teo la que me lo impidió: «La vida es un valor. Vivir es optar por la vida». A Teo le encantaba leer, y esa era una frase que había subrayado en un libro de un escritor y filósofo colombiano. Yo opté por la vida. Por respeto a Teo y con la ayuda de mis padres y de Zábor, mi hermano. Sí, a mi padre le encantaban las últimas letras del abecedario. A mí me puso Xana y a mi hermano Zabornín, aunque siempre lo hemos llamado Zábor.

He decidido escribir mi historia, no la de mi vida, sino la que vivo en estos días de comienzos de 2021. ¿Cómo hubiera actuado Teo ante esta situación? Con una sonrisa, seguro. He conocido a más hombres después de Teo. Caí en una especie de escalera de caracol que me hizo descender al fuego que quema y del que yo era la llama viva. Muchos hombres terminaron abrasados. Mi llama sigue encendida a pesar del climaterio que anticipa una próxima menopausia. El último abrasado ha sido Lucas. ¡Somos tan distintos! No quise quemarlo, pero él propició que las brasas de nuestra pasión lo consumieran. Yo no he sido indiferente, pero el fuego a mí ya no me quema. Lucas, diez años más joven que yo, se recuperará. Lo sé. ¿Hubo pasión? Sí, mucha. ¿Hubo amor? No por mi parte. Sentía afecto, pero ni he podido ni he querido amarlo. Siempre he sido sincera: «Lucas, tú te abrasas en un fuego del que yo soy la gasolina y el extintor; puedo apagarlo cuando quiera, y lo haré». Lo hice. Él se abrasó.

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De escolios y textos

Nicolás Gómez Dávila (1913-1994)

Nicolás Gómez Dávila (1913-1994)

Un ‘escolio’ es una nota que se pone a un texto para explicarlo. Aprendí su significado de un colombiano muerto a finales del siglo XX, quien fue maestro del escolio a un texto implícito. Sin embargo, de él no supe hasta bien entrados dos decenios en el siglo XXI. Me refiero a Nicolás Gómez Dávila, el reaccionario auténtico. Quienes quieran disfrutar de su prosa, rica, intensa y concentrada, que lean Textos; quienes quieran disfrutar de sus Escolios a un texto implícito, que se hagan con un ejemplar de su obra magna si pueden (que actualmente, a comienzos de 2021, no es nada fácil). El escritor y filósofo colombiano es de lo más elocuente. No necesita escolio ni comentario:

«La vida es un valor. Vivir es optar por la vida.»

«La frase debe tener la dureza de la piedra y el temblor de la rama.»

«Mantengamos la confusión verbal entre estética y ética. Que feo signifique siempre algo malo y malo algo feo»

«Revolución es el periodo durante el cual se estila llamar ‘idealistas’ los actos que castiga todo código penal.»

«Periodistas y políticos no saben distinguir entre el desarrollo de una idea y la expansión de una frase.»

«La importancia de un acontecimiento es inversamente proporcional al espacio que le dedican los periódicos.»

«Los medios actuales de comunicación le permiten al ciudadano moderno enterarse de todo sin entender nada.»

«En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora.»

«¿La tragedia de la izquierda? –Diagnosticar la enfermedad correctamente, pero agravarla con su terapéutica.»

«La estadística es la herramienta del que renuncia a comprender para poder manipular.»

¡Buen provecho!

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